10 de diciembre de 2022

Los anillos de poder

Los anillos de poder

Crítica de la serie

Tolkien deconstruido al aroma 'woke' y virutas de dólar

Pronto aparecerá algún personaje LGTB en Los anillos de poder para paliar la injusta ausencia de los mismos en la obra de Tolkien

Es en ocasiones como esta cuando la ausencia de Chesterton me resulta especialmente dolorosa. Ahora, en este septiembre de 2022, en el que daría una mano por poder leer lo que el gigante bonachón hubiera escrito acerca de Los anillos de poder, la nueva serie de Amazon. Tal vez hubiera dicho: «¿Cómo se puede considerar Tolkineana una serie en la que nadie fuma?». Y con este argumento le hubiera bastado para demoler la teleserie más cara de la historia.
Sí, ya lo sé. Ya sé que Tobold Corneta comenzó a cultivar un verdadero tabaco de pipa muchos años después de los hechos que se inventa esta serie. Pero puestos a hacer con Tolkien lo que nos dé la gana, pues qué quieren que les diga, mejor con tabaco. Más católico, menos woke.
Porque lo que está sucediendo con Los anillos de poder no es más que un nuevo paso en la deconstrucción de los grandes relatos que se encuentra en la base de la ideología woke y que llevamos soportando desde finales de los 80. Jorge Soley en su Manual para comprender y resistir a la cultura de la cancelación (ACdP/CEU Ediciones, 2022) explica que esta deconstrucción es «un modo de análisis literario que destripa las creaciones fundamentales de nuestra civilización para, mostrándonos sus despojos, intentar convencernos de que, en el fondo, todas eran obras perversas, destinadas a perpetuar terribles injusticias».
Así, después de muchos años de pico y pala, ya han conseguido deconstruir, por ejemplo, los cuentos de hadas, los superhéroes e incluso los vampiros, transformados ahora, en virtud de esta ideología, de monstruos en novios perfectos.
Hoy le ha tocado el turno a la creación literaria católica más importante del siglo XX: El Señor de los Anillos, que está siendo deconstruida por tres razones, principalmente. En primer lugar, para demostrarnos que en su origen ya era perversa porque en ella no aparecía la suficiente diversidad racial. Por eso, para paliar esta injusticia, han llenado la serie de personajes de raza negra, latina u oriental. Lo woke aquí no es tanto que la mujer de Durin IV sea de raza negra o que el elfo Arondir sea portorriqueño. No se confundan. Lo woke está en que nadie pueda opinar que eso no le parece bien porque si lo hiciera pasaría a ser considerado como un malvado racista al que hay que cancelar por el bien de la humanidad.
En segundo lugar, porque según la teoría woke del sesgo inconsciente, además de racistas todos somos machistas aunque no lo sepamos. Por eso deben convencernos de que la obra de Tolkien perpetúa otra grave injusticia ya que inconscientemente o no, es y siempre ha sido profundamente heteropatriarcal. Para ello, han centrado todas las tramas de la serie en personajes femeninos en mayor o menor grado de empoderamiento, rodeadas de estructuras heteropatriarcales de lo más casposas que se puedan imaginar. No hay más que ver cómo han pintado al pobre Gil-Galad y al mismo Elrond, dos auténticos señoros que dan grima, o a Elanor, la hobbit pelosa cuyo arco de personaje se parece sospechosamente al de Vaiana.

Sabemos cuánto le debía Galadriel a la devoción del autor por la Virgen María, hasta el punto de afirmar de la dama élfica que era «Inmaculada»Diego Blanco

Pero donde se les ve el plumero del todo es con Amazondriel (pronúnciese en esdrújula para darle un aire más tolkineano), porque llamar Galadriel a ese personaje resultaría exagerado.
Tolkien dijo en sus cartas (nº. 142) que el elemento religioso de sus narraciones quedaba absorbido por la historia y por el simbolismo. Es decir, que sus narraciones contenían un elemento simbólico de carácter religioso y, más específicamente, como él se encargó de dejar muy claro, católico.
Por eso, en tercer y definitivo lugar, la serie deberá convencernos, por medio de Amazondriel, de que la obra de Tolkien es perversa y perpetúa una terrible injusticia definitiva. Esa que la fe católica comete con aquellos que tienen un lado oscuro llamándolos (no se lo pierdan) «pecadores». Así, nuestra amada heroína deberá rechazar la luz del Cielo para abrazar su lado oscuro, tal como nos desvelan que le recomendó su hermano al principio del primer capítulo, y renunciar al sueño feliz que provoca el opio del pueblo para permanecer despierta. Y desde ese concepto de pecado católico al fin deconstruido, forjará su leyenda: Amazondriel, la auténtica feminista guerrera de la justicia social de la Tierra Media.
Los que amamos la obra del viejo profesor de Oxford sabemos cuánto le debía Galadriel a la devoción del autor por la Virgen María, hasta el punto de afirmar de la dama élfica que era «Inmaculada» (carta nº. 353). Comparen a Amazondriel con la Galadriel de Tolkien y sírvanse de este ejemplo para caer en la cuenta de lo terrible que es cambiar o ignorar lo que Tolkien escribió. Al cambiar la historia, eliminamos sin remedio el elemento religioso absorbido en ella.
Imagino que pronto aparecerá algún personaje LGTB en Los anillos de poder para paliar la injusta ausencia de los mismos en la obra de Tolkien y, entonces, la deconstrucción quedará consumada.
¿Qué se apuestan a que si seguimos viendo esta serie, en algún momento llegaremos a comprender las motivaciones de Sauron para forjar el Anillo Único y que terminaremos por sentir compasión de él? Si es que no le quedó más remedio, pobrecito, con lo mal que lo trataron los elfos. Será en una temporada, será en dos. Pero lo veremos. Me juego una pinta. O mejor, un buen pellizco del tabaco de Tobby Corneta. Solo por fastidiar.
  • Diego Blanco Albarova es el autor de 'Un camino inesperado. Desvelando la parábola de El Señor de los Anillos' (Ed. Encuentro, 2016)
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