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El escritor William Somerset Maugham en 1965

El escritor William Somerset Maugham en 1965

Diez frases de Somerset Maugham, el multimillonario escritor «de la primera fila de la segunda categoría»

El escritor británico, gran superventas de su época y denostado por muchos como autor, también fue espía durante la I Guerra Mundial

Una de las eternas confrontaciones de la literatura es la del escritor prestigioso y la del escritor exitoso. Es difícil que ambas personalidades se den en un único individuo. Se ha visto a lo largo de la Historia, se sigue viendo en el presente y se seguirá viendo en el futuro, si es que queda alguno de los que aquí se han llamado prestigiosos.

El número, las ventas, las visualizaciones o las visitas son las distintas formas de llamar a lo único que prácticamente interesa en cualquier ámbito: el de los libros, el de la prensa, el del cine o el de la música, artes tristemente convertidas en mera cantidad. Pero no hay que ponerse excesivamente nostálgico porque en realidad siempre fue así.

Francisco Umbral dijo de Arturo Pérez-Reverte que no tenía estilo, y este le respondió que él lo que no tenía eran lectores. Está la industria y está el arte, que puede ser poco industrial al principio y una impresionante cadena de producción (además de arte) después de él, incluso después del propio autor: el caso de Van Gogh es uno de los que suelen venir primero al pensamiento a este respecto.

William Somerset Maugham, médico de carrera que nunca ejerció, fue en sus días uno de los que no tenía estilo y sí muchos lectores. Tantos que le convirtieron en multimillonario. Primero fue dramaturgo. Y un dramaturgo arrasador. Todo su contemporáneo mundo vio las obras que de repente dejó de escribir para dedicarse a la novela, de la que surgieron películas que contribuyeron a llenar aún más sus cuentas bancarias.

diez frases de somerset maugham:

«El dinero es como un sexto sentido; sin él no podríamos usar completamente los otros cinco».
«Sólo avanzada ya mi vida me di cuenta de cuán fácil es decir 'no lo sé'».
«Hay tres reglas para escribir una novela. Lamentablemente, nadie sabe cuáles son».
«Adquirir el hábito de la lectura es construirse un refugio contra casi todas las miserias de la vida».
«En su lucha contra el individuo, la sociedad posee tres armas: ley, opinión pública y conciencia».
«Solo un inepto rinde siempre al máximo de sus posibilidades».
«La mayoría de las personas abandonan sus vicios sólo cuando les causan molestias».
«La gran tragedia de la vida no es que los hombres mueran, sino que dejen de amar».
«Sólo los estúpidos dejan que su diversión dependa del mundo exterior».
«La tradición es un guía, no un carcelero».

Casi se podría decir que su estilo como escritor era inversamente proporcional a su vida azarosa de espía durante la I Guerra Mundial, viajero, diletante y decadente para hacer de él un personaje de sus propios relatos. Y en realidad así lo fue, contado sin la pasión (a pesar de todo e inevitablemente intrínseca) de su forma de vivir o de lo que vivió, mayormente en su retiro en la Riviera francesa.

Es posible que Umbral también le hubiera dicho que no tenía estilo, pero un estilista superior como el inteligente Truman Capote le admiraba no solo por su capacidad para escribir y producir sin parar y atrapar al lector sin darle ninguna oportunidad de escapar, como si les durmiera con sus frases planas, sin metáforas, sus construcciones directas o sus argumentos sencillos, sino también por su arte de escribir, del que le consideraba un maestro.

Todo esto era efectivamente un talento en sí mismo que no lo parecía solo porque no era complicado y le leía todo el mundo, desde el poco cultivado al erudito, y hasta el receloso moderno, ávido por descubrir el secreto de su triunfo inapelable. Somerset Maugham fue un rico productor, un gran empresario de la literatura que sin embargo no ha sido olvidado como otros. Se pasó, pero regresó. Servidumbre humana y El filo de la navaja fueron dos de sus grandes novelas admiradas.

«Bestsellers» entonces y hoy también, al final de calidad superior, a pesar de que él mismo se consideraba «el de la primera fila de la segunda categoría». Un virtuoso de la trama que fue la envidia de los grandes autores pobres y que sigue siendo un buen ejemplo a seguir, el mejor, por los escritores que quieren aparecer en las listas de ventas, que aunque no pretendan ser otros, sí pueden intentar ser los segundos, parafraseando a nuestro protagonista, de la primera fila de la segunda categoría.

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