Fundado en 1910

'Bodegón del cardo', de Juan Sánchez CotánWikipedia

Juan Sánchez Cotán, el pintor pionero de bodegones en España que ingresó en los cartujos

Sánchez Cotán es el primer autor español del que se conocen bodegones. Cuando superaba los 40 años, decidió ordenarse

En la amplia constelación del Siglo de Oro pictórico español el brillo de estrellas como Velázquez y Murillo ha eclipsado el de muchas otras. Aunque en la actualidad es quizá desconocido, el nombre de Juan Sánchez Cotán resplandece con luz propia dentro de la historia del arte de nuestro país.

Y la razón está bien clara. Es el primer autor español del que se conocen bodegones. Fue pionero en este género, que hasta su intervención se había considerado menor, y lo elevó a la perfección técnica y a la profundidad simbólica como nunca antes se había hecho.

Su mano era una calculadora que, armada con un pincel, hacía operaciones matemáticas complejas en forma de pinceladas precisas y economía expresiva austera que permitía, no obstante, filtrarse a la espiritualidad en cada una de sus obras.

Sus cuadros se alejan de las grandes escenas históricas y de las mitologías clásicas para centrarse en lo cotidiano. Su universo artístico son frutas y objetos. Pero no por ello es aburrido. Más bien al contrario: es trascendente. Sánchez Cotán logró convertir el día a día en eternidad.

El giro espiritual del pionero de los bodegones

Pero a Sánchez Cotán no se le conoce únicamente, que ya es decir, por lo bodegones. En su momento de mayor madurez pictórica, cuando ya había superado los 40 años, el artista decidió abandonar el mundo secular para ingresar en la Cartuja de Granada. Y allí, entre los muros del claustro, siguió pintando.

El pionero de los bodegones dejó su creación para centrarse en obras de temática religiosa. Y gracias a este giro temático, su estilo se perfeccionó y se depuró. Apostó por la austeridad y logró conseguir la esencia a través del virtuosismo de la técnica y la profundidad de su vida interior.

Antes de este pintor, el bodegón no ocupaba lugar en los cánones artísticos. Él revolucionó el género con su rigor compositivo y su sobriedad estética. Más allá de las frutas que reflejan, sus bodegones son actos mismos de contemplación que elevan lo cotidiano a lo trascendente.

Su Bodegón del cardo es el perfecto compendio de todas estas características. Claroscuro dramático heredado de Caravaggio, pulcritud técnica para reflejar la tridimensionalidad de los objetos y disposición geométrica impecable, con un solo foco de luz que favorece las densas sombras de sus obras.

Su producción no fue abundante, pero fue certera en lo que representaba. Igual que su decisión de abandonar el mundo secular para ingresar en los cartujos en Granada. Decidió ser austero para trascender, para saber que formaba parte de algo más grande que él mismo. Igual que daba forma a sus bodegones pioneros, modeló su vida: hacia el silencio virtuoso.

Y en estos tiempos de ruido y prisa, de fugacidad y superficialidad, volver a contemplar la obra de Sánchez Cotán invita al recogimiento, a la reflexión y a prestar plena atención a donde se está. Su arte no es frío ni oscuro, irradia calor y luz interiores.