El poeta y novelista Álvaro Mutis
Diez frases de Álvaro Mutis: el Robin Hood que robaba a los ricos para dárselo a los escritores
Se cumplen diez años de la muerte del poeta y novelista, Premio Cervantes y Premio Príncipe de Asturias, entre otros
Álvaro Mutis, colombiano casi solo de nacimiento y vacacional, fue hijo de diplomático. Sus recuerdos y su mina como escritor estuvieron en esas patrias, además de la de la infancia, como Bruselas, donde se educó, y como Colombia, concretamente la finca de café y de caña propiedad de su familia donde el autor señaló la naturaleza de su existencia. De un sitio a otro viajaba cada vez el joven Álvaro a través de un océano que siempre le fue familiar a tan curioso «marinero».
Empezó a trabajar como periodista sin graduarse en el colegio después de la pronta muerte de su padre. Después fue relaciones públicas en importantes multinacionales como Standard Oil. Tenía veinticinco años cuando publicó su primer poemario. Fueron ambas cosas, su amor por la literatura y su trabajo, que le permitía disponer de grandes cantidades de dinero, la conjunción fatal (o feliz), que le llevó a desviar sumas importantes para ayudar a sus amigos escritores.
La empresa descubrió al «ladrón», al Robin Hood que robaba a los ricos petroleros para dárselo a los pobres escritores, y Mutis huyó a su bosque de Sherwood particular, México, donde conoció a otro «prófugo» como Buñuel y a oriundos como Octavio Paz o Carlos Fuentes. Allí trabajó en una empresa de publicidad hasta que fue encontrado por la Interpol y encarcelado durante más de un año, etapa que significó un viaje, como aquellos de juventud en el océano, hacia la narrativa. La dura experiencia que el autor reconoció que fue la clave para convertirse en novelista:
«Sin Lecumberri (el palacio que fue una cárcel, donde pasó el encierro) no hubiera escrito mis siete novelas, ni nada de lo que ves», le escribió a Elena Poniatowska. «Realmente fue una experiencia muy enriquecedora. Lo he repetido muchas veces, pero vale la pena volverlo a decir, en la cárcel tú llegas al final de la cuerda. En la cárcel lo que sucede es verdad absoluta. Pierdes todos tus privilegios, nada te sirve para nada salvo la situación desnuda y brutal del encierro y eso es muy sano...».
Contó que todas sus novelas, con las que se estrenó a los 62 años, provinieron de su vida en la cárcel, la vida que empezó después de sus «aventuras» como benefactor cultural. Antes de esto Colombia ya le había dado su Premio Nacional de las Letras y el Nacional de Poesía, el primero de sus muchos galardones. Maqroll, el gaviero había salido de sus travesías intercontinentales de infancia, y de ellas también la Orden de las Artes y las Letras en grado de caballero, la Gran Cruz de la Orden de Alfonso X el Sabio, el Príncipe de Asturias o el Premio Cervantes, el premio más importante de las letras hispanas, la Ítaca de este navegante, doce años antes de su mutis final.