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Fotograma de la película FronteraFilmax

Crítica de cine

'Frontera': un curioso cóctel con judíos, catalanes, nazis, republicanos y franquistas

La película de Judith Colell refleja la indecisión entre cumplir la ley, obedecer la conciencia o velar por los propios intereses

La polifacética directora Judith Colell, presidenta de la Academia catalana de cine, se mete de lleno en la revisión histórica para adentrarse en unos hechos muy poco tratados en el cine español de ficción, por no decir nada tratados.

El argumento se sitúa a finales de la Segunda Guerra Mundial, en 1943, en un pueblo fronterizo del Pirineo catalán. Francia está ocupada por los alemanes y distintos grupos de judíos tratan de entrar en España, país neutral, a través de los bosques pirenaicos. En dicho pueblo hay una pequeña aduana al frente de la cual está el funcionario Manel Grau –Miki Esparbé–, un honesto padre de familia que sobre todo busca la paz y la seguridad para su mujer y sus hijos. Manel guarda un secreto: desertó del ejército republicano, no por falta de comunión de ideas, sino por miedo al que ya se descubría como inevitable final.

El alcalde del pueblo es Ovidi –Jordi Sánchez–, un oportunista que se muestra muy servil con el oficial nazi que manda al otro lado de la frontera. Ovidi también arrastra un dolor muy profundo en su matrimonio. El tercer personaje clave es el comandante de la Guardia Civil del lugar, el teniente Sánchez –Asier Etxeandía–, que trata de conjugar sus obligaciones con sus intereses personales. Un día llega a la aduana un grupo de judíos perseguidos, hambrientos y ateridos, con niños y mujeres. Los distintos responsables del pueblo tendrán que elegir entre cumplir la ley, obedecer a su conciencia o guiarse por sus propios intereses.

La película tiene sus luces y sombras. Entre los aspectos positivos destaca una producción muy digna al servicio de un argumento que contiene drama, aventuras, cine bélico y una potente trama familiar. Los actores logran mantener la contención de unos personajes que fácilmente podrían haber derivado al histrionismo. Otra virtud es la de tocar un tema poco tratado y que se desarrolla a caballo entre nuestra Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial. Destacan los trabajos de Miki Esparbé, que se mueve entre el héroe y el antihéroe, y el de María Rodríguez Soto, muy creíble como mujer discreta por fuera pero llena de fuerza interior.

Sin embargo, aunque la película trata de no ser demasiado maniquea y quiere presentar personajes complejos, no consigue liberarse de ciertos estereotipos guerracivilistas un poco previsibles. De todas formas, si no nos detenemos en ellos, encontramos una hermosa historia de solidaridad con los judíos, que en aquel momento eran los más necesitados de ayudas concretas.

Por otra parte, el guion de Ibáñez Monroy y Gerard Giménez es demasiado clásico y ofrece algunas escenas poco verosímiles, aunque se agradece su tono, que de cara al espectador busca sumar más que excluir. En definitiva, una película interesante y aprovechable a pesar de sus imperfecciones.