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Mi querida señorita

Elisabeth Martínez y Nagore Aramburu, en el remake Mi querida señorita

Cine

Así ha cambiado 'Mi querida señorita', la película de José Luis López Vázquez cuyo remake llega a los cines

El director reconoce la responsabilidad de revisitar una obra que en su momento resultó revolucionaria al narrar la historia de una mujer de provincias que descubre su identidad masculina

Han pasado 54 años desde que José Luis López Vázquez se metiese en la piel de una mujer gracias a Jaime de Armiñán. La nueva adaptación de Mi querida señorita se estrena este viernes en cines con la intención de «arrojar luz sobre los aspectos menos explorados de la película original de 1972». Su protagonista, Elisabeth Martínez, subraya que las personas intersexuales siguen tan invisibilizadas como hace medio siglo.

Dirigida por Fernando G. Molina (Palmeras en la nieve), con guion de Alana S. Portero y producción de Javier Calvo y Javier Ambrosi para Netflix, la cinta fue presentada en el Festival de Málaga, donde compitió por la Biznaga de Oro.

Martínez asume el papel que en su día interpretó José Luis López Vázquez, mientras que Anna Castillo retoma el personaje asociado a Julieta Serrano. El reparto se completa con nombres como Nagore Aramburu, Manu Ríos, Lola Rodríguez y Paco León, este último en el papel de un sacerdote.

El director reconoce la responsabilidad de revisitar una obra que en su momento resultó revolucionaria al narrar la historia de una mujer de provincias que descubre su identidad masculina y decide comenzar una nueva vida en la ciudad. Aun así, plantea esta versión como un homenaje que aprovecha la distancia temporal para profundizar en elementos que en su día quedaron menos definidos.

Mi querida señorita 2026

Tráiler de Mi querida señorita

Uno de los ejes centrales ahora es explicar con mayor claridad la intersexualidad de la protagonista, entendida —según Naciones Unidas— como una condición en la que las características sexuales no encajan en las categorías binarias tradicionales. Martínez recuerda que la «I» no se incorporó a las siglas LGTBI hasta hace pocos años y reivindica la necesidad de visibilizar esta realidad.

La actriz afirma que el proyecto ha sido tan enriquecedor como exigente a nivel emocional. Aunque no comparte la misma historia que su personaje, reconoce una fuerte conexión con él y asume con responsabilidad su papel como referente para muchas personas intersexuales.

Ambientada en el año 2000, coincidiendo con una etapa clave para el Orgullo en Madrid, la película pone el foco no solo en la identidad, sino también en la búsqueda de pertenencia y afecto. Más allá del romance, el relato gira en torno al amor propio y a encontrar el lugar de cada uno en el mundo.

Para el director, la intersexualidad ofrece un potente marco para explorar la condición humana, una idea que la actriz vincula con una tendencia reciente del cine a contar historias más personales y diversas. Martínez concluye destacando la importancia de apostar por relatos que nazcan de inquietudes auténticas y aporten nuevas miradas al espectador.

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