De izquierda a derecha, Inés Hernand, Lydia Lozano y Aitor Albizua
Televisión
Los españoles pagamos la fiesta de 'La Familia de la Tele': sueldos millonarios para una audiencia fantasma
El programa de TVE al estilo Sálvame es un agujero negro de gasto público
En un momento en el que la televisión pública está sometida al escrutinio constante del gasto, La familia de la tele se ha convertido en un símbolo de contradicción. El programa, emitido en las tardes de La 1, no solo ha fracasado en su intento de conquistar a la audiencia, sino que está sostenido por un contrato millonario que choca de frente con los principios de servicio público que deberían regir en RTVE.
Según ha revelado El Mundo, el acuerdo entre RTVE y La Osa Producciones —la empresa creada tras el cierre de La Fábrica de la Tele y su ruptura con Mediaset y capitaneada por Óscar Cornejo y Adrián Madrid— contempla un desembolso total superior a los 6 millones de euros, con un coste por capítulo que supera los 87.000 euros, IVA incluido. Aunque el contrato fue firmado para 65 programas, los retrasos han dejado la cantidad real en 57 entregas, sin reducir el presupuesto total. El arranque fue accidentado: dos pilotos no emitidos costaron 275.000 euros, y el estreno se retrasó más de dos semanas. La emisión debía comenzar el 21 de abril con un gran desfile de presentación, pero finalmente se lanzó el 5 de mayo. La fecha de finalización sigue fijada para el 18 de julio, salvo prórroga.
Lo más escandaloso, como detalla el citado medio, son los costes asociados al equipo humano. Los sueldos del personal artístico ascienden a más de 1,8 millones, y los técnicos a cerca de 1,6 millones. En el plató, nombres como Belén Esteban, María Patiño, Kiko Matamoros, Marta Riesco, Chelo García Cortés, Inés Hernand o Aitor Albizua conforman el núcleo del programa. Los presentadores cobran, cada uno, entre 950 y 1.616 euros por programa, mientras que los colaboradores habituales se mueven entre los 950 y los 1.150 euros por emisión. Los dos directores, según desvela El Mundo, perciben un máximo de 8.750 euros al mes cada uno, y los cuatro subdirectores cobran, también cada uno, 5.000 euros mensuales.
A esto se suma un equipo inflado: seis presentadores, ocho colaboradores diarios, cuatro figurantes, varios reporteros, guionistas, coordinadores y animadores de público, según consta en el propio contrato. La magnitud del despliegue técnico y humano no se corresponde, en absoluto, con los resultados.
La Familia de la Tele no logra destacar en su franja horaria. Compite sin éxito contra Sueños de libertad en Antena 3 (13,1%) o Tardear en Telecinco (9,2%), quedando relegado incluso detrás de Cuatro (7,5%). Lo más paradójico es que, ni siquiera alcanzando un modesto 8% de share de corte —el umbral mínimo fijado en el contrato—, RTVE ha decidido replantearse el proyecto. Esa cuota mínima permitiría a la Corporación cambiar la franja o cancelar el programa si no se alcanza en 10 emisiones consecutivas tras el capítulo 10. Pero no se ha activado ese recurso.
Lo que preocupa no es solo el fracaso de audiencia, sino el modelo que se sostiene. Reproduce el estilo de la televisión sensacionalista, con tramas personales, tensión en plató y reciclaje de fórmulas que ya fueron agotadas en Sálvame. Al final, para muchos, es incompatible con los principios de una televisión pública de calidad. En lugar de apostar por nuevos formatos que fomenten la cultura, el debate o la innovación, RTVE ha preferido importar una fórmula vieja con nombres conocidos. Y lo ha hecho financiándolo con dinero público.
Mientras el público cambia de canal, este magacín vespertino de TVE sigue en pantalla. No por sus méritos, sino por la inercia contractual y el respaldo interno que la sostiene. Un ejemplo de televisión pública mal entendida, donde los números no cuadran y las prioridades, tampoco.