En capilla
Confiemos en que el otoño venga suave, empiece a llover y se vaya aplacando el intenso calor. Recemos para que charcas y veneros vayan recuperándose, que el recalentado suelo vaya templando y que el áspero monte esponje
Cazando a una mano. De vuelta rápido a los camiones en un día de bochorno en octubre, Carlos mi hermano, en primer plano, Jorge y yo a «paso legionario» llamando a recogida
Ya casi estamos... La veda llega a su fin. La temporada 2026-2027 llama a la puerta. Ha sido un verano largo, duro y seco. Nulas revueltas que aliviasen del calor y un septiembre con tintes de julio. Pero contra esto no podemos hacer nada. Confiemos en que el otoño venga suave, empiece a llover y se vaya aplacando el intenso calor. Recemos para que charcas y veneros vayan recuperándose, que el recalentado suelo vaya templando y que el áspero monte esponje. Esperemos que la invernada no venga igual de cabreada que ha venido la canícula.
Todos nos hemos ido preparando para este momento desde marzo. En los últimos meses nos habremos dado prisa en ir terminando todo, aunque, como siempre, aún nos quedarán preparativos. Y, precisamente por esto, quiero, con todo cariño y humildad, hacer un llamamiento a cada uno de los actores que participan en esto que llamamos montería.
A quienes organicen una montería
Si desde el principio invierten en las rehalas, ellas sabrán, más adelante, devolverles el favor.
Les suplico que sean generosos con perros y perreros. Ahora, al principio, es momento de citar temprano, pagar las propinas y soltar cuanto antes. Aprovechar el rocío y la frescura de las primeras horas de la mañana allanará el desempeño de los perros, propiciando una temprana recogida, sinónimo de estar antes en la perrera y poder dar descanso a los fatigados perros. Que no escatimen en puntos de agua y que acorten las manos. Ojalá hayan elegido manchas umbrías con fuentes... Todo lo anterior permitirá que estas primeras batidas se den con cierto decoro.
Jorge Torrubias terminando un día de campeo.
Dentro de unas semanas y si los vientos nos son propicios, los perros se irán poniendo a tono. Poco a poco, se podrá ir demandando un nivel más elevado. Pero para requerir un nivel, también hay que motivar y eso pasa, simplemente, por dar un buen trato. Tanto en lo personal, con comunicación y consideración, como en lo económico, pagando una buena propina, considerando como está todo. Solo así las rehalas irán con ilusión y cazarán con generosidad y afición. Es justo, necesario y va en beneficio de todos.
A los monteros
En estas primeras semanas, que echen dos botellas de agua al morral. Una para ellos y otra para los perros. Si a su postura llega un perro muy fatigado, solo humedecerle el hocico será un estímulo determinante en un momento complicado.
Que sean cómplices de los perreros y dueños de rehala. Si ven a un perro extenuado, que memoricen su divisa, hierro y características. Facilitar una descripción o, mejor, una foto de un perro, seguida de una explicación de dónde fue tomada, facilitará al perrero su búsqueda y será sosiego de ambos.
También quiero pedirles comprensión. Si ahora no acosan a la caza con motor y jipa sostenida, es normal. Si no pueden aguantar la mordida, también es natural. Que no enjuicien negativamente a esos perros que, a buen seguro, en unas semanas alabarán.
Finalmente, cariño y reconocimiento. Que se preocupen por conocer qué perros les cazan y de quién son. Que se fijen en ellos y expresen tanto buenas faenas como malas querencias. Siempre con tacto y espíritu constructivo. Y que siempre, y de acuerdo con el capitán de montería, traten de mejorar sus condiciones.
Cuidando en las perreras en una tarde de primeros de temporada tras un duro día de calor. Dar descanso cuanto antes siempre es importante, pero a principio de temporada, es esencial
A los perreros
Ayúdate y te ayudarán. Esfuerzo y afición. Trabajo y el buen hacer son la mejor llave para abrir puertas.
Responsabilidad. Con ellos mismos y con sus perros. Nos vamos a enfrentar a días duros de calor, con polvo y escasez de agua. Hay que llevar agua en el morral, así como ampollas con glucosa o electrolitos que ayuden como recuperadores. Una cadena será también importante a la hora de dejar a un perro atado a la sombra. Hay que cargar el número justo de perros para dar la mano, sin condensar mucho el transporte y que vayan ventilados. Así dejamos, además, otros de refresco en la perrera para el día siguiente. Si un perro está muy cansado es mejor dejarlo en la perrera y que se recobre. Si son muchos los fatigados, quizás no se deba ir a montear. Hay que decirlo y dejar que se repongan sin quemarlos. No son días para lucirse. Ese momento llegará. Ahora se trata de dar la mano con cierta dignidad y de que los perros se vayan fortaleciendo.
Siempre exigir un buen trato y un pago justo. La unión hace la fuerza y si todos señalamos a quienes no profesan ninguno de ambos o a esas rehalas que, deslealmente, compiten con precios más bajos, pronto se ordenaría todo. Perdón por la jerga mercantil...
Los equipos de fútbol empiezan poco a poco. Los primeros partidos son a un nivel accesible, frente a contrincantes, a priori, más factibles y que no requieren de tanto esfuerzo físico y técnico. Mientras, los entrenadores van engranando la maquinaria y cuidando de la salud de sus jugadores, desde semanas previas. Los organizadores de estos partidos o torneos saben del rédito que van a recibir, y no esperan nada extraordinario a cambio. Y, por último, los espectadores saben a lo que van: a pasarlo bien, a aprovechar algún destello o genialidad y, sobre todo, a sentirse otra vez en la rueda. Más adelante llegarán las finales y los partidos decisivos. Tenemos que llegar fuertes, motivados y sintiéndonos queridos.
¡Mucha suerte y buena temporada a todos!
- Diego Gómez-Arroyo Oriol es perrero