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Galera

Rogelio Rovira, Jaime Urcelay y José María Sánchez Galera

Coloquio sobre 'Esperanza de España' de Manuel García Morente

La esencia de España a debate: de hidalgo a caballero cristiano, y hoy ¿«escudero de la Agenda 2030»?

Cuando García Morente pasó por Lepanto en 1933, junto con estudiantes universitarios a bordo de un crucero, exclamó: «¡España, España, España!»

La figura de Manuel García Morente (1886–1942) y su pensamiento han ido atravesando, tanto durante su propia vida como desde su fallecimiento, una serie de etapas en las que la maduración —la búsqueda de nitidez y mayor rigor— puede considerarse una nota muy definitoria. Por eso, obras como Lecciones preliminares de filosofía, El hecho extraordinario o Idea de la hispanidad vuelven a ofrecer una visión que ayuda a aclarar un panorama que se ha vuelto demasiado turbio en nuestros días. En concreto, y a propósito de su idea sobre la identidad nacional y la vocación patria, Ediciones Encuentro ha publicado, en estas fechas, Esperanza de España, un volumen que contiene dos conferencias. La primera de estas conferencias, pronunciada en Tetuán en 1934, cabe considerarse como inédita hasta el momento, pues apenas se difundió por escrito, y en un ámbito muy reducido. La segunda de las conferencias era más conocida y la impartió García Morente pocos meses antes de morir, en octubre de 1942.

Manuel García Morente, en una imagen fechada en 1941

Manuel García Morente, en una imagen fechada en 1941EFE

Para charlar sobre García Morente, sobre su recorrido personal, sobre la confección de estas dos conferencias, y, sobre todo, sobre su concepto de España —y la implicación que suponga en los tiempos presentes—, la Universidad CEU San Pablo (Madrid) ha acogido un coloquio organizado por Ediciones Encuentro y la Fundación Cultural Ángel Herrera Oria. Tras una sucinta presentación a cargo de Fernando Lostao —director gerente de la Fundación—, han hablado José María Sánchez Galera —colaborador de El Debate y profesor de Universidad, y que ha ejercido de moderador—, Rogelio Rovira —catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid—, y Jaime Urcelay, a quien ha correspondido estudiar y presentar los dos textos que componen Esperanza de España.

«Concepto de nación como esencia vital»

El profesor Rovira disertó acerca de la vida de García Morente, su enjundia intelectual —que, además de su intensa carrera académica, incluyó una serie de participaciones en actividades culturales dentro y fuera de España, verbigracia, en Buenos Aires— y también el proceso de su conversión a la fe. En su opinión, Esperanza de España resulta de enorme interés hoy «no sólo porque nuestra situación española actual reclama con urgencia ideas verdaderas, sino también porque nos da ocasión de reparar nuevamente en la importancia y la significación de Manuel García Morente». Por eso, este es uno de esos «libros llenos de sabiduría sobre el ser de lo español y la esencia de España, libros que nos llenan el alma de genuina esperanza por nuestro porvenir patrio». Asimismo, Rovira recalcó que las conferencias de 1934 y 1942 implican un concepto de la nación «como una persona, con una esencia vital».

Portada de 'Esperanza de España', de Manuel García Morente

Portada de 'Esperanza de España', de Manuel García Morente

Por su parte, Sánchez Galera apuntó a varios aspectos y planteó algunas preguntas. Por ejemplo, se refirió al crucero universitario de 1933 en el que viajó —junto con estudiantes y profesores de la Facultad de Filosofía y Letras de la entonces Universidad Central— García Morente, y que recaló en ciudades como Atenas y Jerusalén, donde el filósofo impartió conferencias que —según asume Urcelay— debieron de versar sobre la historia y esencia de España. Rovira anotó que, cuando dicho crucero universitario pasó por el golfo de Lepanto, García Morente convocó a cubierta a los estudiantes para que contemplaran el paisaje marino y costero, y exclamó con júbilo: «¡España, España, España!». En este sentido —recuerda Sánchez Galera—, García Morente postulaba en la conferencia de 1934 el ideal del «hidalgo», forjado en la España de los siglos XVI y XVII, y definido por su vocación de civilizador del mundo y apóstol de la dignidad humana. Una postura más bien ascética —espiritual, desinteresada— y que contrasta con el pragmatismo materialista por el que optaron otras naciones.

