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Ciencia

Violencia y rituales: así fue el canibalismo en la España del Neolítico

Un estudio sobre las cuevas granadinas de Malalmuerzo, Carigüela y Majolicas concluye que el canibalismo durante el Neolítico no respondió a una única práctica ni se produjo en un solo momento. Los investigadores sostienen que fueron episodios separados en el tiempo y vinculados a contextos sociales y motivaciones diferentes.

El estudio, publicado en el Journal of Archeological Science, sitúa además estos yacimientos dentro de un patrón europeo más amplio, en el que las prácticas antropofágicas aparecen de forma discontinua durante distintos momentos del Neolítico y la Edad del Bronce.

Más de medio siglo después de que estos yacimientos se convirtieran en referencias para estudiar el canibalismo prehistórico, un equipo internacional ha revisado cerca de un millar de restos humanos mediante dataciones por radiocarbono y nuevas técnicas tafonómicas. Los científicos examinaron marcas de corte, fracturas, golpes y huellas de dientes, además de aplicar estadística y machine learning para diferenciar roturas accidentales de otras provocadas intencionadamente.

Los resultados indican que, aunque existen similitudes en el tratamiento de los cadáveres, cada cueva presenta características propias. Malalmuerzo apunta a un episodio de violencia colectiva ocurrido alrededor del 5.000 a.C. «En Malarmuerzo hemos encontrado fracturas que nos hablan de una muerte violenta. Además, los análisis nos indican la presencia de restos de todos los grupos etarios, lo que indicaría un evento violento en el que todos o casi todos los individuos de un grupo habrían sido asesinados y luego consumidos», explica Antonio Rodríguez-Hidalgo.

En Carigüela, las dataciones revelan varios episodios ocurridos en distintos momentos del Neolítico. Entre sus hallazgos destacan dos cráneos modificados para convertirlos en recipientes craneales.

Majolicas alberga el episodio más reciente, en torno al 3.800 a.C. Allí, las evidencias no parecen asociadas a violencia. Se encontraron además huesos teñidos de rojo, probablemente con cinabrio, un mineral relacionado con prácticas rituales y mortuorias.

«Durante décadas se ha tendido a interpretar el canibalismo prehistórico como un único comportamiento. Nuestro trabajo muestra que no es posible hablar de un único 'canibalismo neolítico', sino que detrás de evidencias arqueológicas similares pueden existir realidades sociales muy diferentes», señala Rodríguez-Hidalgo.