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ÁrticoMIT / Benjamin Evans

Ciencia

Un equipo científico coloca sensores en el Ártico para escuchar lo que ocurre bajo el hielo

El interés científico y estratégico aumenta a medida que el hielo marino se rompe y derrite, lo que abre rutas anteriormente inaccesibles a la navegación comercial y militar

Bajo el océano Ártico conviven numerosos sonidos naturales y humanos, desde el crujido del hielo marino y las vocalizaciones de las ballenas beluga hasta el ruido de los motores de los barcos. Investigadores del Laboratorio Lincoln del MIT estudian este paisaje acústico mediante sensores desplegados durante la Operación Ice Camp de la Armada de Estados Unidos.

Tras una primera campaña en 2024, el equipo regresó en marzo de 2026 con una versión mejorada de uno de esos dispositivos, un geófono capaz de detectar vibraciones en el hielo.

«Nos interesan los fenómenos sonoros que se producen bajo el hielo. Por ejemplo, los datos de nuestra expedición OIC 2024 contenían cantos de mamíferos marinos. Necesitamos comprender mejor cómo se propagan estas señales a través del hielo y cómo distinguirlas de otras fuentes», explica Ben Evans, investigador del Grupo de Sistemas y Tecnología Submarina Avanzada del laboratorio.

El interés científico y estratégico aumenta a medida que el hielo marino se rompe y derrite, lo que abre rutas anteriormente inaccesibles a la navegación comercial y militar. Identificar las firmas acústicas de la fractura del hielo podría ayudar a mejorar las predicciones, reforzar la resiliencia de las comunidades costeras y vigilar la actividad en la región.

Evans y David Whelihan participan en estas campañas desde 2022 con la intención de desplegar en el futuro una red de sensores de bajo coste que permita vigilar el Ártico de manera continuada. La Operación Ice Camp, organizada cada dos años, ofrece una infraestructura temporal sobre hielo flotante desde la que militares e investigadores pueden probar equipos en condiciones extremas.

La campaña de 2026 estuvo marcada por sucesivas ventiscas, temperaturas de hasta -25 grados Fahrenheit y vientos de entre 25 y 30 millas por hora, con rachas de 40. El mal tiempo retrasó la llegada del equipo y limitó considerablemente el despliegue de sensores. Tras colocar solo una cuarta parte de los dispositivos previstos, tuvieron que regresar al campamento ante el empeoramiento de las condiciones.

En paralelo, los investigadores ensayaron un módem desarrollado por la empresa noruega Havguard para transmitir información a través del hielo mediante campos magnéticos. La tecnología evita las señales de radiofrecuencia, que pierden eficacia rápidamente en el agua de mar.

Las pruebas se realizaron finalmente en una laguna próxima a Utqiaġvik, en Alaska. Allí, el equipo perforó el hielo y utilizó un vehículo operado remotamente para transportar el módem. «Logramos una comunicación a través del hielo de aproximadamente 1,2 kilobytes por segundo en un prototipo alfa que había viajado de Boston a Alaska tres veces. Este resultado es muy alentador y el sistema justifica un mayor desarrollo».

Los científicos también aprovecharon su estancia para relacionarse con la comunidad local y explicar su trabajo a estudiantes. De cara a 2028, pretenden desarrollar sensores que puedan lanzarse desde el aire y seguir perfeccionando el sistema de comunicaciones.

«El objetivo principal de todo este trabajo es minimizar el contacto con el hielo. Sobre todo este año, hemos aprendido que el clima determina nuestro acceso al Ártico. Necesitamos maneras de colocar fácilmente los sensores donde los necesitamos y de recuperar los datos que recogen, incluso en estas condiciones tan adversas», concluye Whelihan.