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La inteligencia artificial está cambiando la ciberseguridad

Alerta

La IA desata una amenaza cibernética sin precedentes y solo el 3,5 % de las empresas españolas la usa como escudo

Mientras su adopción avanza por debajo de la media europea, Australia alerta de que esta tecnología permite lanzar ataques más rápidos, sofisticados y a mayor escala

La inteligencia artificial está cambiando la ciberseguridad en dos direcciones. Por un lado, ayuda a proteger las redes y, por otro, facilita el trabajo de quienes intentan vulnerarlas. En esa carrera, España se sitúa por debajo de las medias internacionales en el uso empresarial de esta tecnología como defensa. Solo el 3,5 % de las compañías españolas la empleaba con ese fin en 2025, frente al 3,9 % de la Unión Europea y el 5,3 % del conjunto de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

El dato coincide con una advertencia de las autoridades australianas que aseguran que la IA permite a los actores maliciosos localizar vulnerabilidades y explotarlas con una velocidad, una escala y una sofisticación sin precedentes. Los dos informes alertan de que mientras las empresas incorporan nuevas herramientas de protección, los atacantes también aprovechan los avances tecnológicos para mejorar sus operaciones.

Una adopción desigual

La utilización de IA para la seguridad informática crece con rapidez. Según la OCDE, el porcentaje de empresas que recurría a ella en 2025 era un 23,2 % superior al de 2024 y un 68,6 % mayor que en 2023. Desde 2021, su implantación se ha multiplicado por más de dos. Entre sus aplicaciones figuran los sistemas de aprendizaje automático para detectar y prevenir ciberataques y la autenticación de usuarios mediante inteligencia artificial.

España queda por debajo de los países nórdicos y de economías como Alemania, Bélgica o Países Bajos, aunque supera a Francia

Sin embargo, la expansión está lejos de ser uniforme. Corea del Sur destaca con una adopción del 21,4 %. España queda por debajo de los países nórdicos y de economías como Alemania, Bélgica o Países Bajos, aunque supera a Francia y Portugal, según los datos del informe.

La diferencia también aparece dentro del tejido empresarial español. Entre las pequeñas compañías de hasta 49 empleados recogidas en la información, solo el 2 % utilizaba IA para reforzar su ciberseguridad. En las grandes, de más de 250 trabajadores, el porcentaje alcanzaba el 24,2 %. Ambos registros quedaban por debajo de sus respectivas medias europeas.

Conviene precisar que esta comparación busca medir el uso de una tecnología concreta, no el conjunto de las defensas de una empresa. No emplear IA no equivale a carecer de protección, del mismo modo que incorporarla no garantiza la seguridad. La Asociación Australiana de Seguridad de la Información ha advertido, precisamente, de que estas herramientas no sustituyen tareas básicas como corregir vulnerabilidades conocidas o mantener actualizado el inventario tecnológico.

Ataques más rápidos

El informe anual de la Dirección de Señales de Australia (ASD) explica por qué esta transformación exige atención. La agencia identifica la IA como un factor determinante en la evolución de las amenazas durante el último año. Su uso permite hacer más eficientes y convincentes los ataques, las estafas y los intentos de engañar a los usuarios para obtener información.

Durante el ejercicio 2025-2026, el Centro Australiano de Ciberseguridad respondió a más de 1.500 incidentes, un incremento superior al 20 % respecto al periodo anterior. También emitió más de 4.400 notificaciones sobre posibles actividades maliciosas, casi un 80 % más.

Los objetivos abarcan el robo de dinero e información, el espionaje y la preparación de operaciones posteriores. La amenaza afecta a empresas, administraciones e infraestructuras críticas, y combina la actividad de ciberdelincuentes con la de actores respaldados por Estados.

Acciones no previstas

El documento australiano también alerta de los riesgos derivados de acciones no previstas de agentes de IA y de las pruebas con modelos avanzados. Las organizaciones deben protegerse frente a los atacantes, pero también controlar cómo interactúan sus propias herramientas con otros sistemas.

La respuesta australiana combina la incorporación de nuevas capacidades con medidas menos llamativas como registrar los eventos de seguridad, sustituir tecnología obsoleta, gestionar los riesgos de los proveedores y preparar a las organizaciones para utilizar IA.

Una vez comparados los dos informes se puede concluir que la inteligencia artificial puede reforzar la defensa, pero su adopción exige controles y no elimina las obligaciones anteriores. Para las empresas españolas, el reto consiste en adaptar su protección a unas amenazas que también se benefician de la innovación.