07 de octubre de 2022

Marilyn Monroe posa sobre el  famoso respiradero del metro durante el rodaje de <i>La tentación vive arriba</i> en Nueva York

Marilyn Monroe posa sobre el famoso respiradero del metro durante el rodaje de La tentación vive arriba en Nueva YorkGTRES

'Historias de película'

'La tentación vive arriba' y su otra escena con revuelo: la que Joe Di Maggio montó a Marilyn Monroe en el rodaje

Nueva York. 15 de septiembre de 1954. Es la una de la madrugada y en el cruce de la avenida Lexington con la calle 52 comienza a apelotonarse la gente. Cada vez van llegando más personas en proporción desigual: hay muchos más hombres que mujeres. Presencian el rodaje de una película. En realidad, lo que van a presenciar es mucho más que eso. Van a ser testigos, sin saberlo, de una escena mítica de la historia del cine que ellos mismos, los curiosos, terminarán por arruinar. Y, también sin saberlo, del detonante de un divorcio.
Demasiadas cosas que presenciar cuando las más de 5.000 personas que ya se han amontonado en torno al rodaje dirigen su mirada al mismo punto: el vestido de Marilyn Monroe que revolotea sobre el respiradero del metro y deja sus largas piernas al descubierto. La tentación viviría arriba pero, por un instante, a muchos se les presentaba repentinamente por la calle.
Para alegría del improvisado público, la escena de La tentación vive arriba, aún sin alcanzar el estatus de mítica que la acompañará para siempre, no sale a la primera. Tampoco a la segunda. Ni a la tercera. A cada grito de «¡corten!», la muchedumbre reacciona con silbidos y vítores. La escena se repite una cuarta vez. Una quinta. Y así hasta que, a la decimocuarta, Billy Wilder decide que ya tiene la buena.
Entre todo ese gentío, precedido por una nube de fotógrafos, presumiblemente solo había un hombre al que no le gustaba ni un pelo lo que estaba viendo. Era Joe Di Maggio, el marido de Marilyn Monroe. Se acercó hasta ella y le dijo algo al oído antes de abandonar, furioso, el lugar. Al día siguiente, Marilyn se presentó en el set de rodaje con moratones. Tres semanas después ya había registrado su demanda de divorcio. El matrimonio, que apenas duró nueve meses, terminaría antes de que se estrenara la película.
Ninguna de las tomas, ni siquiera la última, le serviría después a Billy Wilder, que tuvo que rodar la mítica escena en los estudios de la Fox porque el griterío de la muchedumbre se había colado en ellas y arruinaba el material. Allí, con la tranquilidad del rodaje en interiores, ya no fueron 14 las veces que se repitió la escena, casi todas por los errores de Marilyn. Fueron 40.
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