Para esos pocos que piensen que Anthony Hopkins, a sus 87 años, ya no puede demostrar más su capacidad interpretativa es porque no ha visto El padre. El actor despliega un amplio abanico de emociones, haciendo gala de su considerable encanto y carisma mientras lucha por reconocer a su hija (Olivia Colman), coquetea con una nueva cuidadora o se desorienta en entornos familiares a medida que su mente le falla. Para muchos, es la mejor interpretación de su carrera: valiente, dolorosa y desgarradora, y por la que ganó su segundo Oscar al mejor actor.