'Carlos V a caballo en Mühlberg, de Tiziano'
¿Qué haría un Habsburgo? Siete reglas de vida
Artículo publicado originalmente en The European Conservative
¿Qué puede ofrecer a una sociedad moderna, progresista y liberal una familia de «gobernantes de hace siglos, una polvorienta familia imperial de un Imperio desaparecido hace tiempo»? El diplomático, escritor y Archiduque de Austria Eduard de Habsburgo-Lothringen responde a esta pregunta en su nuevo libro: The Habsburg Way: Seven Rules for Turbulent Times, publicado por Sophia Institute Press.
Fragmentos de historia general, junto con curiosidades de la historia de su propia familia, amenizan la lectura e ilustran las siete reglas propuestas para nuestra inestable y violenta época. En una hábil interpretación de la historia, Eduard de Habsburgo identifica los aspectos más esenciales de la diplomacia y las convicciones de su familia que son de aplicación no sólo a los príncipes y a los poderosos, sino a todos los miembros de la sociedad.
Tras un sucinto recorrido por la historia de la familia Habsburgo, que incluye a ilustres amigos y enemigos como el emperador Rodolfo, Federico III, Carlos V, Felipe II, María Teresa, Leopoldo, Francisco José, el emperador Carlos, y sus adversarios, como el Imperio Otomano o Napoleón, se presenta la filosofía de la familia en forma de siete reglas a seguir: Casarse y tener muchos hijos; ser católico; creer en el imperio; defender la ley y la justicia; saber quién eres; ser valiente en la batalla; y morir bien. Veamos más detenidamente cada una de ellas.
Regla 1: Cásate y ten muchos hijos
Sin familia, la sociedad tiende a colapsar en el aislamiento y el egocentrismo. Los niños aprenden los unos de los otros y de sus mayores. Eduard recuerda uno de los dichos más famosos sobre los Habsburgo: Bella gerant alii, tu felix Austria nube («Otros pueden dirigir guerras, tú, feliz Austria, cásate»). Eduard de Habsburgo-Lothringen atribuye gran parte del éxito de su familia a la «política matrimonial», que resultó más exitosa y consumió menos recursos que las costosas guerras. También refuta el argumento de que los Habsburgo se casaron con «sus primos» para conservar la «sangre pura». Se trataba más bien de un intento de mantener unido el Imperio de los Habsburgo, con el matrimonio como salvaguarda, a veces arriesgando mucho para conseguirlo. Y la estrategia funcionó. No sólo la unidad del imperio fue un éxito, sino que de los setenta y tres matrimonios entre las líneas austro españolas, todos los matrimonios pueden calificarse de felices. Eduard de Habsburgo-Lothringen resume sus reflexiones al respecto:
«Lo cual sólo quiere decir que un matrimonio exitoso no depende de que te cases con un primo, pero sí requiere hacerlo con alguien que comparta tus valores, ideas, fe y perspectiva. Añadiré esta reflexión adicional: dado que la fe católica proporciona un fundamento espiritual tan profunda, facilita la formación de un vínculo también muy profundo entre los cónyuges. Precisamente porque la fe católica es estable, crea estabilidad en los matrimonios».
Dicho esto, no todos los matrimonios a lo largo de la larga historia de la familia Habsburgo funcionaron tan bien, y el autor admite que algunos fueron «una catástrofe y un martirio silencioso». Por último, señala que la fe y los valores comunes forman la mejor base para un matrimonio feliz; nunca envejecen, a diferencia de la excitación de los primeros enamoramientos, que «aunque maravillosos, quizá estén ligeramente sobrevalorados en nuestros tiempos».
Regla 2: Sé católico
Eduard de Habsburgo-Lothringen explica que los capítulos del libro que tratan de la fe están escritos desde el corazón, y se enorgullece de que los «Habsburgo eran y, en su mayor parte, siguen siendo católicos». La historia y la identidad de los Habsburgo están estrechamente unidas a la fe católica romana desde los inicios del linaje. La fe católica era algo que formaba la identidad y guiaba la vida de los gobernantes. Eduardo de Habsburgo-Lothringen explica, citando numerosos ejemplos históricos, que la fe fue capaz de resistir grandes embestidas ideológicas como la Reforma, la Ilustración y otros ataques menores. Por su propia naturaleza el hombre necesita signos visibles en su vida de fe, como «procesiones, rosarios, novenas, la devoción al Sagrado Corazón y otras formas de la llamada piedad popular».
«Tras ochocientos años de presencia de los Habsburgo en la política europea, los miembros de nuestra familia siguen anteponiendo su fe y haciendo de ella el centro de sus vidas. Aunque muchos gobernantes Habsburgo fueran católicos imperfectos, Cristo vino a salvar a los pecadores. Y éste es un pensamiento muy esperanzador».
