Harrison Ford, en el preestreno de Capitán América: Brave New World en Los Ángeles
Cine
Harrison Ford desvela su fe: qué le gustaría que le dijera Dios al llegar al cielo
Una sola frase, en el momento justo, basta para recordarnos por qué es una leyenda
De forma breve, inesperada y absolutamente brillante. Así respondió Harrison Ford cuando le preguntaron qué le gustaría que Dios le dijera al llegar al cielo. Fue en el año 2000, durante el mítico programa Inside the Actors Studio, presentado por James Lipton. El auditorio, repleto de estudiantes de interpretación, no sabía si reír, aplaudir o enmarcar la frase.
La pregunta formaba parte del célebre «cuestionario de Proust» con el que Lipton cerraba cada entrevista. Era un momento de introspección, casi espiritual. Pero Ford, con su singular mezcla de seriedad lacónica y sarcasmo refinado, lanzó la respuesta sin alterar un solo gesto. El público estalló en carcajadas. Lipton quedó inmóvil. Años después, reconoció que fue «una de las dos mejores respuestas que jamás había recibido». Y es que, como tantas veces en su carrera, no necesitó un discurso grandilocuente para destacar. Si alguien ha sabido mantenerse en la cima sin perder el norte, es él, aunque en esta ocasión respondiese a la pregunta con un: «Eres más guapo en persona».
Harrison Ford —Han Solo, Indiana Jones, Rick Deckard, el presidente de Air Force One, o el entrañable veterinario de El llamado de lo salvaje— no solo es una leyenda de Hollywood, también es un superviviente de su maquinaria. Nacido en Chicago en 1942, Ford trabajó como carpintero antes de hacerse famoso. Fue precisamente arreglando una puerta en las oficinas de Francis Ford Coppola, donde conoció a George Lucas. Su presencia imponente le bastó para subir a bordo del Halcón Milenario. El resto es historia. A día de hoy, sigue en activo, en plena forma, y figura entre los actores más rentables de la taquilla estadounidense.
Aunque su fama es indiscutible, no se deja impresionar. Todavía disfruta haciendo arreglos en su casa de Santa Mónica. Nunca ha perdido el gusto por lo manual, ni la conexión con lo cotidiano.
Siempre se ha identificado con el Partido Demócrata y, curiosamente, asistió al mismo instituto en Illinois que Hillary Clinton. En 1998, People lo nombró «el hombre vivo más guapo del mundo». Tenía 56 años. Aún ostenta el récord como la persona de mayor edad en recibir ese título.
En cuanto a la fe, no se adscribe a ningún credo. Hijo de madre judía y padre católico, se define como «un demócrata del pensamiento religioso». Su espiritualidad parece enraizada más en la naturaleza —pilota avionetas, planta árboles— que en dogmas. Sus raíces familiares son tan diversas como su carrera: ascendencia irlandesa, alemana y judía bielorrusa.
Harrison Ford, en una imagen de principios de año
Su amor por la aviación lo ha llevado a vivir más de un susto. En 1999 se estrelló en helicóptero; en 2015 tuvo que aterrizar de emergencia en un campo de golf tras una falla de motor. Resultado: pelvis y tobillo rotos. Pero sigue volando. Tampoco le inquieta lo que digan de él. En una entrevista con The Hollywood Reporter, desmintió que su carácter reservado se debiera a ansiedad social: «La opinión más importante es la mía», dijo con total naturalidad.
Y quizá por eso aquella respuesta divina fue tan perfecta. Mientras otros se hubieran perdido en reflexiones sobre la vida eterna, el juicio final o el perdón, Ford se limitó a pedir lo justo: que incluso Dios reconozca una verdad evidente.