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Jonathan Roumie en The ChosenMovistar Plus

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El relato de conversión de Jonathan Roumie, Jesús en ‘The Chosen’

El rostro de Jesús en The Chosen, ha vuelto a traspasar la pantalla con un testimonio personal que interpela incluso a los no católicos y confirma hasta dónde puede llegar una serie cuando conecta con la fe, la duda y la búsqueda interior

No ocurrió en un plató ni ante una cámara. Ocurrió en silencio, bajo las bóvedas de la Catedral de San Patricio de Nueva York, durante una procesión eucarística del Napa Institute. Allí, sin guion ni artificios, Jonathan Roumie, el actor que ha dado rostro a Jesús para millones de espectadores, habló como lo que es fuera de la pantalla: un creyente que se sabe sostenido por la fe.

No se presentó como una estrella ni como el protagonista de una de las series religiosas más vistas de la historia. Habló desde la experiencia personal. «No podría haber interpretado la Pasión de Jesús sin la Eucaristía», confesó ante una catedral abarrotada. «Recibirla a diario me dio la fuerza para entrar en el sufrimiento, la pasión y la crucifixión de Cristo, no solo para el papel, sino para mi propia alma». Sus palabras fueron acogidas con un silencio denso, reverente, seguido de un largo aplauso.

The Chosen se ha convertido en un fenómeno global difícil de encasillar. Financiada inicialmente por micromecenazgo, traducida a decenas de idiomas y seguida por creyentes y no creyentes, la serie ha logrado algo poco habitual: humanizar a Jesús sin diluir su misterio. El Cristo que presenta es cercano, compasivo, profundamente humano, y ese enfoque ha abierto una puerta inesperada para espectadores alejados de la fe.

El propio actor lo cuenta con asombro. Asegura haber recibido mensajes de personas que se definían como ateas «de toda la vida» y que, tras ver la serie, comenzaron a interesarse por la Biblia, a acudir a la iglesia y, finalmente, a convertirse al cristianismo. «Si Dios quiere encontrarte, lo hará. Te seguirá. Irá tras de ti», repite. Para él, la serie no es el origen del milagro, sino el canal.

Su testimonio cobra más fuerza cuando se conoce su historia personal. Antes de convertirse en Jesús para millones, estuvo cerca de abandonar la interpretación. Sin trabajo estable, con problemas económicos y profesionalmente invisible para Hollywood, llegó a tocar fondo. Fue entonces cuando tomó una decisión radical: rendirse. No resignarse, sino entregar su carrera a Dios. Poco después llegó el papel que lo cambió todo.

Hoy, a sus cincuenta y un años, no habla de éxito, sino de misión. Utiliza sus redes sociales como herramienta de evangelización, anima a los católicos a vivir con mayor reverencia la Eucaristía e invita, sin imposiciones, a quienes no lo son a acercarse a ella. «No tienes que interpretar a Jesús en televisión», dijo con una sonrisa. «Pero puedes ser Jesús para las personas que te rodean».

En sus redes, esa invitación se traduce en gestos concretos. «Tomemos un momento de quietud para rezar un rosario -aunque sea una sola decena- por alguien que conoces o incluso por alguien que no», escribe en una de sus publicaciones, donde anima a ofrecer cada misterio como acción de gracias y como petición por quienes necesitan milagros. También promueve el uso del rosario como símbolo y herramienta de oración, integrándolo en su día a día digital.

Ese es, quizá, el verdadero alcance de la producción: no solo contar una historia, sino provocar movimiento. La sexta temporada, una de las más esperadas, se centrará en la Semana Santa y en los momentos previos a la crucifixión de Jesús, con estreno previsto para 2027.

¿Puede disfrutarla alguien que no cree? La pregunta circula con frecuencia en foros y redes. «No soy cristiano; me identifico más con el agnosticismo. Sin embargo, me fascina la historia de Jesús y cómo el cristianismo se convirtió en la religión más extendida del mundo», comenta un espectador. Otro añade: «Convencí a mi madre atea para que la viera y le gustó. Creció con películas religiosas como Jesús de Nazaret o Ben-Hur, cuando este tipo de historias formaban parte del entretenimiento común».