Regla 3: Cree en el imperio
Consciente de que la analogía puede ser engañosa, Eduard compara el Imperio de los Habsburgo con el imperio de la novela de Frank Herbert, Dune, y no con el Imperio de La guerra de las galaxias. El emperador de Herbert no tiene poder absoluto y solo puede mantener unido el imperio (es decir, las casas gobernantes) mediante la diplomacia. Aunque la idea de imperio suene mal a oídos modernos «ilustrados», Eduard subraya la importancia de la «subsidiariedad» en el Sacro Imperio Romano Germánico y en la monarquía austrohúngara. Es la idea de que «los asuntos deben ser tratados por el nivel institucional más bajo que sea competente para resolverlos, ya sea en países, estados u otras instituciones sociales».
Eduard argumenta, como ejemplo, que las comunidades políticas nunca deberían quitar responsabilidad a las familias. «La subsidiariedad ha sido un principio básico de la doctrina social católica durante milenios». Luego enumera las razones por las que una centralización del poder y de la formulación de políticas es propensa a la corrupción y a la destrucción de la sociedad: en primer lugar, es ineficaz; en segundo lugar, hay poca o ninguna rendición de cuentas, nadie parece responsable de las malas decisiones. Y por último, los seres humanos tienden por naturaleza a la interacción local en familias, ciudades y países con culturas comunes. «Es así como estamos hechos», añade.
«Cada vez que los niveles superiores de organización, alejados de los problemas a los que se enfrentan, imponen medidas asfixiantes en nombre de una idea, una ideología o la última moda científica, empiezan a extenderse los tentáculos de un nuevo absolutismo ilustrado ('sabemos más que nuestros súbditos, sabemos lo que es bueno para ellos y lo impondremos'). Tu respuesta debe de ser clara: protesta y exige que se respete el principio de subsidiariedad».
Regla 4: Defiende la ley y la justicia
El valor fundamental de la nobleza, afirma Eduard de Habsburgo, es la responsabilidad de servir, lo que a su vez significa anteponer el servicio a los propios intereses. En la era moderna, donde muchos monarcas tienen un poder constitucional muy limitado, su verdadero poder es el «poder del ejemplo». Esto contrasta fuertemente con el clima político actual, en el que los políticos se ven tentados a utilizar sus carreras como vías de ascenso y beneficio personal.
El respeto de la ley es una responsabilidad esencial del monarca. Un ejemplo conmovedor es Carlos V, que consideraba a los pueblos del Nuevo Mundo no como siervos a los que explotar, sino como súbditos a los que tratar con justicia. En una ocasión escribió que los indígenas «son nuestra responsabilidad, por el honor de Dios y en aras de la justicia».
Eduardo de Habsburgo también relata el encuentro de Francisco José y Theodore Roosevelt en el Hofburg de Viena. Cuando el expresidente y Premio Nobel de la Paz pidió al emperador que le explicara qué hacía exactamente, éste respondió sencillamente: «La idea del cargo que ostento es proteger a mi pueblo de sus políticos».
Regla 5: Saber quién eres
Otto de Habsburgo repetía a menudo la frase: «Quien no sabe de dónde viene no sabe adónde va porque no sabe a qué atenerse». También indicaba que los Habsburgo defendían la continuidad y que los valores tradicionales eran una cuestión de honor. Eduard señala: «Saber quién eres te da soberanía sobre ti mismo. Te dará confianza para no dejarte llevar por modas pasajeras, sino para seguir la verdad sobre ti mismo y sobre Dios».
Regla 6: Sé valiente en la batalla
Aunque históricamente los Habsburgo se basaban en la diplomacia para dar forma a sus políticas, no rehuían la batalla cuando era inevitable, pues «el conflicto humano es tan antiguo como Caín y Abel, y las guerras son tan antiguas como la humanidad». La batalla más notable podría considerarse la de Viena, el 14 de julio de 1683. Quince mil soldados del bando cristiano lucharon contra 150.000 otomanos. El asedio duró dos meses y Viena estaba rodeada por los enemigos. Pero cuando el rey polaco Jan Sobieski cruzó el Danubio y se unió a los refuerzos de Sajonia, Baviera y otros países, la dinámica de la guerra cambió. Tras asistir a la Santa Misa, comandó a 18.000 jinetes -la mayor carga de caballería de la historia- que aplastaron las líneas otomanas y obtuvieron la victoria.
Regla 7: Muere bien
En una vida llena de incertidumbre, una cosa es segura: la muerte. Aunque la muerte es segura, el cielo no lo es. Eduard recuerda al lector que «la mayoría de la gente parece ignorar alegremente que existe la posibilidad de que acaben en el infierno durante toda la eternidad». Continúa explicando que, incluso en la muerte, los Habsburgo eran conscientes de que tenían que «servir» dando a los católicos un buen ejemplo de cómo morir. Vivir bien nos lleva a morir bien, y el deseo de morir bien conduce a vivir bien.