Cantando bajo la lluvia
Cine
Debbie Reynolds, sobre 'Cantando bajo la lluvia': «Es lo más difícil que he hecho junto con dar a luz»
La elección de la protagonista del musical más famoso de todos los tiempos fue en contra de los deseos de Gene Kelly
Sigue considerado el mejor musical de todos los tiempos, y no es para menos, ya que Cantando bajo la lluvia no sólo es un musical divertido, modélico y transgresor, sino que es un musical que celebra el propio musical, el de los años 30, 40 y 50 en que el género llegó a sus cotas más altas de excelencia. Cantando bajo la lluvia es el musical definitivo, pero lograrlo, por supuesto, no fue un camino de rosas.
Arthur Freed, uno de los productores de la MGM y el responsable de las películas musicales del estudio, encargó a Betty Comden y Adolph Green un guion en torno a un catálogo de canciones en donde había muchos temas escritos a finales de los años 20 cuando el cine sonoro irrumpía con fuerza en Hollywood. De ahí nació la idea de que la historia girase en torno a esa apasionante, pero también traumática transformación, la más grande que ha habido en la historia del cine.
Gene Kelly y Debbie Reynolds protagonizaron Cantando bajo la lluvia
Enseguida decidieron que debían presentarle el guion a Gene Kelly y Stanley Donen que acababan de terminar el rodaje de Un americano en París. Actor y director, entusiasmados, se involucraron en los ajustes del guion y en la planificación de las coreografías e idearon el momento central de la película: un número musical en que Kelly bailaría solo bajo la lluvia. Una escena que es no sólo el cénit de la película, sino una de las más importantes de la historia del cine.
El estudio aprobó inmediatamente la entrada de Donald O’Connor en el proyecto para hacer de amigo del personaje de Kelly, una estrella de cine mudo que ha de adaptarse a los cambios del sonoro. El bailarín propuso a Cyd Charisse como coportagonista, pero el estudio la rechazó inmediatamente y no porque no fuera una magnífica y talentosa bailarina, sino porque Arthur Freed, padre de Cantando bajo la lluvia, impuso a una casi desconocida Debbie Reynolds.
La actriz, de apenas 20 años, había intervenido en pequeños papeles en algunos musicales de la Metro desde 1950. La compañía veía un gran potencial en ella y querían darle un gran papel que impulsase su carrera. Pero cuando Kelly le hizo una prueba de baile se quedó horrorizado: Reynolds no sabía bailar. Él venía, para más inri, de trabajar con la bailarina profesional Leslie Caron en Un americano en París, con lo que su nivel de exigencia era altísimo. Además, era una estrella de lo más rentable y se sentía con poder suficiente para darle al productor su no más rotundo.
Sin embargo, ni la MGM ni Arthur Freed estaban dispuestos a ceder y después de semanas de quejas, llamadas de teléfono e intentos por parte de Kelly de paralizar el rodaje si no bailaba con Cyd Charisse (que acabaría interviniendo en una larga secuencia musical), el productor fue tajante sobre Reynolds: «Eres el mejor bailarín del mundo, ¿no? Pues enséñala a bailar».
Se escondía a llorar desesperadamente
La actriz contaría años después que cuando le dieron la noticia de que protagonizaría la próxima película de Gene Kelly «casi se desmaya» dada la exigencia que el actor, bailarín y cantante imponía a todo su equipo. Y así fue. Entrenaron y ensayaron más de ocho horas al día durante meses hasta que el también coreógrafo logró sacar oro de la actriz, sobre todo en otro de los momentos climáticos de la película, el número musical Good morning. Aunque ella lo pasó fatal. Acabó varias veces con los pies ensangrentados, se escondía debajo del piano a llorar desesperadamente y había días que dormía en el estudio para poder seguir practicando y lograr la sincronización perfecta entre O’Connor, Kelly y ella en la famosa secuencia. Reynolds aguantó, explicaría años después, repitiéndose a sí misma sin parar: «Sonríe, sigue, no te caigas. Sonríe, sigue, no te caigas…» Y así fue cómo, a base de unos ensayos agotadores y un ritmo de trabajo exhaustivo logró el éxito con Cantando bajo la lluvia, lo «más difícil» que hizo jamás, dijo, «junto con dar a luz».
Kelly, que empezó el rodaje muy insatisfecho por la elección de Reynolds, acabaría alabando años después la asombrosa disciplina con que la actriz abordó su trabajo: «Es asombroso lo que Debbie hizo con tan poca experiencia porque Donald y yo éramos bailarines, pero ella no. Y sin embargo parece tan natural como nosotros». Y es que, añadiría, «tenía una cualidad que no se puede enseñar y que es lo que de verdad sostiene una coreografía: Presencia».
Más de 70 años después, la maravillosa vitalidad, frescura y alegría de Cantando bajo la lluvia siguen intactas. Y fue mérito de todos ellos que esta indiscutible obra maestra, sin la menor sombra de dudas, siga siendo el musical de musicales.