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28 de febrero de 2024

Un reloj de calle antiguo

Un reloj de calle antiguoFlickr

Los días pasarán a tener 25 horas

La medición más precisa de la rotación del eje terrestre realizada hasta ahora arroja esta alteración para dentro de 200 millones de años

A lo largo de sus 4.500 millones de años de evolución, el tiempo que tarda la Tierra en completar una rotación sobre su propio eje ha ido aumentando progresivamente. Hace 1.500 millones de años, cuando la vida microscópica comenzaba a surgir, este periodo era de 18 horas y 41 minutos solamente. En la época de los dinosaurios, hace 66 millones, de 23 horas. Milisegundo a milisegundo, nuestro planeta gira cada vez más lentamente, y todo apunta a que, dentro de 200 millones de años, los días serán de 25 horas.
Así lo han certificado científicos de la Universidad Técnica de Múnich (TUM) al emplear un instrumento láser «ultrapreciso» para medir la velocidad de rotación del planeta de la manera más exacta realizada hasta ahora.
Son varios los factores que afectan a la variabilidad de esta magnitud: los movimientos internos de los componentes sólidos y líquidos que forman el planeta, los cambios en la distribución de su masa, las interacciones gravitacionales con la Luna y el Sol, el bamboleo que experimenta su eje… Todo ello provoca ligeras variaciones en la velocidad de la Tierra.
Gracias al láser empleado (cuya puesta en marcha se produjo en 2011 en el Observatorio Geodésico Wettzell de la TUM), se ha podido comprobar, por ejemplo, que en el ecuador la rotación es de unos 15 grados por hora, lo que equivale a una frecuencia de 348,5 Hz, con fluctuaciones diarias de entre 1 a 3 microhercios. Según el instrumento, la rotación del planeta fluctúa unos seis milisegundos cada dos semanas.
Los autores de la investigación señalan que esta medición es fundamental para la meteorología, los modelos de predicción del clima y nuestra posición en el sistema solar. «Las fluctuaciones en la rotación no solo son importantes para la astronomía, sino que también las necesitamos urgentemente para crear modelos climáticos precisos y comprender mejor los fenómenos meteorológicos como El Niño. Y, cuanto más precisos sean los datos, más precisas serán las predicciones», apunta el profesor Ulrich Schreiber, líder del proyecto.

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