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Henry Fonda y Charles Bronson protagonizaron Hasta que llegó su hora

Henry Fonda y Charles Bronson protagonizaron Hasta que llegó su hora

Historias de película

La sorpresa que se encontró Henry Fonda cuando trabajó al fin con Sergio Leone

El director había intentado que trabajara en La muerte tenía un precio, pero el actor había rechazado el guion porque no entendía su estilo

Después del estreno de El bueno, le feo y el malo en 1966, Sergio Leone había demostrado al mundo entero que había asimilado la tradición del wéstern para reinterpretarla a su manera. El spaghetti wéstern había cambiado el género para siempre, había cambiado sus escenarios, sus temáticas, su concepto del héroe y su interpretación de la violencia. Convirtiéndolo en algo mucho más sucio y terrible, Leone festejó el género.

El éxito de taquilla de la cinta y de las de otros directores italianos como Sergio Sollima o Sergio Corbucci, llegó hasta Hollywood. También hasta la mismísima casa de Henry Fonda. En 1964, Leone había intentado contactar con él para ofrecerle el papel del coronel Mortimer en La muerte tenía un precio, estrenada al año siguiente. Pero Fonda había rechazado intervenir en la película porque no entendía el estilo del joven cineasta ni confiaba en un wéstern italiano. Así que, tras su categórico rechazo, se lo ofreció a Lee Van Cleef, que ya no abandonaría el género jamás. Sin embargo, tras el éxito de El bueno, el feo y el malo, la reputación de Sergio Leone creció enormemente. Él seguía siendo igual de visionario, igual de revolucionario, pero ahora, con dinero.

Y así fue cómo, en 1968, el cineasta logró realizar el wéstern de sus sueños que protagonizaron los dos actores con los que llevaba años queriendo trabajar: Henry Fonda y Charles Bronson. Hasta que llegó su hora (en versión original, Once upon a time in the West) fue escrita por el propio Leone, Sergio Donati, Dario Argento y Bernardo Bertolucci, con banda sonora de Ennio Morricone y fotografía de Tonino Delli Colli. Y fue su verdadero ejercicio de estilo.

En él se cuenta la llegada a un pueblo en expansión de una mujer para reunirse con su nueva familia a la que, nada más llegar, encuentra brutalmente asesinada a manos de un veterano asesino al servicio del ferrocarril. Al lugar llega también un silencioso pistolero apodado Harmónica que va en busca de dicho asesino. Y en la piel de éste, uno de los villanos más aterradores de la historia del cine y más representativos del género, se metió uno de los mejores actores de todos los tiempos, el prototipo perfecto de héroe americano, eterno Wyatt Earp: Henry Fonda.

Este mismo explicaría en el popular programa The Dick Cavett Show el 20 de diciembre de 1969, cómo fue su experiencia en el género dando vida a Frank, el más aterrador de todos sus personajes: «Cuando me mandó el guion no podía creerlo y no lo acepté». Pero Leone no se dio por vencido y voló hasta California para convencerle. Y lo logró. «Así que me voy a Roma para hacer la película y como este tipo era el villano (…) me dejé un poco de pelo en la barbilla y un bigote para parecer más malvado de lo que parezco y pagué 350 dólares para hacerme unas lentillas marrones y no mostrar mis ojos color azul bebé. Y cuando llegué al set me dijo: '¡Fuera, yo no he pagado por esos ojos marrones!'».

Un Fonda de 62 años no las tenía todas consigo, pues la presentación de su personaje era la antítesis de todos cuantos había hecho en su prolífica y exitosa carrera: «En mi primera escena de la película, antes de verme a mí ves a una familia de granjeros muy feliz con el padre y tres hijos -una niña de unos 16 años, un joven de unos 18 y un niño de unos 9- preparando un picnic en frente de la casa con un montón de comida. Y en medio de este momento de felicidad de repente se oye un tiro desde fuera del plano y la chica cae asesinada. El padre se queda mirando atónito y un tiro en la frente le mata. Y el niño que iba a la estación a recoger a la nueva esposa del padre, ve a su padre y a su hermana hasta que se escucha otro tiro que le mata a él. Aparece el niño de 9 años con dos jarras y se queda mirando al padre, a la hermana y al hermano muertos. Mira hacia arriba y la cámara gira y aparecen cinco figuras armadas acercándose con largos abrigos y sombreros que no permiten ver sus caras en la distancia.

Todos con una pistola en la mano caminan muy despacio para converger en un único punto hasta que la cámara se pone detrás de uno de ellos mientras el niño les mira petrificado. La cámara se pone a girar y Sergio, el director, quería que todo el mundo al ver la cara a ese hombre gritara: «¡Dios mío, es Henry Fonda!» (…) que al final mata al niño». Y añadía, entusiasmado: «¿No les parece fuerte? ¡Eso al principio! ¡La primera escena de la película! (…) Fue una película de muchísimo éxito (…) Y al final la hice con mis ojos color azul bebé».

Hasta que llegó su hora fue un fracaso de crítica y público en el momento de su estreno, pero ahora es reconocida como una de las mejores películas de Sergio Leone. Una historia casi típica de codicia y venganza con un despiadado asesino y un pistolero misterioso que le busca. Es, seguramente, la cinta de Leone que más homenajea al wéstern clásico, pero con su manierista sentido estético y su obsesión por la dilatar del tempo narrativo. Leone fue un cineasta transgresor y único que hizo enormes logros con todas sus películas, escandalizando en muchas ocasiones. En ésta lo hizo mostrando a uno de los grandes héroes americanos masacrando a una familia a la que mira sin misericordia y con desprecio, pero, eso sí, con sus preciosos ojos azules.

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