Max Steiner falleció en 1971
Cine
Max Steiner, el niño prodigio que se convirtió en padre de la música del cine
Este vienés pasó de ser el niño prodigio de la música austriaca al gran compositor de los primeros años del cine sonoro
Con la llegada del cine sonoro Hollywood tiró la casa por la ventana para agigantar aún más la distancia con la industria alemana, la única que aún le hacía sombra -y a la que, evidentemente, no ayudó nada la llegada del nazismo-. Por eso, a Los Ángeles comenzaron a llegar guionistas, directores, técnicos, intérpretes… de todo el mundo. Entre ellos, un compositor que creó el concepto de la banda sonora cinematográfica.
Este señor, conocido como el padre de la música del cine, nació en 1888 y se crio en Viena, donde llegó a recibir clases de piano de Brahms y de composición con Mahler. Aún más, los cuatro años de formación en la prestigiosa Universität für Musik und darstellende Kunst Wien los completó en uno solo. Pocos pensaban entonces, en torno a 1900, que este niño prodigio trasladaría el leitmotiv wagneriano a King Kong.
El nombre del niño prodigio que luego se convertiría en genio de las bandas sonoras hollywoodienses es Max Steiner. Curiosamente, llegó a Estados Unidos cuando, durante la Primera Guerra Mundial, se quedó atrapado en Inglaterra. Así, antes del salto a Hollywood, ya comenzó a hacer sus pinitos en Broadway, donde colaboró, entre otros, con George Gershwin.
Pero fue, a partir de 1929 y en Los Ángeles, cuando comenzó a construir su leyenda. Steiner participó en más de 300 películas. A veces como compositor; en King Kong (1933), por ejemplo, como si tratara de una ópera, decidió aplicar a cada personaje un leitmotiv musical diferente, lo que ocurrió por primera vez en el cine.
Otras como director de orquesta. Otras, como arreglista, como en Casablanca (1942): As time goes by no es una canción suya, pero la adaptación de la canción de Herman Hupfeld a los momentos más dramáticos del clásico son magia del músico vienés.
La gran aportación de Steiner al cine probablemente fuese su idea y habilidad de acomodar la música a lo que se veía en pantalla, es decir, componer para aumentar el dramatismo de la escena. Por ejemplo, quizás el momento más memorable de su obra sea la escena de Escarlata O’Hara poniendo a Dios por testigo en Lo que el viento se llevó (1939), en la que la música es tanto o más importante que las palabras, la interpretación, el movimiento de la cámara o la fotografía.
Steiner compuso la música de más de 200 largometrajes -más de 10 solo en 1939- y estuvo nominado a los Oscar en 24 ocasiones. Aparte de las ya citadas, destacan El delator, La carga de la brigada ligera, El sueño eterno, Murieron con las botas puestas, El sargento York, El motín del Caine o Centauros del desierto.