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El plan del Gobierno para llevar internet por satélite a la España rural ha naufragado

Starlink despega en España y ocupa el hueco que intentó llenar Hispasat con ayudas públicas

El plan del Gobierno para llevar internet por satélite a la España rural, apoyado en Hispasat y ampliamente subvencionado, ha naufragado. Mientras tanto, Starlink ha aprovechado el vacío con precios agresivos y mejor tecnología para conquistar el territorio donde no llega la fibra

En 2023 el Gobierno adjudicó a Hispasat 76,3 millones de euros del programa ÚNICO Demanda Rural para garantizar banda ancha de al menos 100 Mbps en 1,3 millones de hogares y empresas sin fibra, a un precio máximo de 35 euros al mes. Era la pieza que debía cerrar la brecha digital con una oferta «universal» y asequible para cualquier pueblo de España.

La comercialización se articuló a través de tarifas como Conéctate35, con conexión mínima de 100 Mbps, instalación subvencionada hasta 600 euros y sin permanencia, pensada para cualquier usuario con menos de 50 Mbps de cobertura fija. Sobre el papel, el modelo cuadraba con precio similar al de una fibra urbana, ayudas europeas y la promesa de llegar «al último rincón» del país.

Dos años y medio después del arranque, ÚNICO Demanda Rural solo suma 10.825 conexiones activas

La realidad ha sido muy distinta. Dos años y medio después del arranque, ÚNICO Demanda Rural solo suma 10.825 conexiones activas de un universo de más de 75.000 líneas elegibles, lo que supone apenas un 14,2 % de ejecución. La baja demanda ha obligado a Hispasat a devolver 22 millones de euros de fondos Next Generation que estaban reservados para financiar las altas de los usuarios.

De la promesa de «internet por 35 euros» al ajuste de cuentas

Cuando Jordi Hereu, entonces presidente de Hispasat, explicaba en El Debate en 2023 que ofrecerían «internet de calidad por 35 euros en cualquier rincón de España», resumía la ambición política y tecnológica del programa. Defendía que el satélite permitiría «universalizar al 100 % del territorio la conectividad digital» y equiparar el servicio de un pueblo remoto con el de un barrio de Madrid.

La estructura de ayudas reducía al mínimo la barrera de entrada en un escenario donde el usuario solo debía pagar la cuota mensual, con el módem y la antena totalmente subvencionados, mientras los operadores adheridos al programa se encargaban de la instalación. Sin embargo, la cadena se rompió en varios puntos. Eurona, responsable del 65 % de las altas previstas, quebró; el margen de apenas 75 euros por alta desincentivó a las grandes telecos; y el interés comercial por el segmento rural siguió siendo residual.

A los problemas de modelo se sumó la experiencia de uso. El servicio de Hispasat ofrecía entre 100 y 200 Mbps, pero con latencias altas, un tope de 150 GB mensuales y dependencia acusada de la meteorología, factores que en teletrabajo o vídeo en streaming marcan la diferencia entre estar cómodo y acabar desesperado en la España rural. El resultado ha sido un programa con cifras discretas, devolución anticipada de fondos y una revisión en marcha de cara a 2027 para reorientar el presupuesto hacia ciberseguridad, ciberdefensa e inteligencia artificial.

Starlink, por la puerta grande de la España vacía

Mientras ÚNICO Demanda Rural se atascaba, Starlink aceleraba. La constelación de satélites de órbita baja de Elon Musk ha ido recortando sus tarifas en España hasta situar la cuota en el entorno de 24‑29 euros al mes, muy por debajo de otros mercados europeos. A ello suma una latencia sensiblemente menor que la de los satélites geoestacionarios de Hispasat y velocidades que pueden superar los 100 Mbps, e incluso acercarse a los 300 Mbps en condiciones favorables.

El equipo estándar de Starlink tiene un coste de entrada de unos 225 euros (gratuito con determinadas ofertas), con cuotas desde 29 euros al mes, y planes profesionales para internet itinerante ilimitado por 40 euros al mes. Lo que empezó siendo una oferta más cara en hardware que el plan subvencionado de Hispasat, siempre ha contado con una percepción de calidad superior en latencia, estabilidad y ausencia de límites de datos en muchos de sus paquetes sin hablar de las cuotas mensuales, que también bajan.

Para muchos vecinos de la España rural Hispasat es un servicio subvencionado, con condiciones técnicas discutibles y operadores locales en retirada, mientras que Starlink se ha convertido en un servicio mundial con mejor rendimiento y una marca tecnológica reconocible. No extraña que el Ministerio de Transformación Digital cite explícitamente la competencia de Starlink como uno de los factores que han lastrado el despliegue del programa público.

Dos modelos para el mismo problema

Ambas propuestas nacen de la necesidad de dar una salida a los más de un millón de hogares que siguen sin fibra o cable de alta velocidad. España lidera los rankings europeos de despliegue de fibra, pero en el entorno rural la cobertura fija efectiva de al menos 100 Mbps sigue por debajo de la media nacional, y el satélite es, en muchos casos, la única alternativa real.

Centro de control de Hispasat.

Centro de control de Hispasat

La diferencia está en que Hispasat, participada por el Estado, se concibió como instrumento estratégico de país y se apoyó en subvenciones europeas, tarifas reguladas y un ecosistema de pequeños operadores que debían hacer de «tractor» comercial en los pueblos. Starlink oper´al revés con despliegue total, oferta homogénea, ajustes de precio agresivos en función del mercado y venta directa a un usuario que ya ha oído hablar de la marca.

Hoy el balance es incómodo para el Gobierno de Pedro Sánchez. La apuesta pública por el satélite nacional ha obligado a devolver fondos por falta de demanda, mientras un actor privado internacional ocupa ese hueco en las mismas comarcas para las que se diseñó ÚNICO Demanda Rural.

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