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Imagen del planeta TierraGetty Images / Dem10

Ciencia

La NASA simula cómo sería la Tierra si nunca hubiera existido ninguna forma de vida

Estas conclusiones son especialmente importantes para la búsqueda de vida fuera del planeta, ya que ayudan a los científicos a identificar qué características pueden ser verdaderas señales biológicas

El origen de la vida en la Tierra comenzó hace aproximadamente 3.500–4.000 millones de años, cuando el planeta se enfrió hasta tal punto que el agua líquida pudiera existir en su superficie.

Tal como señalan los principales estudios, las formas de vida iniciales aparecieron a partir de reacciones químicas complejas en los océanos primitivos. El posterior aumento de oxígeno permitió el surgimiento de formas de vida más complejas, dando lugar a la enorme biodiversidad que conocemos hoy mediante millones de años de evolución biológica.

En resumidas cuentas, el nacimiento de la vida en nuestro planeta es el resultado de un conjunto de factores: la perfecta distancia con nuestra estrella, la formación de agua líquida y una atmósfera idónea. Todo ello conforma una base que utilizan los científicos para la búsqueda de microorganismos tanto en nuestro sistema solar como a lo largo del vasto universo.

En este contexto, científicos de distintas instituciones –entre ellas el Carnegie Institution for Science o el Virtual Planetary Laboratory de la NASA– han publicado un estudio en arXiV en el que teorizan cómo se habría desarrollado el modelo terrestre si no hubiera surgido ninguna forma de vida, con el objetivo de comparar este escenario con el resto de planetas.

El equipo, liderado por Samantha Gilbert-Janizek, desarrolló esta simulación basada en distintos modelos climáticos: «Presentamos un modelo acoplado de la evolución de la atmósfera interior de la Tierra sin vida desde hace 50 millones de años hasta 5 mil millones de años, que reproduce 19 observaciones clave de la Tierra preindustrial con incertidumbres de medición posteriores a 4,5 mil millones de años».

Vista del globo terráqueo del planeta Tierra desde el espacioGetty Images / 24K-Production

Tal como señalan los investigadores, dentro de la simulación se eliminaron aquellos procesos biológicos clave en la formación de vida, como la fotosíntesis, y dejaron solamente procesos físicos y químicos como radiación solar, circulación atmosférica, dinámica oceánica y ciclos geológicos. Todo ello con el objetivo de observar cómo evolucionaría la Tierra sin ningún rastro de vida.

Un planeta más impredecible

Según la simulación de la NASA, la ausencia de procesos biológicos equivaldría a una atmósfera mucho menos estable químicamente. Esto equivaldría a una menor regulación de gases como el oxígeno o el metano, lo que podría provocar mayores fluctuaciones en la temperatura y en los ciclos climáticos.

De igual manera, la ausencia de procesos biológicos haría que el sistema climático dependiera casi exclusivamente de factores geológicos y físicos, aumentando la probabilidad de condiciones ambientales más variables y menos predecibles.

En resumidas cuentas, la simulación revela que la vida en el planeta ha jugado un papel clave en estabilizar el clima y mantener condiciones relativamente favorables para el desarrollo de ecosistemas complejos durante millones de años, reforzando la idea de que los planetas y sus formas de vida pueden evolucionar como sistemas interconectados.

«Nuestros hallazgos respaldan la idea de que la vida no es necesaria para mantener condiciones superficiales habitables. El modelo presentado aquí es adecuado para predecir la habitabilidad a largo plazo de exoplanetas similares a la Tierra mediante la evolución de sus propiedades volumétricas. Al generar espectros de luz reflejada realistas a partir de estados atmosféricos evolucionados, este modelo representa un avance significativo hacia el modelado de todo el planeta, que en última instancia puede proporcionar una base abiótica sólida para interpretar observaciones de biofirmas con el Observatorio de Mundos Habitables (HWO)», concluye la investigación.

En resumen, con un planeta más extremo y menos estable, el desarrollo de cualquier forma de vida sería mucho más complicado. Estas conclusiones son clave para la búsqueda de vida fuera de nuestro planeta, ya que ayudan a los científicos de la NASA a identificar qué características atmosféricas pueden ser importantes señales biológicas y cuáles podrían originarse por procesos naturales no biológicos.