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Apple ha elegido Texas para fabricar el Mac mini

Apple ha elegido Texas para fabricar el Mac miniImagen generada con ayuda de la IA

Del ‘Made in China’ al ‘Made in Texas’: el sobremesa de Apple se convierte en una herramienta diplomática

Apple ha elegido Houston, en Texas, para fabricar por primera vez el Mac mini en suelo estadounidense. Detrás del anuncio hay política, aranceles, geopolítica y una jugada calculada para reforzar su imagen «Made in USA» sin renunciar a las fábricas asiáticas

Cuando Apple anunció que empezará a fabricar el Mac mini en Houston, Texas, muchos lo interpretaron como un giro histórico ya que el icono de sobremesa compacto abandonaba en parte Asia para estrenar línea de montaje en Estados Unidos. Sin embargo, más que una ruptura total con su modelo productivo, el movimiento es una operación quirúrgica que combina intereses políticos, ventajas fiscales y una estrategia industrial de bajo riesgo.

La elección de Texas no es casual. El nuevo Mac mini saldrá de una instalación de unos 20.000 metros cuadrados en el norte de Houston, un antiguo almacén de Foxconn reconvertido en planta de ensamblaje que duplicará la superficie del campus industrial de Apple en la zona. Allí ya se fabrican desde 2025 servidores avanzados de inteligencia artificial para los centros de datos de la compañía, por lo que parte de la infraestructura, los proveedores y la mano de obra cualificada ya están en marcha. En lugar de levantar una fábrica desde cero en otro estado, Apple se apoya en un ecosistema que conoce y que reduce tiempos, costes y riesgos.

Mac mini

Mac mini

A esa realidad productiva se suma el atractivo regulatorio de Texas. El estado se ha convertido en polo de acogida para grandes tecnológicas que han huido de la presión fiscal y normativa de California, desde Tesla y Oracle hasta Hewlett-Packard. Impuestos empresariales más bajos, suelo industrial abundante y una administración local favorable a la industria han hecho del llamado Silicon Hills texano un destino natural para inversiones de este tipo. Apple, que ya había anunciado un plan de más de 500.000 millones de dólares en inversión en Estados Unidos en cuatro años, encaja así el Mac mini dentro de un relato de «reindustrialización» que gusta tanto a los mercados como a Trump.

Made in America

Porque la política pesa, y mucho, en esta decisión. Desde su primera presidencia, Donald Trump ha presionado públicamente a Apple para que deje de fabricar en China y lleve sus productos a Estados Unidos bajo la bandera del Made in America. Tim Cook ha respondido con gestos perfectamente calculados. Primero, manteniendo en Texas la producción del Mac Pro gracias a exenciones arancelarias, luego, impulsando inversiones en componentes Made in USA, y ahora llevando al país un ordenador completo como el Mac mini, cuyo volumen de ventas es relativamente reducido. El mensaje que lanza Cupertino es que Apple se muestra como campeón de la manufactura estadounidense sin tocar el tabú económico de fondo, el iPhone, cuya relocalización sería prohibitiva.

Mac mini

Mac miniApple

El Mac mini es un banco de pruebas. Según datos del sector, representa menos del 5 % de las ventas globales de Mac y en torno al 1 % de los ingresos totales de la compañía, con alrededor de un millón de unidades al año. Elegir un producto de peso limitado permite absorber mejor un posible sobrecoste laboral o logístico sin comprometer los márgenes del conjunto del negocio. Si la experiencia funciona, Apple gana conocimiento industrial en su propio territorio; si sale mal, el impacto será asumible.

Aranceles

Hay también una lectura arancelaria y geopolítica. Con la guerra comercial entre Washington y Pekín como telón de fondo, aumentar la producción en Estados Unidos es un seguro frente a futuras tasas de importación sobre productos fabricados en China. Ensamblar el Mac mini en Texas protege a la compañía frente a posibles gravámenes que encarecerían el ordenador o recortarían sus beneficios, al tiempo que le ofrece un argumento más para negociar con la Casa Blanca un trato favorable para líneas mucho más sensibles como el iPhone o el iPad.

Ensamblar el Mac mini en Texas protege a la compañía frente a posibles gravámenes

La proximidad entre la nueva fábrica de Mac mini y la producción de servidores de inteligencia artificial no es un detalle menor. Apple está concentrando en Houston un auténtico polo de manufactura avanzada con placas lógicas, ensamblaje de servidores y ahora ordenadores de sobremesa compartirán espacio y parte del personal técnico. La empresa completará el complejo con un Advanced Manufacturing Center, un centro de formación en fabricación avanzada que entrenará a estudiantes, proveedores y técnicos en los procesos propios de la compañía. Se trata de sembrar una cantera local de talento industrial que reduzca la dependencia de Asia no solo en capacidad productiva, sino también en conocimiento.

Conviene recordar que buena parte de la producción del Mac mini seguirá en Asia, en países como China y Vietnam, encargados de abastecer al resto del mundo. El movimiento hacia Texas es parcial y simbólico, pero simbólico no significa superficial porque es una pieza más de una tendencia en la tecnología estadounidense, que pasa por diversificar cadenas de suministro, acercar al menos una parte de la producción a casa y contentar al poder político sin dinamitar la lógica económica que ha hecho viables sus productos.

Apple no solo ha elegido Texas para fabricar el Mac mini; ha elegido un escenario perfecto donde se cruzan incentivos fiscales, presión política, guerra comercial y necesidades tecnológicas. El pequeño sobremesa será, a partir de ahora, también una herramienta diplomática de silicio y aluminio entre Cupertino y la Casa Blanca.

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