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C3PO y R2D2

C-3PO y R2-D2

Cine

La verdadera 'guerra de las galaxias': la mala relación entre los actores de C-3PO y R2-D2

Una de las parejas más icónicas del cine moderno ocultaba una relación tan tensa como inolvidable

En pantalla, C-3PO y R2-D2 forman una de las parejas más queridas de la historia del cine. Sus discusiones, su lealtad inquebrantable y su química robótica se convirtieron en parte esencial del alma de Star Wars. Pero fuera de los focos, la realidad distaba mucho de ser tan entrañable. Detrás del elegante protocolo de C-3PO y de los pitidos heroicos de R2-D2 se escondía una relación entre actores marcada por el distanciamiento, los reproches y una animadversión que duró décadas. Anthony Daniels y Kenny Baker, los intérpretes dentro de los icónicos trajes, jamás lograron mantener la camaradería que sus personajes exhibían en la pantalla.

Todo comenzó durante el rodaje de la trilogía original de George Lucas, cuando ambos actores tuvieron que aprender a convivir en condiciones de trabajo complicadas y disfraces extremadamente incómodos. Sin embargo, lo que podría haber unido a dos profesionales sometidos a esfuerzos similares terminó generando una barrera invisible. Según relató Baker en numerosas entrevistas, Daniels nunca mostró interés por crear un vínculo con él: «Nunca quiere tomar una copa con ninguno de nosotros», llegó a decir. El intérprete de R2-D2 recordaba con frustración ocasiones en las que intentaba saludar a su compañero y este simplemente le daba la espalda con un seco: «¿No ves que estoy teniendo una conversación?».

Kenny Baker actor del personaje R2-D2

Kenny Baker, actor del personaje R2-D2

Con el paso de los años, la tensión no hizo más que crecer. En 2005, Baker dio un paso más y calificó a Daniels como «el hombre más grosero» que había conocido. Aseguró que, en más de una ocasión, el actor lo «miró por encima del hombro» y lo hizo sentir «degradado y pequeño». Lo describía como una persona distante no solo con él, sino con el resto del equipo, e incluso con los propios fans de Star Wars. Su tono dolido dejaba entrever que esas fricciones no eran simples roces profesionales, sino heridas que venían de largo.

Daniels, por su parte, tampoco se quedaba atrás a la hora de lanzar dardos envenenados. En 2011 restó importancia a la interpretación de Baker en la saga afirmando: «Nunca lo vi. R2-D2 ni siquiera habla. Bien podría ser un cubo». Y tres años después, insinuó que su presencia en los créditos era más bien simbólica, una especie de «amuleto» o «talismán» que se mantenía por tradición, alimentando la percepción de superioridad que tanto indignaba a Baker.

Anthony Daniels como C-3PO

Anthony Daniels , actor de C-3PO

Este intercambio de declaraciones, lejos de apagarse, fue acumulándose hasta conformar una cronología llena de desaires que medios como The Telegraph han recogido a modo de testimonio de una enemistad sostenida. Baker incluso llegó a confesar que evitaba acudir a convenciones si Daniels estaba presente: «Depende. Si invitan a su señoría, el de los brazos de oro. Si viene, no estaré allí», ironizaba con evidente resentimiento.

Resulta paradójico que, mientras sus droides se convirtieron en un símbolo de amistad y lealtad para millones de fans, los actores que les daban vida representaran exactamente lo contrario. Su historia es casi un espejo invertido de la ficción galáctica: dos personajes inseparables interpretados por dos profesionales incapaces de congeniar. Y, sin embargo, su contribución conjunta construyó una de las parejas más icónicas del cine moderno.

Hoy, con Baker fallecido en 2016 y Daniels convertido en uno de los guardianes más leales del legado de Star Wars, aquella enemistad sigue siendo un recordatorio curioso de que incluso en los universos más fantásticos la realidad puede ser mucho más áspera. La verdadera guerra de las galaxias nunca estuvo en los sables de luz, sino dentro de dos incómodos trajes metálicos que ocultaban una relación tan tensa como inolvidable.

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