Maquinaria trabajndo en un campo de trigo

Maquinaria trabajndo en un campo de trigoEuropa Press

Dos agricultoras se niegan a vender sus tierras para centros de datos: «22 millones no significan nada»

El dinero no lo compra todo. Este convencimiento se ha palpable en la decisión de dos agricultoras, Ida Huddleston y Delsia Bare, una madre y una hija con una explotación de unas 485 hectáreas en Maysville (Kentucky) que se niegan a vender a una empresa que ansía las tierras para construir un centro de datos.

«22 millones de euros no significan nada», respondió l a hija ante la oferta que solucionaba todas las cuestiones económicas de la familia. «Quédate, cuida y alimenta a una nación», destacó Delsia Bare en declaraciones al medio Local 12 News.

El vínculo de Ida y Delsia con la finca supera cualquier propuesta de compra que pueda llegar con un fin diferente a la agricultura, por muy cuantiosa que sea: «Mi abuelo, mi bisabuelo y un montón de familiares han vivido aquí durante años, han pagado impuestos por ella y han alimentado a toda una nación gracias a ella».

Este sentido de la responsabilidad reina en las tierras, ahora en manos de las dos agricultoras, desde generaciones anteriores: «Nuestros antepasados cultivaron trigo incluso durante la Gran Depresión y mantuvieron las colas para el pan en los EE.UU. cuando la gente no tenía nada más».

La oferta para construir el centro de datos, procedente de un gran empresa de inteligencia artificial, multiplica por diez el valor estimado de la finca. «Nos llamaron viejos granjeros estúpidos, pero no lo somos», sostuvo la madre, que reivindicó el valor de su actividad: "Sabemos que cuando desaparece nuestra comida, desaparecen nuestras tierras y nos quedamos sin agua. Sabemos que ya hemos tenido suficiente».

La edad de Ida, 82 años, tampoco ha sido suficiente como para cambiar de decisión, ya que su convencimiento es más que firme: «Son unos mentirosos y que no hay nada de verdad en ellos», apuntó en referencia a las promesas de estas compañías, que argumentan que el proyecto traería puestos de trabajo y crecimiento económico en la zona: «Es una estafa».

El centro de datos obtuvo el visto bueno de otros agricultores del área de Maysville y será una realidad, aunque no en el campo de Ida y Delsia. "Mientras esté en esta tierra, mientras me alimente y mientras me cuide, no hay nada que pueda destruirme», sentenció Delsia Bare.

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