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El actor, Mr. T.

El actor Mr. T, en una imagen de archivoGTRES

Cine

La otra lucha de Mr. T, el actor que peleó con Stallone en 'Rocky III' e hizo de M.A en 'El Equipo A'

Fue un icono de la cultura pop de los años 80 gracias a sus papeles en Rocky III y El Equipo A; también es un ejemplo de superación, fe y resiliencia

Antes de convertirse en uno de los rostros más icónicos de la televisión de los años 80, Laurence Tureaud, más conocido como Mr. T, ya era un símbolo de resistencia. No solo por sus músculos imponentes o sus cadenas doradas, sino por la convicción con la que enfrentó cada capítulo de su vida. Fue el carismático M.A. Barracus en El Equipo A, el temible Clubber Lang en Rocky III, y también un hombre que luchó contra un enemigo invisible: el cáncer.

Hijo de un predicador protestante y el menor de doce hermanos, creció en el sur de Chicago, en un entorno marcado por la pobreza y la discriminación. Desde muy joven comprendió que en su entorno, el respeto no se daba, se exigía. «Me llamé Mr. T para que la primera palabra que cualquiera dijera fuera 'Mr.'», declaró. No era solo un nombre artístico; era una forma de plantar cara al racismo y reclamar dignidad.

De portero de discoteca al estrellato

Antes de brillar en la pantalla, trabajó como portero de discotecas, donde diseñó su imagen ruda: cadenas de oro recogidas de clientes que perdían el control. Aquella estética —parte armadura, parte símbolo de autoridad— se convirtió en su firma. Luego, como escolta personal, protegió a celebridades de la talla de Michael Jackson, Diana Ross y Steve McQueen.

El salto a la fama llegó cuando Sylvester Stallone lo vio en un concurso televisivo y lo eligió para interpretar al brutal boxeador Lang en Rocky III (1982). Su poderosa presencia y su voz áspera convirtieron al personaje en uno de los villanos más memorables del cine. De esa cinta nació su célebre frase: «I pity the fool!» («¡Compadezco al tonto!»), que lo acompañaría de por vida.

Sylvester Stallone y Mr. T, en Rocky 3

Sylvester Stallone y Mr. T, en Rocky 3GTRES

Fue en la pequeña pantalla donde el actor alcanzó la inmortalidad cultural. Entre 1983 y 1987, interpretó al inolvidable M.A. Barracus en la serie El Equipo A, un personaje gruñón pero entrañable, que se convirtió en ejemplo de fuerza y valores. Para muchos jóvenes afroamericanos, representó un modelo distinto: temerario, pero justo; duro, pero con un gran corazón. Su popularidad cruzó generaciones e incluso la entonces primera dama, Nancy Reagan, se declaró admiradora. Gracias a esa imagen de héroe, se convirtió en embajador de campañas sociales, como la lucha contra las drogas dentro del programa «Just Say No», y participó activamente en iniciativas para alejar a los jóvenes de la violencia.

El combate más difícil: el cáncer

En 1995, fue diagnosticado con linfoma de células T, una forma agresiva de cáncer. Lejos de derrumbarse, el ex guardaespaldas asumió la enfermedad como una prueba espiritual. Fiel a su formación cristiana, se alejó temporalmente de los focos para centrarse en su recuperación y en fortalecer su vida interior. Durante ese proceso, tomó una decisión que sorprendió a sus seguidores: renunció al uso de las ostentosas joyas que lo habían acompañado durante años. «Cuando vi a tantas personas perder sus hogares y todo lo que tenían, sentí que seguir usando mi oro sería un pecado ante Dios. Lo consideré innecesario e irrespetuoso. Así que lo dejé», explicó entonces.

Hoy, a los 73 años, Mr. T continúa activo y comprometido con causas sociales. Reside en Los Ángeles, donde colabora con iniciativas benéficas, participa en un canal de televisión cristiano y mantiene una admirable forma física gracias a una vida disciplinada. Además, se mantiene muy presente en redes sociales, donde comparte reflexiones espirituales, pasajes bíblicos y mensajes de aliento. El pasado 21 de mayo, con motivo de su cumpleaños, compartió un emotivo mensaje de gratitud: «Quiero agradecer a mi Pastor, el Reverendo Eric D. Clopton, por darme una bendición de cumpleaños en la madrugada al orar por mí. Estoy tan agradecido con Dios por permitirme estar aquí un año más...».

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