Relato generacional y venderse por un plato de lentejas
En nuestra España hace decenios que se acabó eso de salir al monte por tu cuenta, porque sólo puede hacerse en cotos de caza
Imagen de un coto privado de caza
Ahora que la cruda realidad demuestra que hay que matar animales para conseguir un equilibrio y que la caza es un más que sostenible aprovechamiento de los frutos del campo, por más que en forma de animales silvestres; ahora que necesitan personas capaces de hacer esa labor, por más que el estado pretenda sustituirlos por UMEs y TRAGSAs; ahora vuelve hablarse, esta vez con preocupación creciente, de la falta de relevo generacional de los cazadores. Hasta hace poco esto era un anhelo de los anticaza; sin relevo, se acaba lo que sea. Por ello se ha ido haciendo una labor de zapa para impedir precisamente ese relevo. De forma callada, sin fomentar polémicas y amparados en falaces razones ambientales o de seguridad, se ha conseguido avergonzar a muchas personas por el hecho de cazar, utilizando medios delictivos, como es el acoso cobarde y anónimo en las redes sociales.
Que todo ello haya venido de quienes se han declarado enemigos de la caza, era esperable. Profesionales de la política, pero incapaces de serlo en cualquier otra actividad (véase, por ejemplo, a Salvador Illa, digna metáfora de la mosca, porque donde se posa, la caga) se dieron cuenta de que esa postura era bien recibida por esa pléyade de urbanitas prepotentes que, sin distinguir el tomillo del cantueso, pontifican sobre la política forestal. Lo que sorprende es que en un instrumento fundamental para frustrar el relevo generacional, como es el de los actuales exámenes del cazador, se haya contado con el apoyo de asociaciones cinegéticas. Me explico.
Una cosa es un examen y otra cosa es utilizarlo como freno, obstáculo o impedimento
En la actualidad, casi todos los legisladores autonómicos (la caza es de su competencia) han establecido la obligatoriedad de pasar un examen para cazar. Vale. Pero una cosa es un examen y otra cosa es utilizarlo como freno, obstáculo o impedimento.
En nuestra España hace decenios que se acabó eso de salir al monte por tu cuenta, porque sólo puede hacerse en cotos de caza, por ser los únicos espacios sometidos a un planeamiento y regulación que acredita que la actividad se está realizando de forma sostenible. Por tanto, quien cace lo hace siempre bajo el amparo de un titular cinegético, que será el que determine el lugar, el momento y hasta las especies y cupos. Se hace por ello absurdo que el cazador individual tenga que acreditar un conocimiento general de toda la normativa cinegética, incluyendo superficies mínimas, regulación de la seguridad privada o diferentes tipos de autorizaciones que jamás les serán de aplicación. O infracciones que nunca podrían cometer. De las 22 posibles infracciones leves de la ley de Castilla la Mancha, sólo 5 afectarían a los cazadores individuales. De las 54 tipificadas como infracciones graves, apenas 22 (y muchas de ellas absolutamente reiterativas) lo son a cazadores. De las 15 muy graves, sólo 5. ¿Fechas de vedas? Cada año varían y hasta los cazadores más experimentados debemos acudir anualmente a la correspondiente orden de vedas para ver cuáles son las novedades.
Valga todo ello para que se hagan una idea de la absoluta desproporción entre el temario (básicamente toda la Ley de Caza y su reglamento) y lo que de verdad le es aplicable a una persona que quiera iniciarse en la caza.
Para más inri, las comunidades autónomas no establecen un sistema ágil de examen como sí tiene la Guardia Civil para obtener la licencia de armas (todos los meses del año hay posibilidad de presentarse), de tal forma que apenas hay dos convocatorias al año, de difícil asistencia si quien quiere obtenerla vive lejos de la sede administrativa.
Pero aún hay más. En Castilla la Mancha, principal región cinegética junto con Andalucía y por delante de Extremadura, el sistema de examen se encuentra delegado completamente en asociaciones cinegéticas, lo cual podría parecer bueno. Sin embargo, tal y como explicaré, no lo es. Este sistema obliga a apuntarse a unos cursos previos de duración variable que suministran ingresos a esas asociaciones, que por esa razón alaban el sistema. No existe la posibilidad de examinarse «por libre», por mucho que el que quiera hacerlo pueda darle lecciones a los docentes de los cursos de marras. Imagínense simplemente que el Jefe de Servicio de Caza de una provincia quiera cazar y no tenga licencia. Pues resulta que la misma persona que tiene que validar los cursos no tendría otra posibilidad de conseguir la licencia que acudir (y pagar) los cursos de marras.
Les doy un dato: la media de personas que se examinan cada mes en cada provincia de la región para licencia de armas no baja de 30. Todos los meses, menos en verano (quizás también diciembre) hay exámenes. Casi todos lo hacen para cazar. Hagan cálculos y ahora pregunten cuantas nuevas licencias obtenidas por examen se han obtenido en Castilla La Mancha en los últimos diez años. Casi todos lo han obtenido por canje o antigüedad de licencias de otras regiones, empezando por mi hijo, por la enorme dificultad de cuadrar fechas, acudir a cursos, etc.
Pero ¿cómo van esas asociaciones a criticar esta exageración, este freno al acceso a la caza, si se lucran con él? Que no vuelvan a hablarme de «falta de relevo generacional» cuando ellas son parte del problema.
- Antonio Conde Bajén es miembro del Real Club de Monteros