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Jude Law interpreta a Putin en El mago del Kremlin

Jude Law interpreta a Putin en El mago del KremlinDeAPlaneta

Cine

'El mago del Kremlin', el thriller político que recrea el ascenso de Putin al poder: cuándo y dónde verla

La película recorre la historia reciente de Rusia a través de imágenes de archivo que acompañan algunos de los momentos clave del político interpretado por Jude Law

La historia está plagada de relatos sobre el hombre detrás del hombre: aquel que movía los hilos, orquestaba los movimientos y observaba todo lo que sucedía. El texto inicial de El mago del Kremlin, dirigida por Olivier Assayas, nos informa que esta película es una «obra de ficción con intención artística».

En realidad, se basa, en la historia de un hombre así: Vladislav Surkov, un político y empresario ruso que fue un estrecho colaborador del presidente ruso Vladimir Putin hasta su abrupta destitución en 2020. Surkov era considerado por algunos como una figura influyente en el Kremlin y un manipulador de la opinión pública, que controlaba los medios para mantener el poder.

Su avatar en esta película es Vadim Baranov (Paul Dano), un hombre de modales apacibles y gusto refinado por el arte y la literatura. El guion, escrito por Assayas junto a Emmanuel Carrère basándose en la novela de Giuliano da Empoli de 2022, nos presenta a Baranov a través de un periodista y estudioso de Rusia estadounidense llamado Lawrence Rowland (Jeffrey Wright).

En la primera mitad, vemos a Rusia transformándose tras la caída de la Unión Soviética. Baranov, hijo de un funcionario público ejemplar, disfrutó de una infancia feliz, que casi le genera resentimiento. Con la disolución de la Unión, el joven Baranov se rebela a través del arte, como cualquier joven adulto en Occidente. Música rock por doquier. El arte era provocador y emocionante. Baranov dirige una obra de teatro y conoce a Ksenia (Alicia Vikander), de quien se enamora mientras ella ofrece un espectáculo punk en un edificio abandonado.

Pero, con el tiempo los geniales conciertos punk en lugares singulares se convierten en discotecas donde el vodka y el champán alimentan los excesos. Y Baranov pasa de ser un artista a un productor de una cadena de televisión privada con predilección por los programas de telerrealidad manipuladores. De repente, se reúne con oligarcas en fiestas privadas, como Dmitri Sidorov (Tom Sturridge), codeándose con magnates de los medios que buscan el poder político. Utilizan a Boris Yeltsin (George Sogis), aquí retratado como una marioneta apenas funcional, para promover sus intereses económicos.

Es Boris Berezovsky el que termina reclutando a Baranov para convertir al reticente director de los Servicios de Inteligencia en el próximo líder del país. Un tal Vladimir Vladimirovich Putin (Jude Law), que ve en Baranov el potencial para aferrarse al poder, en contra de los intereses de Berezovsky. La transformación de Rusia en una oligarquía se completa solo cuando los artistas rebeldes, hijos de los soviets, aprenden las maquinaciones del poder y la corrupción de la sociedad.

De esta forma, la película recorre la historia reciente de Rusia a través de imágenes de archivo que acompañan algunos de sus momentos clave: desde los años de la contracultura y el ascenso de los oligarcas hasta la llegada de Putin al poder, el hundimiento del Kursk, las protestas del Maidán, los Juegos Olímpicos de Sochi y la guerra de Ucrania. El mago del Kremlin, que está disponible en Movistar+ a partir del próximo 25 de septiembre, aborda este recorrido con un montaje arriesgado y una puesta en escena sofisticada que, ante todo, resulta eficaz.

Tráiler El mago del Kremlin

Tráiler El mago del Kremlin

La interpretación de Law va más allá de la mera imitación —él, al igual que muchos de los actores principales, tampoco adopta un acento ruso— y logra capturar con éxito la esencia de Putin, siempre desinteresado en formalidades y adulaciones, que lo hace tan singular. «No tuve miedo de las repercusiones. Me sentía seguro en manos de Olivier [Assayas, el director] y el guion era una historia que iba a ser contada de forma inteligente, con matices», declaró la estrella británica de 52 años. No se trataba «de buscar la controversia por la controversia», subrayó en una rueda de prensa durante la presentación de la película.

«Es una locura lo que se puede hacer con una buena peluca», bromeó. «No podía entender qué llevaba a mi personaje a hacer esto, o aquello, qué le motivaba, qué sentía. El gran desafío pasaba por intentar mostrar muy poco pero sentir muchísimo, porque [para actuar] hay que sentir desde muy adentro», añadió.

Más seriamente, explicó que al principio no sabía mucho de la vida y personalidad del mandatario y que recurrió a numerosas imágenes y videos de él para preparar el papel. En un momento dado, «se convirtió en una suerte de obsesión, cada vez buscando material más reciente».

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