Gabriel Rufián no es muy aficionado al automóvil
«Pedro Sánchez sería un buen actor de novela turca y el PSOE se parece a mi lavadora» Rufián en Cara al Show
Dijo que estaría poco tiempo en Madrid y lleva más de diez años aferrado al sillón y buscando la forma de perpetuarse en un cargo público y cerca del poder
Juan Gabriel Rufián Romero, 44 años, de Santa Coloma de Gramanet (BCN), acude al rescate, como buen catalán, de su amigo Marc Giró en Cara al Show de La Sexta, para que remonte su audiencia y respire un poco más tranquilo. La tarea es complicada; Giró no ha entrado con buen pie y sus contenidos mantienen el sesgo homosexual cada minuto que habla. Es su forma de hacer televisión.
Dijo que estaría poco tiempo en Madrid y lleva más de diez años aferrado al sillón y buscando la forma de perpetuarse en un cargo público y cerca del poder. ¿Hay más hostilidad en las calles de Madrid?, le pregunta el presentador comunista, como él se ha definido: «Sí, es una ciudad estupenda, pero sí es cierto que el facherío está desvergonzado. Tengo que salir con mascarilla y gorra. Yo no tengo ningún tipo de escolta de seguridad. Sí, y me han agredido tres veces, dos por la calle».
Marc Giró le ha solicitado que ubicara a varios políticos cuando dejen la política, las famosas «puertas correderas». A Cayetana Álvarez de Toledo, Gabriel Rufián la ubica… «donde esté Pablo Casado, le encantará». No titubea, pero ha aprendido a «masajear» a los que ahora le interesan: «¿Oriol Junqueras?: Presidente de la Generalitat… si no me echa». Se ha derretido elogiando a Irene Montero, eurodiputada, y futura socia política: «Presidenta de lo que quiera. No he sido objetivo con ella. Yolanda Díaz ha sido una gran ministra». A Carlos Mazón: «Lo enviaría de bibliotecario de la cárcel, módulo 4». A Figairedo (VOX): «Lo enviaría al ejido a recoger tomates a 45 grados por tres pavos la hora con 50 compañeros de Senegal y que luego vaya al Congreso a explicar su mierda». A Isabel Ayuso: «La enviaría a la Plaza Mayor a poner cañas, 12 horas de pie por 800 pavos a alemanes e ingleses y que luego diga: ‘¡Madrid es la hostia, venid!'».
Quizás el momento de la entrevista más rufiniano ha sido cuando ha buscado el futuro de Pedro Sánchez: «Sería un gran actor de novela turca». No hacen buenas migas. Proclama que está a la izquierda del PSOE y que: «Cuando más conozco la izquierda española, más me gusta mi partido». Es un mensaje subliminal a ERC. Su futuro en la formación independentista está en el aire. Ha intentado crear «la gran izquierda», pero de momento no ha cuajado. Tiene un defecto: odia las reuniones: «Es un problema de la izquierda que siempre está reunida».
Gabriel Rufián en casa es superordenado, metódico con todo excepto con la lavadora. Su definición y comparación es de podio: «La lavadora es un agujero negro de frustraciones en el que yo he hecho de todo; me da igual que esté a tope, que se mezclen los colores; para mí es como el PSOE, todo cabe». Es un experto en hacer tortilla de patatas, «española de España», dice, como insinuando que es igual de independentista.
Y para finalizar una entrevista en la que Gabriel Rufián contaba intimidades que «pusieran como una moto» a Giró, le contó: Duermo en pelotas, me maquillo por las noches: hidratante, antiarrugas, antiojeras, y voy maquillado muchas veces… Pedro Sánchez va todo el día maquillado. Y la finalización del show es la confesión de Rufián: «He soñado contigo. Muy bien todo. Nos sobamos mogollón». Y Marc Giró, embebido de Rufián, le despide con un beso en la boca que… Rufián acompaña. La audiencia es sabia y suele acertar en sus sentencias.