La Real Academia Galega dedicará el Día de las Letras Gallegas 2026 a la escritora Begoña Caamaño
El Día de las Letras Gallegas como ejemplo de las carencias de las microculturas
El Día de las Letras Gallegas se ha encontrado con un inesperado problema: ya se ha dedicado a todos a los que se les podía dedicar
Con sus tres millones de hablantes potenciales, entre aquellos que la hablan como lengua materna y aquellos que la han aprendido y pueden usarla pero habitualmente no la usan, el gallego es una lengua claramente minoritaria.
Las políticas de inmersión y normalización, que casi siempre disfrazan políticas de imposición e intolerancia lingüística, han creado la ficción de una hegemonía de la cultura en gallego (que no cultura gallega, mucha de la cual se realiza en español).
Sin embargo, la realidad es que la lengua gallega no para de perder hablantes a medida que se va produciendo el relevo generacional. Los jóvenes gallegos suelen recurrir al español como lengua de comunicación habitual, y el gallego se va empobreciendo, y muriendo lentamente, aunque todavía está lejos de estar moribunda.
Es un proceso a lamentar. La lengua gallega, como todas las lenguas minoritarias, como lo es el vascuence, el catalán, el aranés, el valenciano…, es un tesoro que debe protegerse.
Sin embargo, no deja de ser un fenómeno curioso (que se da también en el ámbito catalán y vasco) que precisamente en las décadas de autonomía política, de imposición lingüística y de gasto desmesurado de dinero público para promover su empleo, es cuando el gallego sufre una mayor sangría de hablantes.
Algo falla, y se trata de un problema de diagnóstico que ha llevado a políticas de protección equivocadas. En ese sentido, la sangría que sufre la lengua gallega es culpa, en gran parte, de las mismas políticas galleguistas y de nacionalismo lingüístico que buscan imponer el gallego y arrinconar al español.
Lo único que se ha logrado con esas políticas es crear la ficción de una Galicia galegoparlante, la cual es falso. También se ha empobrecido la lengua al crear un gallego normativo u «oficial» (denominado despectivamente en Galicia como «gallego de la Xunta») que ha provocado un empobrecimiento semántico.
La pérdida de palabras como «carlou» por «lapa», «tombo» por «onda» o «area» por «praia» son solo algunos ejemplos.
El español es una lengua tan propia de Galicia como lo es el gallego, y eso es algo que se niega desde las administraciones autonómicas, desde los partidos políticos y desde las asociaciones galleguistas.
Segundo error de diagnóstico: considerar la cultura gallega como una cultura universal incardinada en una lusofonía que, por mucho que se empeñen los nacionalistas, no reconoce la cultura gallega como propia.
De ahí que una parte importante del nacionalismo gallego se empeñe en que en Galicia se adopte un gallego aportuguesado como paso previo a la adopción de una cultura lusófona. El empeño en adoptar el topónimo portugués de Galicia (Galiza) hay que entenderlo dentro de ese proceso.
El declive del Día de las Letras Gallegas
La cultura en gallego es una microcultura que no existe más allá de las fronteras de la comunidad autónoma, y reconocerlo es un primer paso para frenar el desapego hacia la lengua gallega.
El Día de las Letras Gallegas es, quizás, uno de los síntomas más evidentes de ese rasgo característico.
El Día de las Letras Gallegas se celebra cada año el 17 de mayo, porque fue la fecha en que se publicó el poemario Cantares gallegos, de Rosalía de Castro.
La primera vez que se celebró fue en 1963, y en aquella ocasión se dedicó, como no podía ser de otra manera, a Rosalía de Castro.
