Fundado en 1910
Palantir

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Palantir, la empresa que quiere ser el «sistema operativo» de la guerra y que tiene su propio programa político

Nacida en Silicon Valley y ligada desde sus orígenes a la inteligencia estadounidense, Palantir se ha convertido en la empresa de software más influyente y discutida en defensa y datos

En poco más de dos décadas, Palantir ha pasado de ser una start‑up de nicho en Palo Alto (California) a convertirse en una pieza central del complejo tecnológico‑militar occidental. Fundada en 2003 por Peter Thiel, Alex Karp y otros socios de PayPal, la compañía nació con la promesa de usar el análisis masivo de datos contra el terrorismo sin renunciar a las libertades civiles. Hoy, su software está presente en guerras, hospitales y grandes corporaciones, y su discurso se ha transformado en una defensa abierta de la supremacía estratégica de Occidente a través de la inteligencia artificial.

Palantir se define en su web como una compañía de «software operativo» capaz de integrar y analizar datos de miles de fuentes en tiempo real para ayudar a analistas, mandos militares, directivos... a tomar decisiones críticas. Su portfolio se articula en torno a Gotham, la plataforma destinada a inteligencia y defensa; Foundry, pensada para empresas; Apollo, la infraestructura que permite desplegar el sistema en cualquier entorno; y AIP, la nueva capa de inteligencia artificial generativa sobre esos datos. Para un gobierno, eso significa cruzar información sensible en un centro de operaciones; para una multinacional, convertir una maraña de hojas de cálculo en un cuadro de mando que anticipa problemas, por ejemplo, en la cadena de suministro.

IA militar

Eugenio Mallol, periodista especializado en innovación tecnológica y colaborador de El Debate, ve en el auge de Palantir y en su reciente manifiesto un síntoma de algo mucho más profundo como es dónde colocar los límites al uso de la tecnología en una democracia liberal, un debate que, subraya, «solo puede plantearse en Occidente y sería impensable en regímenes autoritarios».

Sectores que tradicionalmente han defendido una fuerte intervención del Estado en lo social se escandalizan ahora ante la idea de someter a una empresa a las necesidades de seguridad nacionalEugenio MallolPeriodista especializado en innovación tecnológica

A su juicio, la discusión está llenando de paradojas el mapa ideológico ya que «sectores que tradicionalmente han defendido una fuerte intervención del Estado en lo social se escandalizan ahora ante la idea de someter a una empresa a las necesidades de seguridad nacional, mientras muchos defensores del libre mercado reclaman hoy un fuerte control gubernamental sobre compañías clave como Palantir». Ese giro plantea preguntas incómodas, como si sería legítimo «tomar el control» de una empresa privada como SpaceX, crucial en la guerra de Ucrania, o hasta qué punto es correcto identificar la inteligencia artificial con un arma de guerra más, cuando, recuerda, desde la Revolución Industrial el problema no es la herramienta en sí, sino la capacidad del poder político para entenderla y regularla.

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En esa línea, Mallol considera que «el reto real está en diseñar cauces legales nuevos para una tecnología capaz de actuar de forma autónoma, en lugar de forzarla dentro de marcos pensados para otro tiempo». Es muy crítico con la aproximación europea, encarnada en la regulación de IA basada en definir de antemano sectores de riesgo, que a su juicio demuestra «no acertar con la fórmula» porque intenta fijar el mapa antes de conocer realmente el terreno. Frente a ese modelo, ve mejor encaminado el proyecto de ley californiano SB 53, que apuesta por controlar la IA mediante la transparencia de los sistemas y la rendición de cuentas a posteriori, siguiendo una lógica de auditoría constante más que de prohibiciones preventivas.

Geopolítica, tecnología y filosofía

Alex Karp, carismático y heterodoxo consejero delegado de Palantir, ha aprovechado la ola de la IA para reforzar un relato que mezcla geopolítica, tecnología y filosofía política. En el Foro Económico Mundial de Davos 2026, advirtió de que la inteligencia artificial «va a redefinir el poder, la guerra y las economías», y que está sometiendo a «prueba de estrés» a Estados, ejércitos y mercados. Su tesis es que las sociedades que duden o se muevan despacio perderán frente a aquellas que integren estos sistemas en su modo de hacer la guerra y de gestionar la economía.

