Pepe Barea, agricultor valenciano, denuncia los robos de fruta sufridos en su explotación
La impotencia de un agricultor al visitar su campo de naranjos: «No hay justicia ni seguridad»
La incertidumbre provocada por factores ajenos al trabajo diario es una de las incómodas circunstancias que los agricultores soportan en sus labores rutinarias.
El exceso o la falta de lluvia y de calor, la hiriente sangría de las plagas en los cultivos o la caída desmedida de los precios en origen de los productos agroalimentarios forman parte de los problemas recurrentes de los agrarios, que afrontan con profesionalidad esta realidad.
El agricultor cuenta con males incontrolables –como que el viento arranque las frutas de sus árboles– que erosionan su rentabilidad; sin embargo, en los últimos tiempos han aumentado las amenazas que ponen en riesgo la viabilidad de las explotaciones han ido a más.
Dificultades como las mencionadas han hecho mella en la producción española de cítricos, cuyo aforo previsto por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación de la campaña citrícola 2025/2026 apunta a 5,44 millones de toneladas, 655.000 toneladas por debajo de la precedente (-10,7 %) y un 14,2 % menor que la media de las últimas cinco.
La escasez de fruta en el mercado levanta sus precios y los agrarios advierten que esta situación convierte en más atractivas sus fincas para los cacos. Pepe Barea, agricultor de naranjas en la Comunidad Valencia –región para la que se estima una caída de la producción de cítricos de alrededor de 2,5 millones de toneladas, un 23 % inferior a la media de las últimas cinco campañas–, denuncia con impotencia las sustracciones de fruta sufrida en su parcelas
«Buenos días por decir algo. Estamos con unos plantones de naranja de la variedad lane late y les voy a enseñar lo que hacen los sinvergüenzas», introducía el productor valenciano, cuyo enfado aumentaba a medida que explicaba lo sucedido.
«Hemos venido a dar una vuelta y ver cómo estaban las naranjas, porque las vamos a vender pronto, y miren lo que nos encontramos. Los árboles están cargados de naranjas, así como los ven todos. Pues miren, nos venimos a este y ni una, vacío totalmente. Nos vamos al de al lado y hay naranjas. ¿Esto a qué es debido?», se pregunta Barea, que responde con rabia y desesperación: «Pues a los amigos de lo ajeno. Vienen los típicos de la bolsita y se encargan de vaciarte el árbol. Cuando estás trabajando no vienen a ayudar, pero aquí vienen el fin de semana, cogen sus naranjas y se van a casa», lamenta el agrario.
Barea muestra la huella de los ladrones: «Qué raro que tengas un campo con 500 árboles y que estén todos llenos de fruta y de repente encuentres dos árboles que no tienen ni media naranja. Esto pasa porque no hay justicia ni seguridad. Estamos indefensos en el campo» asevera en referencia a la falta de vigilancia policial en el entorno rural.
El agricultor critica la impunidad de los malhechores: «Les pillas y te quedas igual. Ojo si les dices algo, que se excusan en que 'Por una bolsita...'. Cuando yo estoy trabajando nadie vienen una hora o media a ayudarme ni me regalan un saco de abono», señala Barea, que concluye con un aviso para los ladrones: «Os voy a pillar. Sois unos sinvergüenzas y unos caraduras. Ahora hay cámaras en el campo y os tenemos grabados porque estáis dentro de una propiedad privada. Vamos a ir a por vosotros, sinvergüenzas».