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Martin Scorsese, en una imagen de archivo

Martin Scorsese, en una imagen de archivoGTRES

Cine

La actriz que convivió con Scorsese en su peor momento: «No pegaba, pero podía destruir una habitación entera»

La intérprete fue testigo del derrumbe emocional del cineasta, cuando la furia dejó de ser cine y pasó a instalarse en casa: un infierno íntimo que la docuserie de Apple TV+ muestra sin romanticismo

El documental Mr. Scorsese, recién estrenado en Apple TV+ y dirigido por Rebecca Miller -hija del dramaturgo Arthur Miller y esposa de Daniel Day-Lewis- se presenta como un retrato del gran cronista de la violencia moderna. Sin embargo, lo que termina revelando es algo más íntimo: el descenso emocional de un hombre devorado por la exigencia de su propio genio. Entre el archivo personal del realizador, su infancia en Little Italy, el asma que lo obligaba a mirar el mundo desde las ventanas del cine y la culpa católica que moldeó su carácter, emerge una figura inesperada: Isabella Rossellini, la única que convivió con el volcán cuando ya nadie podía apagarlo.

La docuserie -cinco episodios con acceso total a sus archivos privados- muestra no solo lo que creó, sino lo que le costó crear.

Desde niño, el cine fue su refugio fisiológico y emocional. Los cines refrigerados eran el único lugar donde podía respirar sin ataques de asma, y a partir de ahí convirtió la sala oscura en un modo de existencia. El problema llegó cuando aquello que lo salvaba empezó también a encerrarlo.

A finales de los setenta, tras el éxito abrasador de Taxi Driver y el caos tóxico de New York, New York, la maquinaria de Hollywood lo empujó a un límite insostenible: cocaína, rodajes descontrolados, soledad y una sobredosis en 1978 que casi lo mata. Él mismo admite que hubo un punto en el que «ya no sabía cómo crear».

Martin Scorsese e Isabella Rossellini

Martin Scorsese e Isabella RosselliniApple TV+

Es ahí cuando aparece Isabella Rossellini. No conoció al maestro laureado que hoy el público venera, sino al hombre que estaba intentando sostenerse en medio del derrumbe. Su matrimonio (1979–1982) coincidió con el rodaje de Toro salvaje y El rey de la comedia, dos películas moldeadas por una rabia que, después del rodaje, seguía ardiendo dentro de casa. Lo que en el plató funcionaba como catarsis, en la intimidad se convertía en detonación. Ella recuerda aquella convivencia como vivir «junto a un volcán que no sabes cuándo va a estallar». No hubo golpes, pero sí un miedo sordo, permanente. «No pegaba, pero podía destruir una habitación entera», explica en el documental. El verdadero terror no era el estallido físico, sino la imprevisibilidad: «A veces se despertaba gritando antes incluso de empezar el día, como si la rabia llegara antes que el pensamiento». Y añade: «No era contra mí, era contra el mundo… pero yo estaba dentro de ese mundo».

Esa furia fue su combustible creativo, pero también su sombra doméstica. Ella fue, sin quererlo, el único espectador sin butaca ni distancia estética: lo vio sin cámara, sin montaje y sin escapatoria.

La ruptura llegó cuando él empezó a ascender de nuevo. El proceso de reconstrucción fue clínico: terapia intensiva, medicación y disciplina absoluta. Pero cuando el volcán se estabilizó, ella ya estaba exhausta. No salió como exesposa: salió como superviviente. La vida privada del cineasta quedó partida en dos: antes del abismo y después del exorcismo.

Después llegarían otros matrimonios, nuevas rutinas y una paternidad intermitente. Sus hijas mayores relatan que solo sentían verdadera conexión cuando él estaba filmando: si había película, había presencia; si no, silencio. Es uno de los aspectos más incómodos que la serie deja expuesto sin necesidad de subrayarlo: el artista sabía narrarlo todo, menos habitar lo cotidiano.

Hoy, el anciano cordial que aparece en virales junto a su hija menor parece otro, pero la grieta sigue visible. Bajo la figura del director admirado permanece el niño asmático que solo encontraba aire en la ficción. Para la industria fue el hombre que convirtió la violencia en arte; para Rossellini fue alguien que no sabía respirar sin ella.

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