El escritor Luis Mollá, autor de 'Detente bala'
Entrevista
Luis Mollá, capitán de navío y escritor: «Cuba y España fueron burladas por los poderosos Estados Unidos»
El escritor, especializado en novela histórica naval española, presenta 'Detente bala' (Almuzara), sobre un desconocido episodio de la Guerra Civil
El capitán de navío de la Armada Luis Mollá Ayuso se ha convertido en un referente de la literatura histórica española actual y, en particular, de la novela histórica nava.
En El Almirante narraba la victoria de Blas de Lezo sobre los ingleses en Cartagena de Indias. En El señor de los mares sigue los pasos de Don Álvaro de Bazán. En La batalla de las especias se centra en la expedición naval a Las Molucas en 1525.
También se ha sumergido en la divulgación histórica con los libros Esto no estaba en mi libro de Historia de la Navegación y Esto no estaba en mi libro de Historia de los Naufragios.
Todos ellos, editados por Almuzara. Ahora, sin embargo, aparca temporalmente la novela histórica naval y presenta Detente bala (Almuzara) un libro que sigue la investigación sobre el destino de un combatiente cubano en la Guerra Civil a partir de un pequeño objeto: un detente con la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre.
— Esta novela se reconoce como de ficción, pero es evidente que detrás hay una historia real. ¿Puede explicarla?
— Escribir es un acto impúdico en el que el escritor suele desnudarse en sus personajes dejando las más de las veces un poco de sí en este o en aquel. Más allá de esta circunstancia «Detente Bala» es una novela guadianesca que a veces circula por los terrenos de la ficción y otras lo hace por los de la realidad, sobre todo en aquellas letras que hacen referencia a la Guerra Civil, todos ellos momentos históricos y, lamentablemente, reales.
— Los detentes eran objetos devocionales muy comunes en el bando nacional durante la Guerra Civil. ¿Qué vio en este objeto que le resultara de una atracción irresistible?
— Cuando encontré el detente en aquel tenderete y vi el Sagrado Corazón de Jesús en el anverso, le di la vuelta para ver qué figura incorporaba en el reverso. En ese momento no llevaba puestas las gafas y únicamente pude leer «Virgen de la Caridad».
Ver a aquella virgen allí me extrañó bastante, porque yo sabía que la Virgen de la Caridad era y sigue siendo patrona de Cartagena, ciudad que se mantuvo fiel a la República de principio a fin, y como bien se sostiene en la propia pregunta este tipo de amuletos religiosos sólo se daban en el bando nacional, pues en el republicano no sólo estaban prohibidos, sino que llevarlos, aunque fuera a escondidas, podía costar un serio disgusto al portador.
Cubierta de la novela
Pero la atracción irresistible que menciona la pregunta se produjo cuando me puse las gafas y pude leer que aquella era la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba, y claro, ese detalle me llevó a preguntarme qué demonios hacía un soldado cubano en nuestra Guerra Civil. Fue ahí donde vi que podía haber una novela detrás de aquel encuentro inesperado con la medallita.
— En la novela el Rastro de Madrid juega un papel central. ¿Es la «isla del tesoro» de la capital? ¿Qué es lo más sorprendente que se ha encontrado usted en el Rastro?
— En los últimos años, la capital de España ha evolucionado de forma imparable y con ella el ocio del que se puede disfrutar en sus calles. Hace años la mención de una mañana de domingo y el Rastro eran prácticamente sinónimos y entonces quizás sí pudiera decirse que era esa «isla del tesoro» de la capital.
Hoy el Rastro se disputa ese privilegio con otros muchos rincones de la ciudad, pero en mi caso concreto el Rastro tiene ya demasiado peso específico y le sigo reconociendo la «pole» en cuanto a actividades matutinas al aire libre los domingos.
Me impresionó mucho el casco de un soldado alemán con un agujero a la altura de la frente que parecía corresponderse con el impacto de una bala
En el Rastro he encontrado muchas cosas sorprendentes a lo largo de mi vida y así, a botepronto, recuerdo una patente de principios del Siglo XVII emitida a nombre de un marino de nombre Luis Mollá para dedicarse al tráfico de esclavos en una zona concreta del Caribe. Aclaro que creo que no tenía nada que ver conmigo.
También me impresionó mucho el casco de un soldado alemán con un agujero a la altura de la frente que parecía corresponderse con el impacto de una bala. Recuerdo el escalofrío que me recorrió de arriba abajo cuando lo tuve en mi mano.