La IA está sometiendo a prueba de estrés a Estados, ejércitos y mercadosAlex KarpConsejero delegado de Palantir

Karp ha ido un paso más allá al afirmar que la IA ya está elevando la capacidad bélica de Estados Unidos y sus aliados, dándoles una ventaja estratégica frente a adversarios como Irán. Según comenta, el software de Palantir se ha convertido en un «activo crucial» para coordinar inteligencia y operaciones entre países aliados: «Si estuvieras bajo ataque y necesitaras coordinarte, una función de coordinación sería esencial; solo hay un producto que puede hacerlo eficazmente en seguridad», declaró refiriéndose a su plataforma.

El manifiesto de Palantir

Ese discurso quedó cristalizado este año en un manifiesto de 22 puntos, basado en el libro The Technological Republic (Crown Currency, 2025) que Palantir difundió como resumen de su ideario. En él, Karp y el responsable de asuntos corporativos Nicholas Zamiska defienden que la tecnología debe ponerse al servicio de la defensa de las democracias occidentales, critican las culturas corporativas «mediocres» y reclaman una ética del sacrificio y la disciplina. El texto llega a plantear que Estados Unidos debería considerar recuperar el servicio militar obligatorio, y sostiene que la industria tecnológica tiene una «deuda moral» con el país que la ha hecho posible.

The Technological Republic: Hard Power, Soft Belief, and the Future of the West

The Technological Republic: Hard Power, Soft Belief, and the Future of the West

Palantir acompaña este ideario con una imagen de empresa que toma partido en conflictos. Karp se ha mostrado siempre orgulloso del papel de su software en la defensa de Ucrania frente a Rusia y en operaciones aliadas en Oriente Medio, además de presentarlo como una herramienta que permite hacer la guerra de forma «más precisa» y con menos daños colaterales gracias a mejores datos. «Ética y estrategia son restricciones operativas, no un añadido tardío», ha sintetizado en uno de sus análisis sobre cómo debe diseñarse un sistema de IA militar.

El guardián tecnológico de Occidente

Pero mientras la empresa se vende como guardián tecnológico de Occidente, voces influyentes en derechos humanos dibujan un retrato radicalmente distinto. Amnistía Internacional lleva años alertando de que la tecnología de Palantir se ha utilizado para alimentar políticas de deportación masiva en Estados Unidos y para operaciones de vigilancia intrusiva sobre migrantes y solicitantes de asilo. Matt Mahmoudi, investigador en IA y derechos humanos de la organización, considera que Palantir tiene un «historial de desprecio flagrante» por el derecho internacional y reclama a instituciones como el NHS inglés, que cancelen contratos con la compañía hasta que pueda demostrar que no contribuye a violaciones graves en Gaza o en la frontera estadounidense.

El temor es que un proveedor ligado al aparato de seguridad estadounidense acabe teniendo un papel crucial en la infraestructura sanitaria de millones de ciudadanos

En el Reino Unido, el informe más reciente de la organización sanitaria Medact urge a los hospitales y a los gestores del sistema público a no utilizar la plataforma de datos de Palantir para el NHS, el sistema público de salud. El documento advierte de riesgos en la gestión, retención y protección de los datos de pacientes, y sugiere que la empresa ve la gobernanza de la información del sistema británico como «un obstáculo» para su despliegue. El temor es que un proveedor estrechamente ligado al aparato de seguridad estadounidense acabe teniendo un papel crucial en la infraestructura sanitaria de millones de ciudadanos.

Privacidad por diseño

Palantir responde a estas críticas con su política de derechos humanos y un discurso de «privacidad por diseño». En un texto corporativo titulado Human Rights and Technology, la compañía sostiene que la protección de libertades civiles ha sido un pilar desde su fundación y que sus plataformas incorporan controles de acceso, trazabilidad y auditoría que permiten saber quién accede a qué datos y con qué finalidad.

Sin embargo, existen informes de organizaciones especializadas en supervisión tecnológica señalan la existencia de módulos de reconocimiento facial y capacidades de vigilancia que, en la práctica, se habrían desplegado de forma mucho más amplia de lo que sugiere el relato oficial. Para muchos expertos el problema no es solo qué hace hoy, sino el grado de dependencia que los Estados pueden llegar a tener de una «caja negra» privada que concentra datos y lógica de decisión.

Detrás de la épica geopolítica y del lenguaje técnico, la pregunta es ¿quién debe controlar la infraestructura que convierte datos en poder? Palantir se presenta como una empresa tecnológicamente superior y alineada con la causa occidental lo que provoca que cada vez más gobiernos y compañías estén dispuestos a aceptarla. Para los reguladores y ONG esta historia de éxito de Silicon Valley es también el laboratorio donde se están probando los límites éticos y democráticos de la inteligencia artificial aplicada al aparato del Estado.

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