Meryl Streep, en El diablo viste de Prada
Cine
Meryl Streep revela por qué rechazó 'El diablo viste de Prada' antes de aceptar: «Sabía que me necesitaban»
Cuando Meryl Streep recibió la oferta para protagonizar la película de 2006, su reacción inicial dejó helados a los productores: no iba a hacer la película
En el cine, como en la moda, los detalles lo son todo, y hoy resulta imposible imaginar a alguien que no sea Meryl Streep dando vida a la gélida y brillante Miranda Priestly en la gran pantalla. Sin embargo, este personaje icónico, que se convirtió en el eje central de El diablo viste de Prada (2006), estuvo a punto de ser interpretado por otra persona debido a una lección magistral de negociación que la actriz ha revelado recientemente.
A sus 76 años, la ganadora del Oscar recordó en el programa Today with Jenna & Sheinelle que su primera respuesta al recibir el guion fue un rotundo rechazo. Aunque la historia le fascinaba, la oferta económica inicial no reflejaba su valor real en la industria. «Leí el guion. El guion era genial. Me llamaron, me hicieron una oferta y dije: ‘no, no lo voy a hacer’», relató la actriz con la franqueza de quien conoce perfectamente su peso en la taquilla.
La razón de este desplante inicial no era artística, sino una cuestión de principios y estrategia financiera. Streep, que entonces tenía 56 años, sabía que el proyecto tenía todos los ingredientes para ser un fenómeno global y decidió plantar cara a los estudios. «Sabía que iba a ser un éxito y quería ver si duplicaba mi petición. Y enseguida dijeron que sí», explicó. Esta determinación por defender su valía profesional cobra aún más sentido si se analiza el contexto en el que nació el filme original. Bajo la dirección de David Frankel, la película (basada en la novela de Lauren Weisberger) narra la odisea de Andy Sachs (Anne Hathaway), una periodista que desprecia la moda pero termina como asistente de la temible Miranda Priestly, editora de la revista Runway.
Meryl Streep, junto a Anne Hathaway y Emily Blunt, en un fotograma de El diablo viste de Prada
A pesar de que la película logró recaudar más de 326 millones de dólares en todo el mundo, Streep confesó a Stephen Colbert que el estudio inicialmente infravaloró el proyecto etiquetándolo como una 'chick flick' (película para chicas), lo que limitó el presupuesto. «Tuvimos que pelear por nuestro presupuesto», añadió, señalando que esa denominación «no ha envejecido bien después de Barbie y Mamma Mia!». Para la actriz, fue una batalla por demostrar que las historias con mujeres en el centro tienen un público masivo. De hecho, admitió con honestidad que aquel pulso con los productores fue un momento clave: «Estaba lista para retirarme. Pero fue una lección. Me necesitaban, eso sentía».
Dos décadas después de aquel hito, la expectación se ha vuelto a disparar con el estreno de la secuela, disponible desde el pasado 30 de abril. El contraste con la primera entrega es absoluto; ahora la industria no ha escatimado en gastos. «Esta vez, cariño, sí que gastaron el dinero», le aseguró la actriz a Colbert en referencia a la gran producción de El diablo viste de Prada 2. En esta nueva entrega, el reparto original (donde también brillaron Emily Blunt y Stanley Tucci) se refuerza con nombres como Lady Gaga y Kenneth Branagh, confirmando que Miranda Priestly sigue siendo una figura de culto.
Esta secuela, que cuenta con el regreso de Anne Hathaway y Stanley Tucci, además de incorporaciones como Lady Gaga, no solo es un desfile de moda, sino un agudo retrato sobre cómo el poder cambia de manos en la era digital. Mientras que en la primera película Andy Sachs buscaba sobrevivir a Miranda, en esta segunda parte es la propia Miranda quien debe luchar por sobrevivir a un mundo que ya no se rinde ante sus pies. Es esta combinación de autoridad y vulnerabilidad la que demuestra que Streep no solo interpreta a la jefa en la ficción, sino que lo es también en la vida real.