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Solo Javier se estrena en los cines este viernes 12 de septiembreBosco Films

Crítica de cine

'Solo Javier': de promesa del tenis a monje, el viaje espiritual de Javier Sartorius

José María Anglés dirige una conmovedora aventura de conversión cristiana

El joven director José María Anglés se ha puesto tras la cámara para hacernos llegar una historia, que más allá de la innegable curiosidad que despierta, es una conmovedora aventura de conversión cristiana. La película, aunque se puede considerar de género fundamentalmente documental, contiene tantas escenas de ficción que más bien debería considerarse un docudrama. El arranque del filme ya engancha al espectador: vemos a un hombre joven que, bajo una intensa lluvia, avanza por un bosque con apariencia de desorientado. Por fin llega a lo que parece un monasterio y llama a la puerta. Le reciben un par de frailes de paisano que le dan sopa caliente y le interrogan sobre su identidad. Después de comunicarles su deseo de quedarse allí le preguntan por su nombre. El joven contesta: «Javier». «Javier qué, ¿no tienes apellidos?», le espeta uno de los religiosos. El visitante se sonríe en silencio y sobre la imagen se sobreimprime el título de la película: «Solo Javier».

Así comienza esta historia sobre la no muy larga vida de Javier Sartorius Milans del Bosch, que nació en Madrid en 1962 y que murió a los cuarenta y cuatro años después de una larga enfermedad. Javier pertenecía a una familia conocida de la alta sociedad madrileña. Creció llevando una vida despreocupada y desahogada, dedicado al deporte, a las fiestas y a las chicas. Tenía mucho éxito en la noche pija madrileña, y sobre todo en el tenis, ya que incluso Manolo Santana vio en él una gran promesa.

El primer giro de guion de su vida le llega cuando se marcha a estudiar a California y entra en contacto con el mundo de los «sin techo», que le tocan profundamente el corazón. Como San Agustín, comienza una búsqueda de sentido que le lleva a la espiritualidad oriental a la que se entrega de lleno. Pero parece que no le basta y se marcha de misión a Perú con su primo Billy, como voluntario de los Siervos de los Pobres del padre Salerno. Poco a poco se reencuentra con su fe cristiana perdida por el camino de la vida, retorna a España e ingresa en un monasterio. Pero enseguida aflora una enfermedad que le purificará y que le llevará a la muerte prematura.

Las recreaciones de ficción de la vida de Javier, encarnado por Tomás Farrell, son uno de los aciertos del film, brillantemente guionizadas, interpretadas y rodadas por Anglés. La parte documental contiene declaraciones de su biógrafo, Homero Val, de familiares, como su hermano Mauricio o su prima Rosa; y de amigos como Alejandro, Jordi o Jorge. El conjunto está cosido con una voz en off que emula la del propio Javier y que da unidad a la narración. El resultado es una película muy fresca, sin ninguna impostación –algo frecuente en producciones del mismo jaez- y atravesada de autenticidad. Formalmente es una cinta muy aseada, con una esmerada fotografía de Girbau Xalabarde. Una película dirigida a cualquier espectador al que le gusten las historias interesantes.