Kate Winslet y Leonardo DiCaprio protagonizaron la historia de amor entre una joven de primera clase y un polizón
Cine
La película del cine clásico a la que James Cameron plagió 'Titanic'
La tragedia del barco fue contada en Hollywood 40 años antes de que lo hiciera el mítico cineasta
En la madrugada del 15 de abril de 1912, el RMS Titanic, orgullo de la White Star Line británica, se hundió bajo las olas del Atlántico Norte. El barco naufragó tan solo dos horas y cuarenta minutos después de chocar con un iceberg y, a pesar de enviar un desesperado mensaje de auxilio por radio, se hundió con más de 1.500 pasajeros y tripulantes a bordo.
Han pasado 113 años desde el desastre que frustró el sueño de llegar a Nueva York desde Southampton y la tragedia se ha contado de todas las maneras imaginables: libros, películas, miniseries, obras de teatro e, incluso, musicales. Fascina a cualquier artista porque condensa todo lo que una buena historia debería tener: heroísmo, sacrificio, cobardía, instinto de supervivencia, humanidad... El barco ofrece un microcosmos social donde las divisiones de clase cobran más fuerza cuando la vida y la muerte penden de un filo hilo. Con mayor o menor éxito, algunos han sido capaces de hacerles justicia; otros, no tanto.
La versión más popular con diferencia es la épica que James Cameron dirigió en 1997. En su día fue la película más cara jamás realizada y la más taquillera de todos los tiempos hasta que otra dirigida por él mismo –Avatar– le quitase el primer puesto. La historia de amor de una joven de primera clase y un polizón conmocionó al público de manera extraordinaria. Por no hablar del transatlántico lujosamente equipado como concepto, que simbolizaba esa era de prosperidad anhelada por los pasajeros que se dirigían al Nuevo Mundo.
Pero, ¿es esta la versión más fiel, la original, la mejor? A día de hoy, hay quien se aventura a afirmar que no. Si el Jack Dawson de Leonardo DiCaprio ansiaba ser el 'Rey del mundo', su homónima femenina no sería Rose DeWitt Bukater (Kate Winslet), sino una película de 1958 en la que el conocido cineasta podría haberse inspirado más de la cuenta para su proyecto: La última noche del Titanic.
Basada en el relato meticulosamente documentado de Walter Lord sobre la catástrofe, este drama hollywoodiense de mediados de siglo fue elogiado durante décadas por su precisión histórica, sin perder la sensibilidad narrativa de una tragedia de estas características. Lo que nadie esperaba es que uno de sus grandes fans fuese Cameron y basase su guion en ella. Él nunca ha negado que tomase la película como una referencia, pero las escenas, planos y diálogos hablan por sí solos y dejan en evidencia que más que una inspiración, fue un plagio.
Escena de La última noche del Titanic en la que se inspiró Cameron
El mejor ejemplo de ello es la escena que refleja los últimos momentos con vida de Thomas Andrews (Victor Garber), uno de los personajes basados en uno de los pasajeros reales. Fue el constructor del barco y el responsable de convertirlo en uno de los más grandes y –aparentemente– seguros del mundo. Plenamente consciente de la escasez de botes salvavidas, se cree que permaneció en la sala de fumadores de primera clase hasta que se hundió, aunque también existe la hipótesis de que ayudase a la evacuación.
El dramatismo lírico que la trama exigía, en cambio, hizo que la escena en la que espera en su propia soledad a que el barco se hunda fuese una de las más populares de La última noche del Titanic. Un mayordomo le pregunta si no va a intentar salvarse, pero permanece callado y apoya ambas manos en la repisa mientras mira el reloj.
La mítica escena de los músicos tocando no fue una invención de Cameron
James Cameron recreó prácticamente plano por plano esta escena en Titanic, sustituyendo al mayordomo por Rose, que le pregunta una última vez si no va a intentar subirse a uno de los botes. La última vez que el público le ve en la cinta de Cameron es en un montaje de escenas que combina a la banda tocando, diferentes planos del hundimiento y a él apoyando sus manos en la repisa y cambiando la hora del reloj, tal y como aparece en la misma escena de la película de 1958.
Pero esta no es la única coincidencia de las dos películas. Ambas poseen, además, la caída al agua de una mujer al ser empujada, el oficial disparando al aire para contener a los pasajeros que se amotinan o incluso a un pasajero con bigote que se cuela en uno de los botes salvavidas destinados a las mujeres y los niños.