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Los participantes en el acto de presentación de la Bienal Climática con Jordi Martí, secretario de Estado de Cultura en primer plano

Acto de presentación de la Bienal Climática con Jordi Martí, secretario de Estado de Cultura, a la derechaMinisterio de Cultura

Nace la Bienal Climática, el último engendro «cultural» de un Gobierno infestado de ideología

Se trata de «un espacio de reflexión» que «abra nuevos imaginarios políticos de cambio social y acción colectiva», según Jordi Martí, secretario de Estado de Cultura

El cambio climático como motivación artística ya era uno de los principios de la Agenda 2030. Era y es un propósito en las actitudes y en el lenguaje del Gobierno, su estructura ya estaba escrita en un plan de transformación social y ahora cobra una nueva imagen y representación en la llamada Bienal Climática que el Gobierno anunció el pasado lunes.

«Bienal de arte y clima»

Es la primera e insospechada «bienal de arte y clima» que nace con la participación del Ministerio de Cultura, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, el Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana en colaboración con la Fundación Atelier itd., financiada con fondos europeos y en cuyo patronato figura un elenco escogido de «expertos» e «interesados» en «sostenibilidad».

¿Y el arte? Ya lo ha repetido el ministro Urtasun en distintas ocasiones y en esta lo ha vuelto a hacer el secretario de Estado, Jordí Martí, en su representación: «Era necesario la creación de un espacio de reflexión y experimentación artística sobre la emergencia climática, que deje atrás los discursos catastrofistas y abra nuevos imaginarios políticos de cambio social y acción colectiva. La cultura, y en especial el arte, tienen un papel fundamental para convertir en imprescindible aquello que ayer nos parecía inverosímil».

La nada envuelta en el lenguaje

Hacer imprescindible (no posible, sino imprescindible) lo inverosímil, aunque sea absurdo y, sobre todo, ideológico y siniestro. Según el Ministerio de Cultura, «la Bienal Climática será un espacio de encuentro que, cada dos años, propone emplear la cultura y el arte para fomentar la reflexión, el debate y la acción en procesos de transición climática justos». La retórica es conocida: la nada envuelta del lenguaje al que se refería George Orwell que podía cambiar el pensamiento, ahora más que un «simple» lenguaje.

En Avilés se va a celebrar la primera edición de este engendro woke, que pretende proseguir su camino en próximas celebraciones en otros lugares españoles e internacionales. Se escribe «simple» lenguaje entre comillas porque es en él donde radica toda su falsa fuerza asombrosa. De este modo se pueden leer frases (del Ministerio) como: «La Bienal Climática reformula el modelo tradicional de bienal para promover la producción artística y comisarial (esta palabra no está en el diccionario) sostenibles y proponer un dispositivo híbrido que apele a públicos diversos, con códigos más allá del arte contemporáneo y del expositivo».

Ministerios «orwellianos»

No se entiende nada, pero es precisamente lo que se pretende: que nadie entienda nada, pero pase por el aro de la nada en una suerte de distopía hecha realidad. «Pasen, pasen», parece decir Urtasun y el Gobierno, satisfechos de su nada, de su Nadie, como se hizo llamar Ulises cuando escapó de Polifemo. Aquí el Gobierno es tan feo y salvaje y cruel como el cíclope, pero no tiene su apariencia monstruosa. El pueblo pasa a la cueva del hijo de Poseidón para que este lo devore, sin que se note.

Otra de las frases es la siguiente: «También se propone impulsar el fomento de la investigación científico-artística con residencias artísticas en la Aemet y el prototipado de proyectos artísticos para espacios e infraestructuras públicas», y toda esta maravilla ininteligible es «para promover la adaptación al cambio climático». Por supuesto, no solo está Cultura en el ajo, sino también el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (nombre donde los haya) y el Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana, acaso remedos de los ministerios del Amor, de la Abundancia, de la Paz y de la Verdad orwellianos.

«Preparar a la ciudadanía»

Si Martí, secretario de Estado de Cultura, afirmó querer hacer imprescindible lo inverosímil sin el menor asomo de sonrojo, no se quedó atrás Hugo Morán, secretario de Estado de Medioambiente (entre secretarios anda el juego): «Necesitamos contar con la aceptación social de nuestros ciudadanos. Necesitamos sumar voluntades para implementar el cambio transversal (...) pocos actores mejor posicionados que nuestros creadores y artistas para promover la transformación cultural, la sensibilización social y la modificación de hábitos y costumbres necesaria para construir un país que se reconcilie con su naturaleza».

Es como si estuviera hablando el Gran Hermano: «El objetivo principal es preparar a la ciudadanía, siguiendo los principios de los ODS a través de la Agenda 2030 y la Agenda Urbana Española...», dijo David Lucas, secretario (otro) de Estado de Vivienda y Agenda urbana. La ingeniería social al descubierto entre toda la maleza del lenguaje, entre matorrales como: «La Bienal Climática está diseñada como un dispositivo híbrido y descentralizado, emancipado del gran formato expositivo tradicional, con el objetivo de conectar con públicos muy diversos más allá del especializado en arte contemporáneo».

La utopía como objetivo

Ya ni siquiera el arte contemporáneo es base de nada. Es la anarquía ideológica dirigida por un Gobierno que menciona la utopía como meta en «un contexto global de emergencia ambiental, aumento de las desigualdades y radicalización de los discursos de odio y polarización». Dicen que «la utopía no es un horizonte lejano a futuro sino una práctica colectiva de presente» y que «Bajo esta premisa, la Bienal Climática reivindica el papel del arte y la cultura en la activación de haceres utópicos». Casi cabría decir que sálvese quién pueda o, mientras nadie no lo remedie, al menos manténgase lejos de Avilés (escena de nuestro cuento) entre mayo y septiembre de 2026.

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