20 de enero de 2022

El hotel W de Barcelona es una de las grandes obras de Ricardo Bofill en su ciudad natal

El hotel W de Barcelona es una de las grandes obras de Ricardo Bofill en su ciudad natalRBTA

La relación de Ricardo Bofill con Barcelona

El catalán fue uno de los arquitectos que contribuyó al cambio de la ciudad condal propiciado por los Juegos Olímpicos
Ricardo Bofill (Barcelona, 1932) dijo en una de las entrevistas que concedió que, después de la guerra, Barcelona era sucia, fea y pequeña. Y la intentó mejorar, desde luego, con algunos de sus proyectos emblemáticos. De hecho, fue uno de los que más contribuyó a dar forma a la Barcelona de los Juegos Olímpicos. Muchas de las construcciones que se hicieron en aquella época tienen su firma. Ahí están la sede del Instituto Nacional de Educación Física de Cataluña, junto al Estadio Olímpico de Montjuïc, que fue el escenario de las competiciones de lucha libre y grecorromana, en los JJOO. También tuvieron su sello algunas de las viviendas de la villa olímpica frente al paseo marítimo de Barcelona. Y la remodelación de la T1 del aeropuerto del Prat. Había que poner la ciudad condal al día.
Pero más recientemente Bofill ha dejado su impronta en la capital catalana con el hotel Vela, edificio que forma parte del skyline de Barcelona por su privilegiada situación en el Puerto y que hace de separación entre la infraestructura más industrial y la parte habitada de la ciudad. O la nueva terminal del Aeropuerto de Barcelona, la conocida como T-2, un edificio casi tan largo como Las Ramblas de la capital catalana. Bofill diseñó una estructura esbelta en forma de espada, inundada de luz natural a través de sus fachadas acristaladas. Y a todo esto hay que añadir el Teatre Nacional de Catalunya.
Y no nos podemos olvidar de una de sus «utopías» en una construcción destinada a vivienda social: el edificio Walden 7 en Sant Just Desvern, que rompió moldes en 1975 y que llamó la atención de otros arquitectos internacionales. Su hermana, Anna Bofill, decía que este edificio, en el que también vive, «representa un continente de vida cotidiana sumamente agradable, en donde los trayectos para ir a tu casa o a casa de un vecino o vecina se convierten en paseos por un universo de formas y colores que satisfacen la propia dimensión estética. El Walden-7, que empezó como un ejercicio experimental, al cabo de más de 25 años ha empezado a manifestarse como un entorno urbano en donde realmente se pueden realizar esos deseos y satisfacer esas necesidades que en otros conjuntos residenciales de la misma categoría social no sólo no se pueden realizar, sino que, al contrario, se frustran».
Terminal 1 del aeropuerto de Barcelona, obra de Ricardo Bofill

Terminal 1 del aeropuerto de Barcelona, obra de Ricardo BofillRBTA

Junto al Walden, Ricardo Bofill instaló su famoso Taller de Arquitectura», de donde salieron sus proyectos más carismáticos. Era una fábrica abandonada que Bofill convirtió en su hogar, y que consiguió reunir a poetas, como José Agustín Goytisolo, y a una docena de sociólogos, cineastas y fotógrafos.
De Barcelona, Bofill decía que continúa dando arquitectos «buenos» con una «gran capacidad» para el diseño y la reorganización del suburbio, pero también decía que el sistema «impedía» abordar la gran escala en el diseño urbano, el territorio y la ciudad región. De Cataluña afirmaba que es todavía un «país en construcción», peor lo tanto, «inacabado» y también dejaba claro que la arquitectura no es «buena» porque tiene una visión «endogámica».
Y tantos años de trayectoria han traído premios y reconocimientos, como el Vittorio de Sica Arquitectura Prize o la distinción ‘honoris causa’ por las universidades de Hamburgo (Alemania) y Metz (Francia). También ha sido galardonado con la Ordre des Arts et des Lettres de París o la American Society of Interior Designers de Nueva York, entre otros.
Será en su estudio donde se celebrará un acto de despedida los días 26 y 27 de enero en el que amigos, allegados y admiradores podrán acudir para homenajear al arquitecto.
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