Piezas de frutas y hortalizas en la frutería
El «cero técnico» de residuos en frontera soñado por los agricultores entra en las conversaciones de la UE
«El mercado europeo no puede continuar funcionando con dos velocidades, una para los productores comunitarios, y otra para los productos importados», reclaman los agrarios
El paquete legislativo 'Food & Feed Omnibus' propuesto por la Comisión Europea incluye un cambio en la normativa sobre el límite máximo de residuos (LMR) de plaguicidas en alimentos que se antoja clave para satisfacer una reclamación histórica de los agricultores.
La modificación plantea fijar en el «cero técnico», el nivel más bajo que puede detectar un laboratorio con fiabilidad, como el tope para los controles en frontera para sustancias cuya aplicación está prohibida en la Unión Europea (UE).
Esta nueva consideración responde a una exigencia trascendental para los agrarios, que consideran innegociable que los terceros países que vendan sus productos agroalimentarios en el mercado comunitario cumplan con las mismas obligaciones que los Estados miembro.
La novedad planteada desde la Comisión implicaría que, si una sustancia prohibida en la UE por motivos de salud o ambientales es detectada, aunque sea en el grado mínimo, se rechazara antes de llegar a la cadena comercial. La medida permitiría que, por ejemplo, los alimentos contaminados con cadmio, sean bloqueadas en frontera al alcanzar el cero técnico, mientras que actualmente pueden entrar en la UE si no superan el LMR de 0.05 mg/kg.
«Si una sustancia no se puede utilizar en Europa tampoco tendría que servir para producir alimentos que después entren a nuestro mercado. Esta propuesta implicaría una mayor seguridad alimentaria en aquellos productos importados que se revisan en frontera. Los productos procedentes de terceros países que quieran exportar a los mercados de la UE, deben cumplir con los mismos estándares de producción», indica La Unió, que señala que esta posibilidad de cambio en la norma se produce tras el envío reiterado de informes a las instituciones europeas con la necesidad de aplicar el principio de reciprocidad en las importaciones agrícolas.
«Cualquier paso que avance hacia el principio de mismas reglas para todos es una buena noticia, aunque queda mucho camino para recorrer», apunta Carles Peris, secretario general de La Unió, que ahonda en que la efectividad de esta posible modificación normativa dependerá de su aplicación práctica y de hasta donde lleguen las decisiones finales en el proceso legislativo: «Debería ser una regla clara y generalizada».
La rebelión ante la competencia desleal surgida de acuerdos comerciales con terceros países sostiene este proceso. El pulso en los cultivos y en las explotaciones ganaderas expresa una sensación de impotencia respecto a los competidores ajenos, que gozan de igualdad en el mercado y de ventajas de costes y legislación laboral, así como de aplicación de fitosanitarios.
La batalla de fondo detrás de este posible cambio en la norma sobre el LMR es la de las cláusulas espejo, concepto que ha ganado popularidad durante las negociaciones del tratado con Mercosur (Argentina, Uruguay, Paraguay y Brasil) y que demanda igualdad de reglas para los productores comunitarios y de terceros países que pugnen en la UE: «El mercado europeo no puede continuar funcionando con dos velocidades, una para los productores comunitarios, sometidos a restricciones cada vez más estrictas, y otra para los productos importados que compiten en los mismos lineales», destaca la organización.
«Si Europa quiere una agricultura sostenible, también tiene que garantizar condiciones de competencia justas. Si una materia activa no se puede utilizar, no se debería importar un producto que en su fase de cultivo haya hecho uso de ella», asevera Peris, que reclama un aumento de los controles en frontera hasta el 50 %.