Fundado en 1910
De izquierda a derecha, Harpo, Zeppo, Chico, Groucho y Gummo Marx

De izquierda a derecha, Harpo, Zeppo, Chico, Groucho y Gummo Marx

Cine

Quién fue el quinto hermano Marx del que nunca se habla

No intervino en ninguna de sus películas, pero estuvo siempre implicado en su carrera

No hay duda. Todo el mundo sabe que los Hermanos Marx fueron tres, Groucho, Chico y Harpo. Algunos frikis del cine clásico, o los más mayores, o los que recuerdan con cariño aquella programación fantástica de La 2, saben que, en realidad, fueron cuatro y que Zeppo participó en algunas películas. Pero a muchos se les olvida que hubo un quinto hermano Marx, uno del que apenas se habla cuando de manera recurrente se recuerda a estos genios de la comedia y que les acompañó toda la vida. De nombre Milton y nacido entre Groucho y Zeppo, se trata de Gummo, el quinto hermano Marx.

Al igual que sus hermanos, el cuarto de los hijos de Sam y Minnie Marx había empezado en el vaudeville a edad temprana. Su nombre artístico se lo había puesto su madre, porque el pequeño Milton era un niño muy inquieto que se movía tanto como una goma de mascar, gum en inglés. En aquellos primeros años, Groucho era el cantante del grupo; Harpo se ocupaba de tocar el arpa y la comedia física; Chico, de tocar el piano y la comedia verbal, y Gummo, de la actuación y el apoyo cómico.

Pero a la vuelta de su servicio en la Primera Guerra Mundial, Milton había cambiado. Su carácter se volvió más discreto y le interesaba menos la comedia. Siguió acompañando a sus hermanos aún un tiempo en los escenarios, pero cuando les llegó la primera oferta de Hollywood no lo dudó un momento y dio un paso atrás. En su lugar, entró Zeppo, hermano pequeño de los Marx al que él sacaba algo más de dos años. Durante la década de los 20, los cuatro hermanos se consolidaron en el escenario como uno de los grupos de comediantes más hilarantes de su tiempo, que destacaban por la improvisación verbal y física de manera grandiosa. Así, Groucho afianzó su maestría con el sarcasmo, Harpo, su faceta de mimo anárquico, Chico un histrionismo guasón y Zeppo adoptó el rol de galán o «serio» cuando todo se iba a de madre.

Quedándose al margen de la interpretación, Gummo, sin embargo, no abandonó al grupo. Se ocupó de la logística y la agenda de sus hermanos que, inicialmente, firmaron un contrato con la Paramount cuyas condiciones negoció el propio Gummo con mano férrea. En esta etapa caótica y casi surrealista, los hermanos Marx llevaron a la pantalla el tipo de humor y obras con que habían logrado el éxito en el teatro en Los cuatro cocos (1929), El conflicto de los hermanos Marx (1930), Pistoleros de agua dulce (1931), Plumas de caballo (1932) y la magnífica obra maestra Sopa de ganso (1933) que, para muchos, sigue siendo la mejor película de los Marx.

Eran satíricos, sarcásticos, críticos, profundamente gamberros y tenían escaso control por parte de la productora y de sus directores (Leo McCarey, director de Sopa de ganso se desesperó durante un rodaje lleno de improvisaciones). En este punto, Zeppo, insatisfecho por la vis poco cómica que había adquirido su personaje y por ser el hermano invisible de los Marx, decide dejar la interpretación y unirse a Gummo en M & H Marx Agency, agencia de representación de actores, tanto de cine como de teatro, que llegó a ser de enorme prestigio en el sector.

Juntos negociaron la entrada de Groucho, Chico y Harpo en la Metro a donde llegaron en 1935 con Una noche en la ópera. Pero Irving Thalberg, el todopoderoso productor de la MGM, cheque en blanco por delante, les exigió un plan de trabajo más ordenado y un enfoque un poco más narrativo. Y de ahí surgieron Un día en las carreras (1937), El hotel de los líos (1938), Una tarde en el circo (1939), Los hermanos Marx en el Oeste (1940) y Tienda de locos (1941) tras lo que se retiraron temporalmente.

Fueron las deudas de juego de Chico las que les hicieron volver todavía en dos ocasiones más con las divertidísimas Una noche en Casablanca (1946) y Amor en conserva (1949), ambas para United Artists y ambas negociadas por sus hermanos Gummo y Zeppo que nunca les dejaron de la mano.

Siempre apartado de los focos, sin embargo, Gummo era tremendamente divertido en los encuentros familiares y con un irónico sentido del humor. Y en esa línea se le atribuye esta frase: «durante muchos años después de retirarme de los escenarios, la gente me seguía llamando actor, pero durante mi carrera la mayoría lo negó vehementemente».

Lo que es innegable es, que desde el segundo plano y la sombra, ayudó a que sus Groucho, Chico y Harpo se convirtieran en los gigantes cinematográficos que todavía hoy siguen siendo y que hablaban de su hermano pequeño como el verdadero «encanto» y «héroe» de la familia.

Temas

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas