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Fotograma de Moscas

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Cine

El retrato del dolor de un niño sorprende en el Festival de Berlín

Moscas ha sido una especie de bálsamo en esta séptima jornada del festival

Aun escaso año de su última aparición en la Berlinale con Olmo, el mexicano Fernando Eimbcke vuelve al concurso del festival con un filme íntimo y entrañable que narra de la soledad de las ciudades y las personas y de como un fortuito encuentro puede cambiar en un momento la vida de la gente.

Moscas ha sido una especie de bálsamo en esta séptima jornada del festival, ya que ni la anodina comedidrama o dramedia alemana, Etwas ganz besonderes, o el largometraje de animación japonés Hana rokusho ga akeru ni hi (traducido aquí como Nuevo amanecer) de Yoshitoshi Shinomiya reúnen las condiciones para ni siquiera figurar en competición.

Eimbcke tiene 55 años y con 33 saltó a la fama directamente con su primer largometraje, Temporada de patos, que en 2004 arrasó con todos los premios del festival de Guadalajara y con los Ariel (los Oscar mexicanos), anunciando así su predilección por el tema de la niñez y la temprana adolescencia.

Aquí, posiblemente por la edad, Eimbcke ha extendido su atención a la gente de mediana edad en la persona de Olga, una mujer jubilada que ocupa sus días papando literalmente moscas, jugando por internet, viendo televisión hasta quedarse dormida y molestándose por cualquier ruido que hagan los vecinos, hasta el extremo de taparse las orejas, aislándose de ese mundo al que no cree pertenecer.

Debido a un gasto imprevisto, Olga decide alquilar una habitación a un padre con su hijo de 13 años, Cristian, que está acudiendo a su esposa en un vecino hospital. Es gracias a esta irrupción inesperada en su vida que Olga aprenderá a huir de la soledad que la confortaba y a vivir en esa sociedad que rechazaba.

Gracias a un guion de su colaboradora habitual Vanesa Garnica, una resplandeciente fotografía en blanco y negro que pasa por todos los matices de gris y a una extraordinaria interpretación de la veterana Teresita Sánchez y de un novel Bastián Escobar, Eimbcke consigue adentrarnos en un mundo que solemos rozar pero nunca examinar a fondo, a pesar de ser el más difundido en todas la sociedades de nuestro planeta. En los títulos finales, el director agradece a su compatriota Alejandro González Iñárritu el haberle proporcionado «la semilla» de su nuevo filme.

Traducir al castellano el título del concursante alemán de hoy como Algo muy especial sería engañoso porque de especial no tiene nada. El alternativo de Home stories es más justo si bien la historia de una niña que gana un concurso de talent show ante la felicidad de parientes y amigas, más que un argumento es una ocasión para una serie de viñetas familiares, cuya selección en esta Berlinale sería incomprensible, si no fuera porque es casi una repetición.

Este es el tercer largometraje de Eva Trobisch, crecida en la Berlín oriental comunista de antes de la caída del muro, un hecho que a distancia de 37 años todavía insiste en su obra.

Cuenta la historia de una jovencita que participa en un talent show, venciéndolo, y dando ocasión a la directora para una serie de viñetas familiares, donde también se habla de restaurar a su antiguo esplendor un hotel perdido en un bosque centenario.

Y que decir de Un nuevo amanecer donde sin más animación que cartones pintados, copioso diálogo y sin un verdadero prodigio visual, como hubiera podido ser la descripción de un maremoto que verdaderamente asoló las costas japonesas en 2011, se pasan escuetos 76 minutos que parecen interminables.

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