Meryl Streep vuelve a ser Miranda Priestley en El diablo viste de Prada 2
Cine
La actriz que sintió miedo de Meryl Streep en 'El diablo viste de Prada’: «Me sudaban las manos»
El regreso de este clásico a partir del 30 de abril permite ver cómo Miranda sobrevive en un mundo que ya no le teme
Quince años después de que el chasquido de unos Manolo Blahnik sobre el mármol de la revista Runway cambiara la historia del cine y la moda, el elenco original se ha vuelto a reunir. Pero tras el glamour de las cámaras, los protagonistas han decidido destapar las costuras más amargas de un rodaje que fue, para su gran estrella, una auténtica pesadilla emocional.
Meryl Streep, la eterna dama de Hollywood, ha dejado a todos boquiabiertos al confesar que dar vida a la gélida Miranda Priestly fue una experiencia «horrible». Para lograr esa autoridad que helaba la sangre, la actriz decidió abrazar el famoso «método», permaneciendo en la piel del personaje incluso cuando las cámaras se apagaban.
Esta inmersión la llevó a recluirse en su tráiler, sintiéndose «miserable» y deprimida mientras escuchaba las risas de sus compañeros desde la distancia. «Nunca estaba de buen humor», admitió la oscarizada intérprete, revelando que el precio de su perfección fue una soledad tan abrumadora que decidió que esa sería la última vez en su carrera que utilizaría ese enfoque actoral.
Este clima de tensión no fue solo un peso para ella; marcó a fuego a las jóvenes del reparto. Emily Blunt ha confesado recientemente el pavor real que sentía: «Estaba aterrada; sentía que estaba en una zona de concentración impenetrable. Recuerdo cómo me sudaban las manos y saberme la siguiente línea que se iba a decir», incapaz de distinguir dónde terminaba la colega y dónde empezaba el «monstruo» de la moda. Aquella calidez y la risa extraordinaria que caracterizan a la Meryl real desaparecieron por completo, dejando en su lugar un silencio gélido que provocó que nadie en el equipo se atreviera siquiera a invitarla a las cenas del elenco.
Sin embargo, hubo un pequeño rayo de luz en medio de tanto hielo. Anne Hathaway recuerda que, durante la primera lectura de guion, estaba «realmente aterrada». Pero, tras decir su primera frase –aquella mítica pulla sobre si los de recursos humanos tenían sentido del humor–, la joven actriz logró lo que parecía imposible: sacarle una ligera risa a la imperturbable Meryl. Aunque Hathaway admite que se sintió intimidada, asegura que ese miedo la benefició en su actuación y que, a pesar de la distancia, siempre se sintió «cuidada» por la mujer que habitaba tras el personaje.
Emily Blunt, caracterizada como Emily Charlton en El diablo viste de Prada 2
¿Qué ha pasado en estos 20 años?
Si no quieres saber nada de la nueva trama, deja de leer aquí, porque lo que viene es pura adrenalina editorial. La secuela nos sitúa exactamente veinte años después del caótico paso de Andy Sachs (Anne Hathaway) por las oficinas de Runway. Pero olviden a la asistente tímida y desaliñada; Andy es ahora una galardonada periodista de investigación que ha cambiado las pasarelas por las grandes exclusivas, aunque se enfrenta a la cruda realidad de 2026: la brutal inestabilidad de una era digital donde el prestigio ya no garantiza el sueldo.
El verdadero giro de guion llega con Emily (Emily Blunt). Aquella joven que vivía por y para ir a París ha cumplido sus sueños de grandeza con creces: ahora es la flamante directora comercial de Dior. Esta posición la sitúa en la cima de la cadena alimenticia de la moda, justo en el momento en que su antigua jefa, Miranda Priestly, empieza a notar cómo el suelo se mueve bajo sus pies.
Stanley Tucci y Anne Hathaway, en sus papeles de Nigel Kipling y Andy Sachs
En esta nueva entrega, el brillo de la alta costura choca frontalmente con la decadencia del papel impreso. Somos testigos del deterioro del imperio que a Miranda tanto sacrificio (y sangre) le costó construir. Si antes las firmas de lujo le rendían pleitesía y suplicaban por un rincón en las páginas de Runway, ahora la realidad es demoledora: la editora se ve obligada a mendigar apoyos y financiación. Para evitar que la revista colapse definitivamente, Miranda tendrá que tragarse su legendario orgullo y recurrir a la única persona que puede salvarla: su antigua y sufrida asistente.
Esta inversión de los papeles de poder promete un duelo de titanes cargado de sarcasmo y venganza estilística. ¿Cómo reaccionará la reina del hielo al tener que pedir favores a quien antes despreciaba? Mientras tanto, la trama ha decidido limpiar el camino de distracciones sentimentales confirmando la baja de Adrien Grenier (Nate), dejando el escenario libre para una guerra absoluta entre estas tres mujeres.
De Andy sabemos que, pese a los años, no ha perdido el toque. Se comenta con insistencia un pequeño «accidente» en el rodaje: una caída de Anne Hathaway bajando unas escaleras que, según las malas lenguas del set, fue ejecutada con una elegancia tan impecable que hasta la propia Miranda tendría que darle su aprobación.