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Fotograma de 'Espartaco', de Stanley Kubrick

Cine

'Espartaco', la película con la que Kirk Douglas sacó a Dalton Trumbo de la lista negra de Hollywood

Fue su proyecto más personal como productor y eligió personalmente al director Stanley Kubrick y a todos los actores

En 1960, Kirk Douglas era una estrella internacional. Llevaba quince años en Hollywood cosechando un éxito tras otro. El loco del pelo rojo, Senderos de gloria, Duelo de titanes, Los vikingos y El último tren de Gun Hill habían terminado de confirmarle como uno de los actores más rentables y taquilleros de la reciente historia del cine.

Desde que debutara en el cine en 1946 con El extraño amor de Martha Ivers, había trabajado en todos los géneros y con numerosas compañías. Son los años de Río de sangre, Retorno al pasado, Carta a tres esposas, El gran carnaval, Brigada 21, El trompetista, Camino de la horca y La ley de la fuerza.

Sin embargo, después de diez años en el corazón de la industria, Douglas quiere alejarse de los papeles impuestos por las compañías y de no poder intervenir en el desarrollo de unos personajes que él convierte en legendarios. Por eso, después de los éxitos de 20.000 leguas de viaje submarino y Ulises decide crear su propia productora a la que pondría el nombre de su madre, Bryna, lo que fue un riesgo tremendo, pues no era corriente que los actores se produjeran sus propias películas. Pero Douglas no tenía miedo al fracaso.

Libre del contrato que tenía con la Warner y queriendo dejar latente en su trabajo su mentalidad abiertamente de izquierdas, produce y protagoniza Pacto de honor, un wéstern que dignifica como pocos en el cine clásico al pueblo indio; Un extraño en mi vida junto a Kim Novak, un melodrama sobre la infidelidad; y Senderos de gloria de Stanley Kubrick, una de sus más rotundas obras maestras, un drama sobre el honor, la lealtad y lo despiadado de la guerra que sigue siendo una obra de referencia del género bélico.

Pero Douglas quería más. A finales de 1958, el actor se hace con los derechos de la novela de Howard Fast sobre el esclavo Espartaco y el propio autor hace un primer borrador de la novela, pero él lo rechaza. Así que le ofreció el guion a Dalton Trumbo, uno de los Diez de Hollywood que se negaron a testificar en el Comité de Actividades Antiamericanas del Congreso durante la caza de brujas anticomunista y que trabajaba siempre en la sombra y firmando con seudónimo. Douglas insistió y logró convencerle garantizándole que su nombre constaría en los títulos de crédito del filme, cosa que hizo rompiendo así esa época oscura de censura y persecución.

Con Trumbo en el proyecto fue a ver a la Universal que no tenía claro coproducir junto con su pequeña compañía una superproducción de 9 millones de dólares que acabó costando casi 12, más del valor que por entonces tenía la propia Universal. Pero también logró convencerles.

Implicado en todas las fases del proyecto, Douglas supervisó uno por uno los actores que fueron llegando al casting final. Charles Laughton y Laurence Olivier aceptaron sus papeles atraídos por la idea de una película de semejante magnitud y, a sabiendas de que entre ellos había cierta animadversión, el también productor propició que coincidiesen mucho en el rodaje para que sus choques favorecieran al odio que sienten mutuamente sus inolvidables general Craso y senador Graco. Peter Ustinov, conocido por reescribir sus papeles e improvisar en el set de rodaje, aceptó poniendo esa condición a Douglas, que la aceptó sin dudarlo.

Kirk Douglas se encargó de muchos detalles de la producción

Tony Curtis entró por deseo expreso del actor, pues habían tenido una relación excelente durante el rodaje de Los Vikingos y eran buenos amigos, por lo que solicitó a Trumbo que ampliase el papel de Antonino sobre todo en la parte final de la película. La última de las estrellas en sumarse al elenco de Espartaco fue Jean Simmons, aunque ella no fue la primera actriz considerada para el papel de Varinia. Los nombres de Elizabeth Taylor, Audrey Hepburn, Romy Schneider e Ingrid Bergman estuvieron encima de la mesa de Douglas antes que el suyo. No en vano, el papel fue para la actriz Sabine Bethmann, pero cuando el director Stanley Kubrick se sumó al proyecto la impuso como estrella femenina, tal era la mezcla de fuerza y vulnerabilidad de la actriz.

Kubrick había sido la primera opción de director de Douglas. Pero estaba comprometido en un proyecto con Marlon Brando y lo rechazó. Pensó entonces en el propio Olivier como director, pero éste también estaba comprometido con su compañía de teatro, con la que firmó una turné de un año. Así que acabó ofreciéndoselo al maravilloso director de wésterns Anthony Mann.

El rodaje empezó en enero de 1959. Pero apenas unos días después, tras el rodaje en la escena de apertura del filme en las canteras, Douglas le despidió. El actor se había dejado la piel en la preproducción del filme y no soportaba la idea de trabajar bajo las órdenes de un director que no atendiese a sus sugerencias, cuando no exigencias. Así que se plantó en casa de Kubrick con el guion definitivo del filme y un cheque de 150.000 dólares. Y este, que necesitaba dinero para realizar su Lolita, acabó aceptando sin demasiado entusiasmo.

Fotograma de Espartaco

Kubrick hace del rodaje de Espartaco una pesadilla. Choca con los actores cuyas acotaciones no acepta, se mete permanentemente en las decisiones del director fotografía, Russell Metty, y corrige las acotaciones del guion de Trumbo que acaba encolerizando y desaparece del set de rodaje durante un mes.

Sin embargo, todo se va encauzando al final. Después del rodaje en California para todas las escenas interiores, las exteriores se ruedan en España con más de 8.000 extras haciendo de soldados y protagonizando la legendaria batalla final que fue dirigida por el no menos legendario director de escenas de acción, Yakima Canut, responsable de la carrera de cuadrigas de Ben-Hur. El resultado es uno de los momentos más épicos de la historia del cine.

El esperado estreno de Espartaco se produjo en el otoño de 1960 y fue un grandísimo éxito comercial y de crítica. Douglas cumplió su promesa e incluyó a Dalton Trumbo en los títulos de crédito lo que consiguió rehabilitarle en la industria. Además, las alabanzas de John F. Kennedy después de verla, pese a que varias asociaciones anticomunistas intentaron boicotearla, favorecieron a que el filme, sólo en Estados Unidos, hiciera más de 14 millones de dólares de recaudación. Y, además, ganó cuatro Oscar: actor secundario –Peter Ustinov–, vestuario a color, director de arte a color y fotografía a color.

Sobre ella, su producción más personal y difícil, diría el propio Douglas: «Espartaco es una de mis películas favoritas porque es difícil hacer una película de esta magnitud y su caso es muy insólito porque pese a tener un arco narrativo tan ambicioso, cada actor brilla con luz propia: Oliver, Laughton, Ustinov, Jean Simmons… ¡Hasta yo mismo! Me parece una buena película que habla de un tema muy importante. Por eso me hace ilusión que haya gustado en tantos países».

Se quedó corto, seguramente, Kirk Douglas. Porque Espartaco es mucho más que una buena película. Es una cinta grandiosa, única e imperecedera del cine clásico. Una de las películas más enormes e íntimas de todos los tiempos. Una suma de talentos como pocas veces se ha visto en la historia del cine.