— Usted construye su novela a partir de un estrecho vínculo entre Cuba y España. De esa relación surge una historia de amor entre los protagonistas, una investigación histórica a partir de un pequeño objeto (el detente) y la historia de un soldado cubano en nuestra Guerra Civil. Hoy, sin embargo, parece que Cuba y España son naciones a las que solo las une el idioma, como una suerte de casualidad histórica. ¿Tan lejanas son ambas naciones?
— La verdad es que no estoy muy de acuerdo con ese planteamiento. España y Cuba tenemos un lazo que nos ha unido durante muchos siglos y más allá del idioma común, con sus simpáticos giros en el caso del español hablado en Cuba, considero que la Perla del Caribe y España son países que se tienen bastante cariño y simpatía el uno al otro.
Ni siquiera en los peores momentos de esa relación, cubanos y españoles llegamos a odiarnos como suelen odiarse dos países a los que separa una guerra
Ni siquiera en los peores momentos de esa relación, cuando nos enfrentó una guerra que nosotros llamamos de Cuba y ellos de la Independencia, llegamos a odiarnos como suelen odiarse dos países a los que separa una guerra.
Parafraseando a Carlos Cano y universalizando una de sus frases más populares, España es Cuba con más salero y Cuba España con más negritos. Ambos fuimos de alguna manera burlados por los poderosos Estados Unidos de América y quizás ese detalle creó un caldo de cultivo común que condujo a esa simpatía que indudablemente nos tenemos, en nuestro caso, acrecentado quizás por la difícil situación que vive la isla tras la llegada de esa revolución que tan difícil ha hecho y sigue haciendo la vida de sus habitantes.
— Comienza la novela con una referencia a la estatua de Eloy Gonzalo en la plaza del Cascorro. ¿Por qué es importante la memoria de este soldado para la España de hoy?
— De siempre la figura de Eloy Gonzalo me ha inspirado mucha ternura. Estamos hablando de un expósito abandonado frente a un convento de Madrid, probablemente la noche más fría del año.
Entregado a un matrimonio para que lo cuide a cambio de unos reales mensuales, cuando cumple los doce años y el matrimonio deja de recibir dinero lo abandonan a su suerte por las calles de Madrid, de manera que debe sobrevivir a los elementos agravados por la picaresca de la época para la que, digámoslo así, no tenía defensas naturales.
Eloy Gonzalo, el niño expósito, se convierte en un héroe, se encuentra en la cresta de la ola, pero ha sido nadar para morir en la orilla
Ingresado en el ejército y enviado a la Guerra de Cuba, su compañía es rodeada por los aguerridos mambises en un pequeño poblado llamado Cascorro. Sólo un acto heroico puede salvarlos, y Eloy se ofrece voluntario para llevarlo a cabo, cosa que hace salvando la vida de toda la compañía.
De repente Eloy, el niño expósito, se convierte en un héroe, se encuentra en la cresta de la ola, pero ha sido nadar para morir en la orilla porque pocos meses después fallece debido a ciertos desarreglos intestinales consecuencia de la mala alimentación de los soldados en Cuba. A mí me parece importante su memoria, más aún hoy, cuando tantos jóvenes, a veces simples
— Usted es Capitán de Navío de la Armada, y gran parte de sus libros tienen un trasfondo marítimo, cuando no el mar es, directamente, el protagonista. Por lo tanto, usted es gran conocedor de la relación estrecha entre España y el mar. ¿Cómo ha forjado el mar la identidad nacional de España, su cultura, su historia?
— «Navegar es necesario, vivir no». Esta frase aparecía en las paredes de una de las aulas de la Escuela Naval Militar y se refiere a ciertos acontecimientos que unieron en sus vidas a Pompeyo y Julio César.
Cuando uno conoce el contexto se da cuenta de cuánta razón tiene la frase y lo aplicable que resulta a España. Nuestro país y el mar son consustanciales, no sólo porque los ocho mil kilómetros de mar que bañan nuestras costas hacen de España un país marinero per se, sino también porque a nuestra tierra casi todo le llegó por mar.
Lo dice el propio himno de la Escuela Naval en una de sus estrofas: «El imperio a España vendrá por los caminos del mar», y así es, empezando por los fenicios que fundaron en nuestro suelo la tres veces milenaria ciudad de Cádiz, momento a partir del cual llegaron griegos, romanos, cartagineses, visigodos, árabes y más tarde como puente entre Europa y América, España se convirtió y es hoy un crisol de razas y culturas que son las que han ido conformando nuestro carácter y nuestra historia.