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concurso Grand Prix, Pilar Soto

Concurso Grand Prix, Pilar Soto y Ramón García

Televisión

Qué fue de Pilar Soto, antigua azafata de 'Grand Prix': de las adicciones al refugio de la fe

Pilar Soto alejada del ruido mediático y refugiarse en la fe católica

A finales de los años noventa y principios de los dos mil, Pilar Soto se consolidó como uno de los rostros más magnéticos y carismáticos de la televisión en España. La joven actriz hizo su primera aparición junto a Ramón García en el famoso concurso Grand Prix. Concurso en el que salía vestida de azul y amarillo y se encargaba de explicar en qué consistía cada prueba.

Como en muchos casos el éxito y la exposición mediática trajeron consigo una presión psicológica difícil de soportar. Pilar se sumergió en una espiral destructiva dominada por severos trastornos de la conducta alimentaria —como la anorexia y la bulimia— llegando a pesar tan solo 37 kilos. Una situación que combinó con una profunda adicción a las sustancias (drogas y alcohol) que la llevaron a ser ingresada en hospitales hasta en ochenta ocasiones . Además, esta desconexión consigo misma la llevó al límite absoluto, sufriendo múltiples sobredosis que la colocaron en varias ocasiones a las puertas de la muerte.

Tiempo después de haber aparecido nuevamente en concursos televisivos como en el programa La isla de los famosos en 2004, los médicos le dijeron que «había poco que hacer para salvar su vida». Fue precisamente en el momento más oscuro, postrada en la cama de un hospital cuando experimentó un punto de inflexión absoluto. En mitad de ese vacío existencial, Pilar Soto vivió una profunda experiencia mística que ella describe como un milagro y un encuentro directo con Dios. Aquella llamada interior transformó radicalmente sus prioridades.

Decidida a sanar desde la raíz, abandonó por completo el ruido mediático para refugiarse en la fe católica. Buscando paz y redención, pasó largas temporadas de absoluto recogimiento y oración en conventos de clausura, como el de las Clarisas. Hoy, completamente recuperada, Pilar Soto vive alejada de la fama efímera, dedicando su testimonio a demostrar que siempre es posible resurgir de las cenizas si se encuentra un propósito auténtico.

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