Olivia Molina, en la película Un hombre de verdad
Crítica de cine
'Un hombre de verdad': nunca es tarde para conocer a las mujeres
El conmovedor despertar de un jubilado ante la vida real y el perdón familiar
Guillermo (Carlos Olalla) es un médico jubilado que pasa sus horas entregado a su gran hobby, la pintura. Vive en Madrid con su mujer, María, que se ocupa de todo lo de la casa. Tienen una hija en Canarias, Nuria (Olivia Molina), con la que Guillermo lleva muchos años peleado. Cuando María fallece de forma inesperada, Guillermo se da cuenta de que no tiene ni idea de cómo funciona una casa, y de que sin ayuda no puede salir adelante. Pero a la vez, su concepción absurda de la masculinidad, le impide reconocerse abiertamente dependiente y quiere mantener su falsa autosuficiencia a toda costa, rechazando las ayudas que le ofrecen su hija y su vecina Ángela (Rosario Pardo).
El primer largometraje de Liteo Pedregal retrata un modus vivendi que era el habitual en los matrimonios hasta finales del siglo pasado. Padre de familia trabajador y madre de familia dedicada, según rezaba el carnet de identidad, a «sus labores», es decir a servir a toda la familia (cocinar, limpiar, planchar, hacer las camas, ir a la compra, zurcir los calcetines y tener todo a punto). Se trataba de una mentalidad machista de tono bajo, en la que el amor y la cordialidad convivían con un reparto de roles muy definidos socialmente y del que convenía no disentir. De hecho muchas mujeres abandonaban su trabajo remunerado el día que se casaban. Lo interesante de la película es que más que condenar esa forma de entender el rol de marido, subraya todo lo bueno que se pierde el varón que vive así. El personaje de Guillermo se da cuenta, a su edad, de algo que jamás hubiera sospechado, y es que no tiene ni idea de cómo son las mujeres, qué necesitan y cómo tratarlas. Ese reconocimiento es el primer paso para un cambio que merece la pena. Pero la película es también una estupenda historia de relaciones paternofiliales. De rencores y perdones, de distancias y reencuentros.
Cartel de Un hombre de verdad
Carlos Olalla interpreta con mucha autenticidad un personaje que resulta entrañable a pesar de su cerrazón. Bajo su testarudez se nota su buen corazón, y el espectador comprende que él también es hijo de una determinada educación que le ha empujado a ser así. Protagonista y antagonista del film conviven en la misma persona. De todos los personajes femeninos del film, Ángela es la más interesante –y la más divertida–. A pesar de ser de la misma edad que Guillermo, ella sí ha estado atenta al cambio de los tiempos, y su mirada de mujer ve en Guillermo lo que él es incapaz de ver. Por su parte, Olivia Molina –cada vez más parecida a su madre, Ángela Molina– muestra también la cara oscura de la mujer actual, liberada pero no necesariamente feliz.
El conjunto funciona bien, y nos regala algunos hallazgos de guion y momentos de buen cine. Quizá el protagonista evoluciona demasiado deprisa y pasa con mucha facilidad de un estado de ánimo a otro, o de una relación a otra. El público objetivo del film es más bien maduro, pues para los más jóvenes la problemática del argumento no les resulta inmediata ni entienden demasiado el contexto histórico y social que explica esas conductas. A pesar de que la película se puede considerar como feminista, no estamos ante una cinta adoctrinante o aburridamente ideológica. Es un film de matices, de delicadeza humana,… una película para construir, no para destruir.