Desde entonces, se ha homenajeado el Día de las Letras Gallegas a los principales escritores gallegos en lengua gallega, uno de cuyos requisitos es que haya fallecido: Castelao, Eduardo Pondal, Curros Enríquez, Antonio Noriega Varela, Gonzalo López Abente, Ramón Cabanillas, Vicente Risco, Ramón Otero Pedrayo, Celso Emilio Ferreiro, Álvaro Cunqueiro, Fermín Bouza-Brey, Rafael Dieste, Ánxel Fole, Eduardo Blanco Amor, Martín Sarmiento, Carlos Casares…
La gran mayoría, grandísimos escritores, poetas y narradores, que demostraron que se puede hacer literatura brillante en una lengua minoritaria. Muchos de ellos, lamentablemente, absoluta e injustamente desconocidos allende el Cebreiro precisamente por pertenecer a una microcultura, como es la gallega.
Y, sin embargo, en sus 63 ediciones ya se ha homenajeado a casi todos los que se podrían homenajear. Y es que el Día de las Letras Gallegas ha mostrado que el rey estaba desnudo: ya no hay más grandes escritores a los que rendir homenaje. No hay suficiente producción literaria en gallego para que surjan nuevos genios literarios.
La edición de 2025 del Día de las Letras Gallegas demostró que, tal vez, esta fecha que compite con el 25 de julio (Día de Santiago) como fiesta de la comunidad gallega y del galleguismo, debería entrar en barbecho a la espera de que surjan (y mueran, porque recordemos que para que le dediquen a un escritor el Día de las Letras Gallegas el aspirante tiene que haber muerto al menos diez años antes) nuevas plumas brillantes.
Y es que en esta última edición, la Real Academia Galega, que es la institución que se encarga de su organización, dedicó el Día das Letras Galegas a las cantareiras, esas mujeres, auténticas depositarias de la sabiduría y la cultura popular gallega, que han transmitido de forma oral generación tras generación una expresión lírica popular enraizada en lo más profundo del ser espiritual del pueblo gallego.
Su reconocimiento es un deber necesario y el rescate y conservación de esa cultura, una obligación. Pero ¿es apropiado dedicarles el Día de las Letras Galegas situando a un gigante como Álvaro Cunqueiro al mismo nivel?
Los problemas de la Real Academia Galega para fijar a quién homenajear en el Día de las Letras Gallegas no es nuevo y parece haber llevado a la Academia a echar mano de perfiles cuyo bagaje literario es sensiblemente inferior a una Rosalía de Castro o un Eduardo Pondal, cuya trayectoria ha trascendido los límites culturales gallegos por la universalidad de su obra.
La Real Academia Galega anunció hace unos días que en el año 2026 se dedicará el Día de las Letras Gallegas a la escritora y periodista de Radio Galega Begoña Caamaño, fallecida en 2014.
Begoña Caamaño fue una periodista que saltó a la fama por el naufragio del Prestige. Llevó la voz cantante en varias campañas del BNG por la gestión que la Xunta de Manuel Fraga realizó de la catástrofe y las críticas al modo en que TVG cubrió la noticia. Como periodista fue también una ferviente defensora del feminismo y del galleguismo.
Como escritora, sin embargo, sus méritos no están a la altura de otros grandes escritores también homenajeados en el Día de las Letras Gallegas.
Lo cierto es que, fallecida trágicamente a los 50 años como consecuencia de un cáncer, Begoña Caamaño tampoco tuvo tiempo de realizar una producción literaria extensa.
Sus dos únicas novelas, Circe ou o pracer do azul, y Morgana en Esmelle, reinventan temas tan universales como los mitos griegos y con ecos en la historia cultural galaica, como los ciclos artúricos, que Cunqueiro ya había explorado con su habitual maestría en Merlín e familia.
¿Justifica esas dos novelas el que se le dedique a Begoña Caamaño el Día de las Letras Gallegas? Es difícil de decir. Pero la impresión que reina últimamente es que la Real Academia Galega homenajea el Día de las Letras Gallegas a determinados autores porque no había otro mejor con determinados criterios ideológicos, y que hubiera muerto hace diez años.