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Fotograma de El sueño americano

Fotograma de El sueño americano

Crítica de cine

'El sueño americano': Una historia real de baloncesto tan increíble como divertida

Se inspira libremente en unos personajes reales que nos trasladan al Paris de principios de siglo

Los productores de la aclamada cinta francesa Intocable (O. Nakache y E. Toledano, 2011) vuelven a ofrecernos una película llena de humor y humanidad a partes iguales. En este caso, El sueño americano se inspira libremente en unos personajes reales que nos trasladan al Paris de principios de siglo.

Allí coinciden dos enamorados del baloncesto: Jérémy Medjana (Raphaël Quenard), que trabaja en un videoclub, y Bouna Ndiaye (Jean-Pascal Zadi), que limpia aviones en el aeropuerto de Orly. Se les ocurre asociarse para buscar en los equipos locales jóvenes promesas del baloncesto y ofrecérselas a grandes clubes. Pero en realidad el sueño que albergan ambos es acabar siendo agentes de jugadores en la NBA. Un sueño que se antoja lejano no, imposible.

En esa aventura improbable, incierta y aparentemente surrealista, Bouna va a contar con la ayuda incondicional de su mujer, Fatoumata (Olga Mouak) y Jérémy de su novia Aby (Tracy Gotoas). A los reales Medjana y Ndiaye los conoció de casualidad el director de la película Anthony Marciano, y actualmente cuentan en su cartera con unos 30 jugadores en la NBA.

El argumento recorre los primeros años de esta sorprendente aventura, en la que acumulan más fracasos que éxitos y más deudas que ingresos. Lo que subraya la película es la tenacidad, la perseverancia y la fe en el proyecto de los protagonistas, que resurgen una y otra vez de sus cenizas como el ave fénix, desafiando continuamente la prudencia y el sentido común.

Pero lo que podría resultar para el espectador una trama exasperante, se convierte en una historia enormemente divertida, por su sentido del humor y por la continua picaresca en la que incurren nuestros personajes para conseguir sus objetivos. Una de las situaciones que más momentos cómicos nos brinda es el hecho de que ninguno de los dos sabe suficiente inglés como para afrontar una negociación. O que Jérémy trata de aparentar ante su novia un tren de vida que está en las antípodas de la realidad.

Aunque la película es para todo tipo de público, no cabe duda de que los amantes del baloncesto la disfrutarán doblemente. El amor por este deporte atraviesa el film de cabo a rabo. Los intérpretes son tan distintos entre sí como sus personajes, y lo que parece una asociación improbable es precisamente lo que paradójicamente funciona de maravilla. En ese sentido, la historia es también un canto a la amistad, a la lealtad y a la complementariedad.

Fotograma de El sueño americano

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Quizá por razones de montaje hay algunas escenas que se quedan cojas, como la de Fatoumata poniéndose de parto, o aspectos llamativamente ausentes, como la vida familiar de Bouna. Con todo, Un sueño americano destila positividad, simpatía y buenas vibraciones: divierte, emociona, inquieta… y sobre todo, en una sociedad patológicamente individualista, apuesta por un éxito compartido, en el que ninguno por sí solo puede alcanzar la meta, sino que se precisa de los otros, siempre diferentes y complementarios. Muy recomendable.

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