«Tributo de gratitud»

Durante su intervención, Jaime Urcelay amplió varios de los temas perfilados por Sánchez Galera y compartió una serie de coincidencias entre su historia familiar y la de García Morente. Leyó varios pasajes de la obra del filósofo nacido en Arjonilla (Jaén), como este: «No olvidéis nunca que, para ser buenos caballeros cristianos, habéis de servir irremisiblemente a estas tres grandes cosas: a Dios, por encima de todo; a España, después de Dios; y cada uno de vosotros, a vuestro honor». Urcelay agradeció a Encuentro la oportunidad y el «privilegio» de editar la conferencia inédita de 1934 —disponible sólo en una exigua publicación del Club Rotario de Tetuán, donde se pronunció la conferencia, y cuyas escasas huellas han sobrevivido en un par de librerías «de viejo» de Palma de Mallorca o Barcelona. También se mostró en deuda con el legado del propio García Morente: gracias a su lectura «descubrí cuál podía ser mi mejor yo: amando e intentando servir». Para Urcelay, participar en esta edición ha sido «un tributo de gratitud».

El modelo de García Morente es en 1934 el «hidalgo español»

Jaime Urcelay señala: «El contexto de la conferencia de 1934 es llamativo, debido al crucero de 1933 por el Mediterráneo». Durante ese viaje, García Morente «habló muchas veces de España con gentes muy diversas, y recibe la invitación, de manos de Jacobo Bentata, del Club Rotario para impartir una serie de conferencias» en enero de 1934 en Tánger, Tetuán y Ceuta. En aquellas fechas, el Club Rotario de Tetuán contaba con sólo 26 afiliados. El contexto de aquel entonces, de Jacobo Bentata y de esas ciudades africanas contiene un fuerte peso de las comunidades judías y, probablemente, de la «numerosa población musulmana». Estas circunstancias, unidas a su falta de fe, hacen que García Morente omita las referencias al cristianismo y a Dios, e incluso que describa la Reconquista en términos muy condescendientes. En síntesis, su modelo en 1934 —como ya se ha comentado— es el «hidalgo español».

Alusiones a Dios y a la religión

Su conversión, su ordenación sacerdotal y el impacto de la Guerra Civil —con su fuerte componente de «Cruzada», de persecución religiosa— suponen una serie de cambios que García Morente evidencia en su conferencia de 1942. No sólo varía su visión de la Reconquista, sino que el texto se halla repleto de alusiones a Dios y la religión, como fundamento del ser de España. «García Morente participa de ese ambiente con un optimismo en que se cree en una restauración de la civilización cristiana», dice Urcelay. Por eso, el «hidalgo» se convierte en «caballero cristiano». A lo cual pregunta Sánchez Galera si, olvidado el ideal laico de «hidalgo» —que podían compartir Sánchez-Albornoz o Américo Castro, pero que hoy ha sido expulsado del consenso político—, España ha pasado a ser «escudero de la Agenda 2030». Urcelay recogió el guante y advirtió sobre los riesgos que supone esta nueva cosmovisión y antropología, así como el olvido, por parte de España, de los ideales a que invitaba García Morente.

Al cerrar el acto, y tras un turno de diálogo con el público, los integrantes del coloquio recordaron la importancia que, para su retorno a la fe, tuvieron las mujeres en la vida de García Morente: desde su esposa (fallecida en 1923) y su madre, hasta sus hijas y su hermana Guadalupe. Una importancia similar a la ejercida en muchos otros grandes hombres —desde los apóstoles o Agustín de Hipona— que ha habido a lo largo de la historia de la Iglesia.

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