El aumento continuo del tamaño del cerebro permitió procesar estas habilidades motoras
La ciencia explica por qué casi toda la humanidad prefiere usar la misma mano
Los investigadores compararon a más de 40 individuos de distintas especies de primates con los seres humanos modernos
Cerca del 90 % de la población mundial comparte la misma dominancia manual, un rasgo distintivo del ser humano que ha intrigado a la comunidad científica durante décadas. Un nuevo estudio liderado por la Universidad de Oxford y publicado en la revista científica PLOS Biology ha logrado desentrañar este enigma al situar su origen en un proceso evolutivo gradual en dos etapas, estrechamente ligado a la forma en que nuestros antepasados comenzaron a desplazarse y al desarrollo de su capacidad anatómica.
Para comprender cómo se consolidó esta asimetría, los investigadores compararon a más de 40 individuos de distintas especies de primates con los seres humanos modernos.
Los resultados mostraron que, a diferencia del Homo sapiens, la mayoría de los monos y grandes simios actuales no muestra una preferencia clara por utilizar un lado del cuerpo sobre el otro.
Aunque homínidos primitivos como el Ardipithecus o el Australopithecus ya presentaban una ligera inclinación, esta tendencia fue intensificándose progresivamente en especies posteriores como el Homo erectus o los neandertales hasta volverse mayoritaria en nuestra especie.
Claves del desarrollo motor humano
El motor fundamental de este cambio radical fue la adopción de la marcha sobre dos piernas. Al erguirse y caminar en posición bípeda, las extremidades superiores quedaron completamente libres de la función locomotora, lo que generó una fuerte presión evolutiva para desarrollar movimientos de máxima precisión.
Posteriormente, el aumento continuo del tamaño del cerebro permitió procesar estas habilidades motoras complejas y fijó la lateralidad que predomina en la actualidad.
Como prueba confirmatoria, el estudio analizó al Homo floresiensis, una especie de menor volumen cerebral adaptada también a trepar que no llegó a desarrollar esta especialización tan marcada, lo que demuestra que la combinación de bipedismo y desarrollo cerebral fue la clave definitiva.