Apple celebra medio siglo de productos icónicos
Apple, 50 años pensando diferente entre dudas por la IA y su futura apuesta plegable
Apple celebra medio siglo de productos icónicos entre Jobs y Cook mientras encara la mayor encrucijada de su historia con dudas sobre su estrategia de inteligencia artificial, el retorno industrial a EE.UU. y el esperado debut del iPhone plegable
Apple nació el 1 de abril de 1976 en un garaje de California, fruto de la alianza entre Steve Jobs, Steve Wozniak y Ronald Wayne, como una pequeña firma de ordenadores personales. En aquel ecosistema dominado por IBM y otros grandes fabricantes como Xerox, el Apple II fue el primer aviso de que la compañía aspiraba a llevar la informática al salón de casa, con máquinas pensadas para personas y no para empresas. La auténtica revolución llegaría en 1984 con el Macintosh, que popularizó la interfaz gráfica y el ratón, y puso el diseño y la experiencia de usuario en el centro de la computación doméstica. Esa obsesión por el producto se convirtió en seña de identidad con el regreso de Jobs en los noventa, cuando la firma estaba al borde del colapso.
Después de aquello, Apple se hizo a sí misma con una sucesión de dispositivos que hicieron casi irreconocible la vida antes del siglo XXI. El iMac colorido rescató la marca, el iPod cambió la música y el iPhone, en 2007, convirtió el teléfono en un ordenador de bolsillo que alteró la economía digital, la comunicación y hasta la política. Después llegarían el iPad, el Apple Watch y, ya en esta década, la apuesta por la computación espacial con Vision Pro, que intenta anticipar el siguiente interface tras la pantalla táctil.
Descripción del primer Macintosh
Jobs, Cook y la cultura del control
El relato de Apple es inseparable de sus directivos. Steve Jobs construyó una cultura obsesionada con la integración vertical (hardware, software y servicios bajo el mismo techo) y con un marketing casi religioso en torno a la marca. A su lado, figuras como el ingeniero Steve Wozniak, el ejecutivo de operaciones Tim Cook o el diseñador Jony Ive ayudaron a convertir esa visión en productos específicos que combinaban ingeniería y estética por encima de cualquier otro.
Steve Jobs y Steve Wozniak se hicieron millonarios con Apple II en menos de un año
Tras la muerte de Jobs en 2011, Tim Cook tomó el relevo con un estilo mucho más pragmático y de gestión, pero con resultados incontestables en bolsa, en el negocio de servicios y en la expansión geográfica de Apple. Bajo su mandato, la compañía ha reforzado su discurso de privacidad, ha diversificado su catálogo y ha iniciado una tímida apertura a colaboraciones externas como Google, algo impensable en los años más dogmáticos de Jobs. Hoy, en el 50 aniversario, Cook ha reivindicado el lema de «pensar diferente» como hilo conductor de estas cinco décadas, al tiempo que adelanta nuevas etapas que, como siempre, no detalla, pero que todo el sector asocia con la IA y el hardware plegable.
La deuda pendiente de Apple con la IA
El gran aniversario coincide con un momento incómodo en la compañía. Apple ha pasado de marcar el paso a no acertar en la carrera de la inteligencia artificial generativa. Mientras competidores como Google, Microsoft u OpenAI han apostado por modelos en la nube y despliegues de vértigo, la estrategia de Cupertino ha sido mucho más contenida, centrada en IA en el dispositivo y mejoras en cámara, teclado o recomendaciones que no han mejorado la experiencia de usuario por la que tanto han apostado en estos 50 años.
Bill Atkinson y Steve Jobs
Esa prudencia tiene un coste reputacional. Inversores y analistas han cuestionado la falta de un relato claro de IA, al calor de retrasos en el relanzamiento de Siri y de la necesidad de buscar alianzas con terceros como Gemini para integrar modelos avanzados en sus productos. A la vez, algunos informes sostienen que esta cautela podría convertirse en virtud si el actual bum de la IA resulta ser una burbuja y Apple logra ofrecer funciones coherentes, privadas y bien integradas en 2026, cuando promete un salto cualitativo en sus sistemas. Pero la pregunta es si los usuarios estarán dispuestos a esperar tanto en un mercado que se mueve a toda velocidad.
Fabricar otra vez en Estados Unidos
Otro de los giros de esta etapa es industrial. La misma Apple que convirtió China en el epicentro de la cadena de montaje global busca ahora repatriar parte de la producción a Estados Unidos y diversificar hacia India o Vietnam para reducir riesgos geopolíticos. La compañía ha anunciado la ampliación de su programa de fabricación americana con nuevos socios y plantas, en línea con los incentivos públicos de Trump y la pugna tecnológica con Pekín.
Más allá del impacto económico, el movimiento tiene una lectura política y de imagen. En su 50 aniversario, Apple quiere presentarse como motor de empleo cualificado en su país de origen y como actor responsable en una cadena de suministro cada vez más escrutada por cuestiones laborales y ambientales. La gran incógnita es si podrá mantener sus márgenes y su capacidad de producción en un entorno de costes más altos y con tensiones sobre la seguridad de los datos y de los chips avanzados.
Tim Cook escucha a Donald Trump en el Despacho Oval antes de presentar el programa de inversión de Apple en Estados Unidos
El iPhone plegable
En paralelo a la IA y a la fabricación, el producto que concentra más rumores en este año del 50 aniversario es el iPhone plegable. Informes de analistas y filtraciones de la cadena de suministro coinciden en que Apple trabaja en un modelo que llegaría en la segunda mitad de 2026, probablemente integrado en la futura gama iPhone 18. Se trataría de un dispositivo de gama muy alta, pensado para competir con los plegables de Samsung o Motorola, y que podría adoptar tanto formato libro como tipo flip, según los prototipos que estaría probando la compañía.
Si se confirma, el iPhone plegable será algo más que una curiosidad tecnológica
Si se confirma, el iPhone plegable será algo más que una apuesta, porque Apple no hace apuestas al uso. Para Apple, supondría estrenar por primera vez en años una categoría de hardware realmente distinta dentro de la familia iPhone, poner a prueba nuevas interfaces y justificar precios aún más elevados en un mercado de smartphones saturado. También será el examen definitivo de su ecosistema de apps y de su capacidad para convencer al usuario de que hay una razón práctica, y no solo estética, para doblar la pantalla.
A cincuenta años de aquel garaje californiano, Apple se asoma a una nueva década obligada a demostrar que sigue sabiendo «pensar diferente» cuando la competencia más feroz está en el software invisible de la IA y en dispositivos que se doblan sin romperse.